Me escribe un amigo preguntándome: «¿Benalup-Casas Viejas no se beneficiará de esto? Porque donde dice Medina Sidonia debería decir Benalup. Resulta que con nuestro término no tenemos monte, y el que tenemos no es público».
Sinceramente, pienso que el debate sobre el tema del exiguo término municipal está un poco manido y no le veo solución positiva a corto plazo. Alguna vez, cuando ha salido el tema de lo poco natural y lo mucho injusto que es el término otorgado a Benalup-Casas Viejas a raíz de la segregación del municipio de Medina-Sidonia mediante decreto del Gobierno de la Junta de Andalucía, de 20 de marzo de 1991, (aunque el apellido de «Casas Viejas» se le añadió en 1998), en las redes sociales, desde Medina, argumentan que el debate ya lo zanjó el Tribunal Supremo al anular los dos recursos de ambos pueblos y darle la razón a la Junta de Andalucía.
En la práctica, significaba que triunfaban las posiciones asidonenses, pues durante mucho tiempo la lucha no estuvo en la consecución de la segregación, sino en el término. (Incluso en 1952 se llegaron a ofrecer 15.279 ha, pero Francisco Martínez y Alfonso Pérez-Blanco, los dos concejales benalupenses, no se conformaron con esas hectáreas. Aunque se concedía la parte de la sierra que hoy pertenece a Medina, no se hacía igual con Malcocinado y las Torrecillas, por lo que dichos concejales no aceptaron el ofrecimiento y siguieron reivindicando las 22.000 que correspondían al término natural y justo, según ellos).
Mi amigo Eduardo Butrón, asidonense de pro, defiende que no es correcto llamar al proceso «independencia», sino «segregación», pues es una parte del territorio la que se quiere separar de otra y no un territorio autónomo como tal el que se independiza; es decir, lo que hoy es Benalup-Casas Viejas siempre ha sido Medina Sidonia.
Es un asunto que está de plena actualidad, pues el problema territorial catalán se ha puesto de relieve de nuevo en la escena política. Lo que yo tengo claro es que Benalup-Casas Viejas perdió el pulso que se estableció por razones políticas (en el contexto de las guerras políticas en el PSOE de La Janda y en el PSOE provincial), cuyas raíces hay que buscarlas en la historia. Analizar el problema desde este punto de vista no nos va a servir para conseguir una reivindicación que a los benalupenses casaviejeños les parece justa, pero sí para que entendamos por qué y cómo ha ocurrido el proceso, y, sobre todo, por qué el resultado final ha favorecido a Medina.
Parece obvio que, dependiendo de donde nos situemos, se verá como una victoria justa o injusta. Los asidonenses la consideran justa, pues se trataba de un territorio que era suyo y de que unos osados asidonenses que se fueron a vivir a Casas Viejas querían romper su pueblo, arrebatándole el honor y el privilegio de ser uno de los pueblos más grandes de Andalucía.
Los benalupenses casaviejeños lo ven justo al revés; es decir, se trata de un pueblo de origen distinto al de Medina, con procedencias diversas, con sociedad y economía diferentes, con conciencia de que tiene que independizarse para mejorar sus condiciones de vida.
La verdad es que el asunto es complicado. Es como si al asunto catalán le incluyéramos la reivindicación decidida de los países catalanes franceses y se pretendiera incluir el resto de los territorios de la Corona de Aragón (Aragón, Baleares y Comunidad Valenciana).
Aunque se me acuse de escribir la historia desde una parte y de falta de objetividad (viejo debate ese el de la subjetividad y la objetividad en historia), me parece muy edificante tratar el asunto del término utilizando argumentos históricos, sobre todo no para polemizar ni recuperar nada, sino para aprender y entender.
Pienso que el término natural y justo eran las 22.000 hectáreas, pero que, atendiendo a razones políticas del pasado y del presente, se comprende que solo se le concedieran 5935.
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