Hoy poca gente conoce lo que era la dita, sobre todo los más jóvenes. Pero en la sociedad tradicional era una forma común de comercio. Era una especie de préstamo que hacía el comerciante (más que comerciante era un intermediario, pues a este le había prestado otro la mercancia a vender) al cliente, donde esté iba pagando regularmente una cantidad a cuenta de lo que había adquirido.
En el libro de las tradiciones se rebelan de Luis Gómez y Rogelio Ruiz se dice: «En la postguerra, años económicamente difíciles, los comercios de los pueblos no disponían de fondos suficientes para entregar mercancías fiadas. Apareció entonces un sistema de venta innovador llegado desde la comarca malagueña de la Axarqúia: «la dita». Consistía en vender artículos de primera necesidad pagándolos según se acordaba con el ditero. Dicho personaje ocupó aquel vacío financiero. La popular figura del ditero con su canasta llena de cucharas, platos, cacharros de cocina, delantales… y cuantas novedades iban llegando al mercado, recorría alegremente calles y patios, ofreciendo a las mujeres, mediante una pequeña cantidad diaria o semanal, el poder disfrutar de todas las comodidades necesarias… Así fue como el ditero con su libro gordo bajo el brazo apuntando en él las entregas diarias,pateaba cada rincón del pueblo incluso domingos y festivos…
Ay mi ditero,mi ditero, mi ditero
yo no te pago porque no tengo dinero
Ay mi ditero, mi ditero,mi ditero.
Ay ven mañana,ven mañana, ven mañana.
Yo no te pago porque no me da la gana.
Ay mi dietero,mi ditero, mi dietero.
Ay ven pasado, vena pasado, ven pasado.
Yo no te pago porque aún no he cobrado»
El primer ditero casaviejeño del que tenemos noticias es Juan Jiménez Fernández: “El boticario” había nacido en 1901, hijo de Sebastián y Joaquina, vivía en el Arco de la Pastora, en Medina con su madre y su hermano Domingo, pero se trasladó a Casas Viejas donde vivía en una choza. Como el resto de su familia trabajaba en la venta ambulante, vendiendo telas fundamentalmente, y todo lo que se encartara, en régimen de dita. Estuvo implicado y encarcelado por los sucesos de Casas Viejas
De nuevo recurro al facebook de las fotos antiguas de B-CV que coordina Luisa Sánchez para obtener información sobre el tema.
Rosario Espinosa Cruz« Recuerdo a Dolores la de peporro en un vespino que ella tenía e iba a la barriada del tajo vendiendo ropa y otras cosas, también al padre de Paki el de la papelería Márquez en su coche que también vendía ropa y recuerdo que mi madre le compraba colonia y la vendía por 4/1,medio litro o litro».
Eva Casas Delgado:» El difunto Pepe Santito, lo recuerdo ,cuando iba a casa de mi suegra a cobrar la dita, y echaba los ratos allí de charla»
Teresa Grimaldi Paredes: «Es que no os acordáis de Juan el ditero?
Tere Roman Navarro: «Por la venta»pareja» que es dónde nosotros vivíamos venia un señor de Alcalá vendiendo cosas de oró, mí madre se compró unos pendientes preciosos y él venía cada cierto tiempo para que le diera algo de dinero le decían José él ditero»
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| El Contrito y su familia |
Pero el ditero que más presencia tiene en el imaginario colectivo del pueblo es Gregorio Moscoso Merchán, el Contrito, fue la persona que
suministró gran parte de los materiales necesarios en la década de los setenta
para la transformación de las chozas en casas. Había heredado de su padre una
carpintería y había puesto un bar y una tienda. Progresivamente, la carpintería
se fue llenando de ladrillos, arena, grava, cal, cemento…
En 1962 compró un camión, con el que traía los materiales a
Benalup. Luego los cobraba a dita. Algunos de estos no se pagaron nunca. José
“Tres cuartillas” se encargaba de facilitar la arena y el cemento. En la
memoria colectiva de nuestro pueblo, el Contrito ha quedado como un personaje
amable y colaborador, que puso inmensos granos de arenas para acabar con las
chozas. De hecho en el pueblo una calle lleva su nombre.
Benalup. Luego los cobraba a dita. Algunos de estos no se pagaron nunca. José
“Tres cuartillas” se encargaba de facilitar la arena y el cemento. En la
memoria colectiva de nuestro pueblo, el Contrito ha quedado como un personaje
amable y colaborador, que puso inmensos granos de arenas para acabar con las
chozas. De hecho en el pueblo una calle lleva su nombre.


