Recuerdo al Doctor Martínez Becerra; están grabadas en mi mente algunas escenas de mi niñez, cuando me atendió como médico, y también algunos comentarios oídos sobre él a algunas personas de mi entorno.

Lo primero que me viene a la mente es un reconocimiento médico en mi infancia, no sé cuál era la causa de la asistencia al médico, pero recuerdo su consulta, la consulta médica de aquella época, con la amplia mesa sobre la que descansaba el estetoscopio y el típico armario blanco de los setenta con puerta de cristal relleno de productos e instrumental médico. Recuerdo su intento de mirarme la garganta con el habitual «palito» de madera y como yo le apartaba la mano y me decía: «Niño, estate quiero, que te vea la garganta».

También de mi infancia es la expresión que recuerdo como si fuera ayer… No se tampoco el motivo por el cual fui a consulta en esa ocasión, pero mi madre le pidió, como añadido, algo para las «ganas de comer», porque yo estaba muy canijo y temía por mi desarrollo. El Doctor Becerra, mirándome por encima de las gafas, le dijo a mí madre «Potaje, potaje; dale potaje», frase que encerraba un sencillo diagnóstico: que mi salud era perfecta y no tenía ningún problema.

Años más tarde estaba visitando a la madre de un amigo a domicilio, gravemente enferma, y mi amigo le comentó: «Don José, yo tengo una hermana en Valencia; ¿cree usted que debería llamarla para que venga? Mi amigo temía un desenlace fatal, pero el Doctor le contestó: «Si, sí; llámala para que venga, pero que se traiga el traje de lunares para bailar en la feria, que no pasa nada» Y, efectivamente, así fue.




Otros comentarios hablan de algunos despistes, que yo no tengo contrastados, como cuando hizo una visita a domicilio en su coche y luego se marchó dejando allí el vehículo, o cuando en una receta, en vez de medicamentos puso alpacas de paja o algo por el estilo (que ya me gustaría haber visto la cara de los de la farmacia).




Ejercer la profesión de médico, durante casi cuatro décadas, en este pueblo y con los medios que tenía en la época en que le tocó hacerlo, tiene mérito, así que yo creo que el homenaje fue merecido y el agradecimiento a su trayectoria inevitable.

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