Ecos del pueblo 1979
La cencerrá es una especie de broma o fiesta que esconde una
ácida crítica a los que se unan en matrimonio en condiciones no aceptadas
socialmente, bien porque uno de la pareja sea viudo o muy mayor. Tres son las
causas por las que se realiza la cencerrá y por las que no está bien vistos por
la sociedad civil este tipo de matrimonio. Por un lado, influye la tradición
cristiana de la sexualidad que veía mal que los viudos se casaran para
disfrutar sexualmente. Por otra parte, apuntan los antropólogos que desde el
punto de vista social significaba una competencia para miembros más jóvenes y
además económicamente podía significar que los hijos del primer matrimonio
tuvieran que repartir herencia o la perdieran.

En el libro de Rogelio Ruiz y
Luis Gómez sobre las Tradiciones se rebelan referido a Tarifa aparece: “En
algunas zonas rurales de Tarifa, después de la ardua jornada laboral, una vez
terminada la cena, se preparaban, sobre todo los más jóvenes de los cortijillos
y ranchos, para salir en el silencio de la noche, preferentemente con luna
llena. Pasar un rato de diversión era el pretexto que manifestaban con motivo
de la bien llamada “cencerra”, realizada a consecuencia del casamiento de algún
viudo o viuda de las inmediaciones. Para ello se reunía parte de la vecindad,
portando instrumentos sonoros y ruidos, mayoritariamente cencerros. De cada
lugar salía un grupo tocando, y en el silencio de la noche retumbaba en toda la
cañada. Después de un rato de algarabía callaban hasta que otro grupo en la
lejanía les contestaba, y así otro, y otro… Mientras tanto iban caminando y
acercándose hasta reunirse en la puerta de los recién casados, dándoles allí la
traca final. Después de que éstos se levantaran, ofrecieran café y poco más,
entre risas y carcajadas volvían a sus casas ya en la madrugada, pues horas más
tarde empezarían otra larga jornada de trabajo”


En B/CV la cencerrá se estuvo dando hasta en los años ochenta. En este
contexto el carnaval se hacía eco de las cencerradas que hubiera en estos años. Por el carnaval podemos seguir las ultimas manifestaciones que se dieron de ella
La boda de Méndez
Tuvimos una boda
el año pasado
que todo el pueblo
mucho ha comentado.
Con mucha ilusión
el Méndez se casa
ya más que ochentón. 
El Balilla hizo
de cura y padrino
como sería todo
yo ya me imagino. 
Pero lo mejor
fue aquella noche
haciendo el amor.
Ella se prestaba a todo
por si él afloja la “guita”
pero no lo consiguió
y con sus castas
al viejo mandó.
  (Ecos del Pueblo,
1979) (i)
Mintz en  sus coplas
de carnaval cuenta: «En 1982, un soltero mayor edad conocido por el apodo
familiar de Gallinito decidió  casarse,
por lo que tuvo que afrontar, en su propio patio, los burlones sonidos de la
cencerrada y las irritantes canciones, incluyendo el siguiente cuplé del
maestro, Ángel Guillén, cantado por su comparsa Los Primaveras.
El soltero que se arrepintió de casarse 
con la «solterona»
porque dijo el gachó que tenía
el «chumino» como una fregona.
Sin embargo cambió de opinión
al entrarle pirula rabiosa.
Mi amada, ¡cuánto te quiero!
cásate por todas tus castas,
que tengo la «mamanduca»
tan tiesa como una estaca.
Deja, Rosa, que te toquen
cencerros y panderetas,
pero el toque más bonito
es el toque de «retreta».
Te lo pienso de dar yo
de un sopletazo con mi trompeta
.
          (Comparsa
Primavera, 1982)
«En este caso, la esposa, sin embargo, no era una figura
marginal del pueblo (como lo fue la gitana ridiculizada hacía tres años). La
pareja se negó a aceptar las risas sin protestar, tal como recuerda el
compositor Jesús Máñez:
[Esto es] de un viejo que se casó con una vieja, y entonces
le tocaron los cencerros unas cuantas noches, como hacían los antiguos. Cuando
se casaba un viudo, le tocaban los cencerros durante tres noches, y, hasta que
el que se había casado no invitaba al personal, a los que le tocaban los
cencerros, le estaban tocando los cencerros todas las noches, hasta que los
invitaban. Y entonces les saqué el couplet 
ése como algo que sucedió (de veras), vamos.
[«¿Qué pasó? ¿Lo invitaron a alguna copa?»] ¡Qué
va! Él no llegó a invitar. Él lo que hizo es llegarse al cuartel y denunciarnos
a todos».

En este caso lo que cuenta Jesús Máñez vemos como la
intervención de la justicia termina con la cencerrá y quizás sería una de las
últimas veces que esta tradición ancestral se realizó en Benalup-Casas Viejas.
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