Pepe González estableció que la casa de la fotografía era la de los Cortabarra, en la calle Nueva, en el mismo lugar en que se tomó la famosa foto de las chozas, pero una década más tarde. Los dueños todavía recordaban que ese día vieron que un hombre, que luego resultó ser el Americano, ponía un trípode enfrente de la casa y hacía muchas fotos; nunca entendieron el porqué. Era lógico que no supieran del interés de los antropólogos por los rituales en torno a la muerte. En la sociedad de la que provenía Mintz hacía ya mucho tiempo que los tanatorios habían sustituido a las casas propias como sitio para velar al muerto.
 
 
 
El velatorio es un procedimiento que persigue controlar y apaciguar la angustia que produce el cadáver y la misma idea de la muerte o ausencia del ser querido. Acompañan en este acto familia, vecinos y amigos. En este caso, el tiempo se pasa en la puerta de la casa, donde se combate mejor el calor del verano. Algunas sillas son propias, otras son prestadas para la ocasión y para dar servicio a los numerosos dolientes que asisten al acto. Esta foto es de un velatorio tradicional en el que aparecen Agustina Cabeza, María Serrano, Antonia Salcedo, entre otras personas. 
 
Marcos Ramos, en su libro sobre las costumbres y tradiciones de la comarca de La Janda, escribe:
 
La muerte, como el nacimiento, tenía lugar en el domicilio. Tanto el momento de la muerte como el poner al difunto en la caja o la llegada del difunto a su domicilio o la salida hacia el cementerio eran acompañados de unas estentóreas manifestaciones de dolor, por parte de las mujeres de la casa, con gritos, lamentos, y, en casos extremos, convulsiones, arrojarse al suelo, descomponerse vestidos y cabellos, etc., mientras los deudos, hombres, mostraban su aquiescencia a esta conducta llamativa y exigida por el qué dirán, sosteniéndolas y consolándolas hasta que otras personas se ocupaban de ellas. 
 
En el libro Las tradiciones se rebelan, de Rogelio Ruiz y Luis Gómez, se dice sobre los velatorios:
 
Después de una larga noche de penas y pesares y con la llegada de la madrugada, la casa se iba despejando: habitaciones, corredores, escaleras y otras dependencias quedaban desiertas. Lo mismo ocurría con la de los vecinos más cercanos, que por hospitalidad mantenían sus puertas abiertas desde el mismo instante en que se tenían noticias del fallecimiento. En aquellas horas de la madrugada, cuando sólo quedaban familiares e íntimos, entraba en escena «el gracioso del barrio», que, si por algún motivo no estuviera presente, se le requería con insistencia para aliviar tan largas y tensas noches sentados en incomodas sillas.
 
Una vez consumidas algunas copitas de coñac o aguardiente, este original personaje iba relatando su repertorio de casos verídicos (vivencias graciosas) que le habían ocurrido durante sus quehaceres diarios, quedando tajantemente y fuera de lugar los chistes vulgares, por no ser estos acordes con las circunstancias del momento.
 
Mientras aquellos humildes pueblos rebozaban de latente humanidad, en la Europa «más avanzada», las personas fallecidas van directamente al tanatorio, lúgubre lugar que al igual que una cámara frigorífica contribuye a enfriar más rápidamente el fragor de toda una vida. Generalmente, de dichos lugares los familiares se marchan al anochecer o algo más tarde, «abandonando» al difunto que es algo parecido a negarle la última noche de reunión, aunque sólo esté de cuerpo presente. Qué gran verdad enuncia el popular y despiadado dicho: «El muerto al hoyo y el vivo al bollo».
 
En la actualidad, en Benalup-Casas Viejas, después de mucho tiempo de intentarlo, tenemos tanatorio, concretamente desde marzo de 2012. Todavía recuerdo que, en la campaña para las elecciones municipales de 1995, la campaña del PP giraba en torno a esta reivindicación.
 
Yo creo que el cambio del velatorio de las casas propias a los tanatorios es propio de los nuevos tiempos y que para la familia resulta más cómodo. Lo mismo que pienso que también resultaría más cómodo y saludable para la familia del finado que, después de un largo periodo de sufrimiento, generalmente, el tanatorio se cierre por la noche para que la familia pueda descansar adecuadamente, como en la actualidad ocurre en las grandes ciudades. Yo pienso así. ¿Y tú?
 
 
(Las fotos de este post pertenecen a una serie de quince fotografías sobre el mismo plano, pero en distintas secuencias, de Jerome R. Mintz, catedrático de Antropología de la Universidad de Indiana).
 
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