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Tengo un amigo que además es mi ángel de la guardia. Me ha regalado un libro; Las tradiciones se rebelan. Es de Rogelio Ruiz Valverde y Luis Gómez Trujillo y va sobre la sociedad tradicional de Tarifa. Basándome en él voy a escribir una serie de artículos sobre las tradiciones en Benalup-Casas Viejas. La primera es sobre la costumbre de mirar al cielo.

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Dicen en la página 27 del citado libro: “El mirar al cielo procuraba unos conocimientos que fueron una sabiduría transmitida hasta los días del éxodo rural, alla por los años sesenta. Una costumbre de lo más antigua y arraigada en el mundo rural, era mirar a la luna. Algunos pueblos primitivos la idolatraban por los dones que de ella se percibían. Decían los antiguos que el clima, las mareas, la agricultura, la pesca y hasta los partos, todo tiene relación con dicho satélitie de la tierra por su influyo magnético…

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Para moverswe por los campos era algo muy normal al estar al tanto de la salida de ésta; pues era la “linterna natural” para andar por caminos y veredas. Casi todas las casas o cortijos de campo disponían de un librito, guía para los agricultores, llamado el zaragozano donde consultaban todo lo referente a las fases de la luna y las mareas. Existen muchos paradigmas que lo explican:
Para la poda de los árboles se esperaba a la menguante en enero.
En las huertas las plantas que crecen sobre la tierras se sembraban en cuarto creciente y las que crecen bajo tierra en cuarto menguante
La castración de los animales machos en menguante para que sangres menos.
Los cortes de pelo en luna nueva para que éste se fortalezca
Una de las mejores etapas de la vida siempre fue recordada como la luna de miel… y hasta el flamenco, a veces mira “pa´rriba”:
Porque me guio por el sol,
no tengo prisas ningunas.
Porque me guio por el sol
solo con mirar a las alturas
no necesito reloj
Pasaber la hora segura (El Cabrero)”
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Pero no era solo la luna,  era el tiempo atmosférico el que se intentaba adelantar mirando el cielo. Se dice que los campesinos viven mirando al sol. Duermen en verano al raso, mirando las estrellas. “Otro momento importante era el amanecer; para empezar las primeras tareas del día también miraban al cielo buscando al astro más luminoso después del sol y la luna, el planeta Venus “el lucero del alba” que hacía su aparición tras horas antes del amanecer, coincidiendo con el cante del gallo. Al mencionado astro, ya los aztecas lo llamaban “el señor de la casa del amanecer” (Ruiz y Gómez 2016). Durante el día la vista al cielo era común. Era necesario anticiparse a los meteoros de los que se dependía. El calendario y ciclo vital estaba fuertemente condicionado por el ciclo de cultivo y adelantarse a la atmósfera podía resultar vital. Por ejemplo las lluvias torrenciales, los temporales, la prevención del momento de siembra, los días soleados para aventar la palva o el control del temido levante que asomaba sus barbas por Tarifa.

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El refranero popular es muy rico en refranes que se basaban en esta vieja costumbre de mirar al cielo. «Arco en el cielo, agua en el cielo. Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo. Cuando veas arañas en el suelo, habrá nubes en el cielo. El humo al suelo, agua en el cielo. Horizonte claro con cielo nublado, buen tiempo declarado». 
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En Benalup-Casas Viejas al municipal Benítez se le puso el mote de Miracielos, porque siempre estaba mirando hacia él. Los jornaleros de Casas Viejas siempre han mirado mucho al cielo. Abajo en el suelo las condiciones de vida eran muy difíciles y se esperaba que de arriba viniera algo mejor. Por eso siempre se miraba arriba, unas veces para prever el tiempo que les venía y otras para ver si cambiaba su suerte.  Terminó con una mención del abogado de la acusación particular en su alegato final en el juicio a los campesinos de Casas Viejas  en junio de 1934 a los jornaleros de Casas Viejas. López Gálvez recurre a una  copla popular: “madrecita mía, me paso la noche contemplando las estrellas sin encontrar la mía; ¿será que he nacido sin ella?”

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