Un sindicato que era algo más de lo que hoy entendemos como tal pues hacía las funciones de bar, biblioteca, economato y, sobre todo, ente negociador con los patronos para regular las condiciones de trabajo y las contrataciones. Tomaban las decisiones de forma asamblearia
«Pepe Pareja.- Era un sindicato de obreros y agricultores y de oficios varios. Porque eso tenía sus estatutos, legalizados por el estado mismo que admitía esta organización. … Se escribía una convocatoria para convocar al pueblo o el que quisiera ir, para tomar acuerdos de sueldos, de peticiones, de sueldos, de cuestiones morales, de descanso de la jornada o cuestiones así, eso se le llamaba una Asamblea, que era legalmente quincenal, pues los mismos estatutos lo exigía” .
Aunque la mayoría eran jornaleros del campo, también los había zapateros o albañiles
“José Villarrubia.- Allí estaban afiliados los zapateros, los albañiles… No había nada más que un centro de oficios varios, allí estaban afiliados todos los que querían
J.M.- ¿Cuántos zapateros había?
José Villarrubia.- Zapateros… unos pocos, diez o doce o catorce. Y los albañiles doce o catorce. Los Cozar y los Romeros que eran los albañiles que habían…» .
La legislación republicana establecía el requisito de la sindicación para acceder a las contrataciones o ser candidato al reparto de tierras en la Reforma Agraria. Pero era algo más porque a la función económica y socializante hay que unirle la pertenencia a un grupo. En ese sentido el poder del sindicato se hizo mayúsculo:
“El colono de Palmita llamado Antonio García Requena me cuenta de que le exigen que tiene que llevarse a siete obreros que estén afiliados a la bolsa de trabajo y despedir a las que tienen que son de nuestra organización” .
Cuentan las fuentes orales que a los que no eran miembros del sindicato se les prohibía vender espárragos en determinados lugares, práctica que denuncia el mismo José Suárez Orellana. Por ello, muchos campesinos pertenecían al sindicato, más por cuestiones de pragmatismo que ideológicas
“Juan Pinto: Yo pertenecía a la CNT porque eran el grupo mayoritario. Pero no sabía nada. ¿Cómo podía haber adquirido ideas? Cristóbal: Yo pertenecía a la organización, pero ¿qué sabía? No sabía leer ni escribir. Estaba interesado, y además, no había ningún otro modo de conseguir empleo. Carito: yo era miembro del sindicato, pero no de la junta. Decían que, si uno no se afiliaba al sindicato, no podía trabajar. Silvestre: “Todos pertenecían al él porque era necesario para conseguir empleo”.
Junto a esta mayoría, un grupo de campesinos, con ideas o conscientes, como ellos mismos se calificaban eran más fieles y estrictos a la causa anarcosindicalista. Entre ellos los veteranos, aquellos que habían permanecido al sindicato en 1914 y que había sobrellevado su condición y pensamiento en la clandestinidad como Monroy, Pepe Pareja o Juan Estudillo, el más espiritual de todo ellos. A ellos había que unirles otros de nueva incorporación como Gallinito, Pepe Pilar, Andrés Candón…
En 1933 el sindicato de Casas Viejas estaba dirigido por José Monroy, Pedro Cruz (hijo de Seisdedos) era uno de los dirigentes y destacaba un grupo de jóvenes en la línea de la FAI, entre ellos Pepe Pilar, Manuel Quijada o Antonio Cabañas “Gallinito”. El local quedó prácticamente destruido tras la intervención de las fuerzas del orden.
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| Mintz 1978 |




