Antonio Barberán Romero y Antonia Jiménez Gil
Como dice Matías Prats, perdonad que reitere y machaque pero Machado hace mucho tiempo que dijo que todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos. Si este blog tiene alguna razón de seguir existiendo es para difundir lo que aprendamos con la colaboración de todo el que lo desee. Por eso, cuando uno recibe un email con información sobre asuntos del pueblo me siento especialmente satisfecho.


Antonia Jiménez Gil
Me dice Antonio Barberán Cózar: «Sr. D. Salustiano Gutierrez. Le estoy muy agradecido por el interés que se toma por la historia de mi pueblo. He visto el escrito que ha hecho sobre el herrador D. Miguel Rodriguez Blanco. Tenqo que decirle que antes que él llegara al pueblo procedente de Alcalá, fue mi padre Francisco Barberán Jimenez, hasta casi finales de los años 50 el herrador oficial de Benalup y su comarca y que yo llegué a aprender el oficio aunque nunca llegué a ejercerlo, y antes que mi padre fue mi abuelo Antonio Barberán Romero, que lo aprendió de un tío suyo llamado Pedro Romero. 
Mi padre colaboraba con el veterinario oficial que residía en Medina. A mi padre acudían los arrieros y los que tenían caballerías cuando alguna se  ponía enferma. El veterinario, D. José Guerra,  al no vivir en el pueblo delegaba en mi padre la atención primaria, incluso la vacuna obligatoria de la rabia. Con la modernización del campo y la mecanización, la herrería perdió mucho trabajo. Luego un cáncer de laringe acabo con su vida en 1963. En la herrería teníamos una fragua y cuando se podía, hacía mi padre las herraduras para los caballos y para los burros, así como alguna de las herramientas que se usaba en su oficio. Yo era niño y lo ayudaba dándole al ventilador de la fragua. 
En aquel entonces, la herrería estaba en la calle Cervantes justo donde ahora vive Antonio Benitez. Te adjunto fotos de mi padre y una de las herramientas que usaba en la herrería. Esta herramienta la tiene mi sobrina   Yolanda Barberán López. Muchas gracias y un saludo».
Antonio Barberan Romero y Anronia Jiménez Gil con sus dos hijas




El email tiene tanta información que rápidamente decido que tiene un post. Vayamos por orden. En primer lugar hay que comentar que estamos hablando del oficio del herrador, aquel que le ponía las herraduras a los caballos, mulos y burros el principal medio de transporte y fuente de energía de la sociedad tradicional. Herraderos que se convertían en un lugar de socialización de los hombres del lugar. Como dice en el email el primer herrador que hubo en el pueblo fue Pedro Romero un tío de su abuelo Antonio Barberán Romero. La base del contingente demográfico con el que formó el pueblo eran los jornaleros. Pero en un pueblo de aluvión como este se necesitaban otros oficios, entre ellos el de herrador, básico para atender las necesidades que demandaba la tracción animal imperante. Como aparece en este escrito de 1908 el herrero era  Pedro Romero Parrado de Conil, casado con María Vidal Benítez y que tenían su herrería en la calle Cuartel. 
Francisco Barberán Jiménez



En tiempos donde no existía la educación reglada los oficios se heredaban y se transmitían de familia en familia, así en este caso un sobrino suyo, hijo de Antonio Barberán Castellet (el que murió en los sucesos del 33) y de Francisca Romero Parrado (hermana de Pedro) continua con la herrería. Este casa con Antonia Jiménez Gil y un hijo suyo Francisco Barberán Jiménez continua con la herrería, primero en donde hoy está la cueva, luego en la calle San Andrés, para terminar en la calle Cervantes, como nos dice mi informante. Luego su hijo Antonio Barberán Cózar mantiene la tradición familiar, hasta que la modernidad que viene en los años sesenta con la crisis de la sociedad tradicional acaba con todo este universo. 
Calle Cervantes, Tienda de Bebidas de Antonio Barberan Romero, apoyado en el quicio de la puerta. Asomado a la ventana su hijo Francisco Barberan Jiménez ( mi abuelo).

Otra característica que llama la atención es como estos herradores hacían las veces de veterinarios, cuando estos no estaban en el pueblo. En un lugar marginal y aislado como Benalup-Casas Viejas el veterinario que ejercía era el de Medina y la mayoría de las veces  no estaba en el pueblo, por eso son estos herradores los que toman las primeras medidas sanitarias, ya que el contacto frecuente con los animales les ha posibilitado tener este tipo de conocimientos, vimos que igual ocurría en el caso de Miguel Rodríguez.





Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid me pregunto como y por qué se le puso a esta calle este magnífico nombre. Termino este post incidiendo como en la sociedad tradicional los oficios se heredaban dentro de la familia. Pero sobre todo reflexionando lo interesante que resulta que sepamos nuestros orígenes, de donde venimos, quienes somos y a donde vamos. Termina Antonio Barberán diciendo que una sobrina suya Yolanda Barberán López, vieja conocida de este blog tiene las herramientas que me manda en la foto. De eso se trata, de que protejamos nuestra historia y para ello no hay otra opción que conocerla y difundirla. Muchas gracias a Antonio Barberán Mena por este email, me ha permitido hacer un post y volver al método machaca reiterativo para terminar diciendo que nuestro pasado no debe ser una herencia de nuestros padres, sino un legado a nuestro hijos. Me encantaría escribir muchos post como este con la información de este pueblo que me enviéis. Hasta que el cuerpo aguante pienso seguir difundiendo este tipo de información. Sobre todo, mientras que siga gente como la familia Barberán que tengan tan claro que la historia la tenemos que contar y hacer nosotros. Decía Walter Benjamín que «Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de los que no tienen nombre». Gracias, de nuevo, Antonio Barberán.
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