Predominan las fotos donde no hay
pose. Mintz
retrata el trabajo diario y en eso no hay posturas forzadas; hecho que por otra
parte denota el grado de complicidad que logró con la población local. La calidad,
la cantidad y la variedad de estas fotografías tomadas en distintos
periodos y espacios, hacen
que éstas constituyan verdaderos documentos históricos. Mintz, que procede de
una sociedad urbana, moderna y postindustrial, consigue la perpetuidad para unas
actividades hoy desaparecidas y, sobre todo, “congelar” a los protagonistas,
pues como en el resto de las secciones, el interés fundamental reside en las
personas. Esa mezcla de una mirada externa, que le daba su procedencia, y otra
interna, que le posibilitaba la convivencia y el conocimiento de la población
local, es una de las riquezas del trabajo de campo de Jerome Mintz sobre
Andalucía.





A principio de los setenta los mulos todavía no habían sido sustituidos por los vehículos a motor, como lo demuestra esta fotografía donde Diego el Triguito conducee por la calle Medina (Hoy Independencia) el carro de la basura. En un segundo plano Antonio González Cabañas, Capita, y su hermana Antonia charlan tranquilamente. El empedrado de la calle completa un cuadro de un paisaje que correspondía a un tipo de sociedad que estaba a punto de desaparecer. 




En la fotografía Ricardo Marín, Isabel Mena, su mujer y su hijo Juan Marín Mena. Al fondo el Benalup-Casas Viejas de finales de los sesenta. Han hecho un alto en el trabajo para hacerse una foto. Los dos varones van tocados con gorra, la mujer con un pañuelo para protegerse del sol. La mujer se incorporaba al trabajo familiar en el huerto en épocas concretas, sobre todo, en etapas de recolección. Los hortelanos, junto con los zapateros y los molineros eran los tres oficios típicos de la sociedad tradicional benalupense. En la huerta de Ricardín pasaba muchos ratos Mintz y allí hizo muchas fotografías.




Estamos otra de las escasas fotografías que no son de Benalup-Casas Viejas. En este caso se trata de la sierra gaditana, más concretamente de la localidad de Grazalema. Una pareja de ancianos se dirige a su cortijo en tres mulos. El va a lomos de uno, mientras que la señora lo hace andando. Los dos no se resisten a mirar a la cámara mientras que el americano les hace la fotografía. La importancia de estos animales como medio de transporte no pasa desapercibida para un antropólogo que vivía en una urbanización donde era necesario la utilización del coche para acceder a ella.




En esta instantanea Mintz recoge el momento en el que el afilaor está trabajando con un cuchillo, sobre la misma bicicleta que le sirve como medio de transporte. Ramón Pérez Montero escribió:
Los escuchábamos llegar
desde lo más profundo de la nada,
provenientes de lugares sin tiempo,
rastrojos sucios sus mentones barbados,
mandiles cuarteados
y perfiles de inciertas mitologías,
vengativos reyes vestidos de andrajos
o dioses pérfidamente metamorfoseados,
para ir dejando por las calles de piedra
metálicos lamentos de flauta,
notas aquellas cargadas de conocida melancolía




En la sociedad tradicional una de las actividades económicas básicas era el carboneo. Hasta la generalización del petróleo el carbón constituyó la fuente de energía fundamental de la zona, tanto en su realización como en su utilización. En la fotografía un grupo de hombres están construyendo un horno de carbón en el Aguijón. Aparecen Manuel y Pedro García Sánchez («Melones»), Manuel Ossorio Guerrero y Paco González «Parrao»  entre otros.




En la fotografía se encuentran trabajando tres zapateros en una misma banca. Se trata de Luis Barberán  Castro, el de enmedio, es Antonio Astorga y el de las gafas, Domingo Rodríguez González, el de María Capita. Ninguno de los tres miran a la cámara, están concentrados en su tarea. Los personajes no miran a la cámara. Mintz quiere reflejar la vida cotidiana y en el transcurrir diario de esta gente no hay cámara de fotografías. Mintz era muy amigo de Peporro, al que visitaba frecuentemente. Es esta empatía lo que le permite hacer este tipo de fotografías, la misma que ha posibilitado que estas estampas lleguen hasta nosotros para nuestro disfrute y aprendizaje.




La fotografía recoge el momento en el que tras finalizar la jornada de corcha, dos corcheros aprovechan un arroyo cercana para lavar su hacha y su calabozo. Estas tareas eran fundamentales para preservar el buen estado de unas herramientas que les eran fundamentales para la tarea diaria del descorche.
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