El sector primario es el que más transformación ha sufrido y el verdadero motor de los cambios sufridos. La agricultura se ha modernizado completamente, disminuyendo drásticamente la población activa dedicada a ella, mecanizándose, tecnificándose y cambiando radicalmente la orientación de la producción y el tipo de ella, ya que el mercado se ha erigido como el verdadero guía de esta actividad.

La estructura de la propiedad concentrada, que tantos problemas ha acarreado a la población tradicional de esta zona, ha ayudado a este cambio, pues ella se adapta mejor a la economía globalizada actual y a las economías de escala. En este sentido existen en la zona abundantes explotaciones modernas y rentables. En secano predomina  el girasol, el trigo y la cebada, etc. En regadío, la agricultura más dinámica, competitiva y rentable, destacan la brócoli, el algodón, el arroz, la zanahoria, la cebolla, etc.




La ganadería extensiva prosigue su explotación, pero su modernización también ha sido importante. Las perspectivas de mercado de la carne retinta son halagüeñas y en la zona hay importantes explotaciones pecuarias que se dedican a ese segmento de la producción. Prosiguen las grandes ganaderías de reses bravas, entre las más importantes de España, pero combinándolas muchas veces con una explotación intensiva de la tierra, donde el arroz se está convirtiendo en el protagonista.



En la actualidad, aunque ha sido sustituido por la construcción o el sector turístico como sector predominante, sigue teniendo una gran importancia en la economía de la comarca. Ante el hundimiento del ladrillo, algunos trabajadores han vuelto a trabajar en el sector primario, pero este no puede absorber la gran cantidad de mano de obra que trabajaba en la construcción. No obstante, a día de hoy, las dos empresas más importantes de la zona (aunque no estén en el enclavadas en el término municipal), Las Lomas y el Cortijo Bio, pertenecen a este sector, incluyendo actividades primarías y básicas de transformación agroalimentaria. Este importante peso del sector agrario (mayor que en el resto de la mayoría de las comarcas provinciales y regionales) explica el menor desarrollo económico y el mayor grado de conservación de su patrimonio natural y cultural. 



La pervivencia del sector agrario y el menor desarrollo de su estructura productiva está ligado a la estructura de la propiedad de la tierra. Una explicación simplista del fenómeno del latifundismo asociaría estas grandes explotaciones con la ganadería extensiva y, en concreto, las dehesas ganaderas dedicadas al toro. Pero las grandes explotaciones no sólo se dedican a la ganadería extensiva, sino a otras actividades agrarias, como la agricultura intensiva. En la actualidad, las grandes explotaciones se adecuan a la productividad que exige la economía de mercado y sus economías de escala. No obstante, en un pasado no muy remoto, a este predominio del latifundio había que atribuirle, en parte, las malas condiciones de vida de una gran parte de la población, que eran los jornaleros. Ya que se trataba de latifundios clásicos que no necesitaban modernizarse, pues se basaban en una abundante y barata mano de obra. En cuanto a la evolución histórica del latifundismo, hay que establecer cuatro grandes momentos en su implantación en la comarca. El primer momento coincide con la “reconquista”-repoblación, cuando la zona se convirtió en un lugar de frontera, el segundo momento hay que buscarlo en la expansión comercial del siglo XVI, el tercero en el siglo XIX, dentro del proceso desamortizador, y el cuarto, a partir de la década de los sesenta, coincidiendo con la crisis de la agricultura tradicional. 



La evolución de los usos del suelo no sólo nos sirve para ver los cambios en el sector primario, sino para analizar los cambios medioambientales en los últimos cincuenta años. El análisis de los tres mapas nos conduce a una primera conclusión; la sierra ha cambiado poco, la campiña bastante y la Janda se ha transformado completamente. El gran cambio se produce entre 1956 y 1999. Aparece el pantano del Celemín, desaparecen alcornoque y matorral en esa parte de la sierra. En el 2003 sigue la tendencia del anterior, pero aparecen urbanizaciones en torno al campo de golf y las Lagunetas, que multiplican por cincuenta el espacio ocupado por urbanizaciones residenciales de 1956 a 2003 (de 0.0134 a 0,6991). Los espacios para el regadío y los arrozales aumentan de 0,0104 a más de 400 hectáreas. Los herbáceos en secano disminuyen de los 2400 hectáreas en 1956 hasta los 1600 en 2003. La presencia de pastizales con eucalipto también ha aumentado, ya que ha pasado de 1, 30 hectáreas a 3,20. Este árbol tiene el inconveniente que sus raíces agotan la riqueza de nutrientes del suelo y los residuos que caen (hojas, flores y frutos) tienen sustancias que impiden el crecimiento de otras plantas a sus pies. Estos cambios se explican dentro del proceso de la crisis de la agricultura tradicional debido a la tecnificación, mecanización y expulsión de abundante mano de obra. Evidentemente estos usos nuevos tienen unos mayores impactos medioambientales sobre el acuifero de la mesa o los derivados de la utilización de fertilizantes y pesticidas en la agricultura intensiva de regadío. Problemas que es necesario tener en cuenta pues como demuestran los casos del retinto y el arroz, el futuro económico de esta actividad está ligado al desarrollo sostenible y al escrupuloso respeto al medio ambiente, que tan variado y rico es en esta zona. Por aquí estriban las bases del futuro desarrollo del sector y de la economía benalupense.
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