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| Foto Mintz |
En tiempos de Amazon, los chinos o el comercio digital es bueno recordar que había otras prácticas comerciales que hoy en día están desaparecidas. El otro día hablamos de la dita, hoy nos vamos a centrar en la recova. Para entenderla nos tenemos que situar en un contexto anterior al vaciamiento demográfico del campo, donde las personas que allí vivían lo hacían fundamentalmente en régimen de autosubsistencia. Pero esta nunca fue completa, así como cuanto más nos acercamos a los setenta más apertura de la economía se produjo y aparecían nuevas necesidades que cubrir para esta población que vivían en el campo.
El dinero no era el único instrumento de cambio existente. Mucha gente vivía en el campo y solo venían esporádicamente al pueblo a comprar. La gente que vivía en el campo no necesitaba acudir al pueblo para comprar lo necesario, había una figura que hacía de intermediario entre los productos del pueblo y del campo, era el recovero. La recova era una actividad comercial que consistía en acercar el mundo rural al urbano mediante el trueque de productos.
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| Foto Mintz |
Era básica tanto para la gente del pueblo como del campo. Del pueblo traía el recovero las alpargatas o el vestido para las niñas pequeñas, se llevaba los conejos o los huevos de gallina o la cacería. Esta práctica abastecía el mercado del pueblo de productos del campo y completaba una economía de subsistencia en el campo.
En el libro las tradiciones se rebelan de Rogelio Ruiz y Luis Gómez se puede leer: “Cuando el mundo rural estaba repleto de gentes, era normal encontrar por los caminos y veredas a aquellos personajes conocidos como los recoveros. Buscaban su sustento en el comercio del huevo, pues algunas personas se encomendaron a la tarea de llevar ese preciado alimento del campo a la ciudad. Practicaban lo se llamó en el medievo el trueque. Para muchos de ellos el negocio fue próspero y aumentaron la lista de mercancías a intercambiar. Llevaban a los campos: alpargatas, telas, agujas de coser, pañuelos estampados (utilizados por las mujeres de la época para cubrirse la cabeza), jabones de olor, aceite, utensilios de cocina, etc., productos que cambiaban por otros recogidos o elaborados en los campos como por ejemplo huevos, quesos, leche, gallinas, chivos, palmitos, así como artesanía hecha con palma, cañas, mimbres o esparto (canastos, capachas, aventadores, escobas, espuertas, pinceles, esteras…) Estos artículos eran revendidos en suspropias tiendas o entre la clientela dispersa por la ciudad. Algunos de aquellos carismáticos personajes llegaron a convertirse en usureros puesto que a las personas más necesitadas les prestaban dinero para la compra del grano destinado a simiente, y luego llevarse una parte importante de la cosecha, convirtiéndose en auténticos adoradores de la diosa usura. Al principio se movían de un lado para otro andando, luego en bicicletas, años más tarde en las motos Vespa y por último en carromatos y furgonetas. También y de manera altruista solían ejercer de carteros, mensajeros, así como llevaban y traían las noticias y sucesos acaecidos en los pueblos. Ese oficio que a tantas familias dio de comer en ete país desaparece como otros muchos tras el abandono de los campos, el éxodo rural”.
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| Foto Francisco Segovia |
María de los Santos Delgado Pérez en la revista alcalaína Apuntes históricos y de nuestro patrimonio 2009 escribe sobre los recoveros:”Por caminos, veredas o trochas se buscaban el sustento nuestros recoveros, con sus canastos y alforjas llenos de azúcar, arroz, café tabaco y chocolate.
Llegaban a cada casa o cortijo y allí empezaba el ritual: de entrada, el saludo con los vecinos, la comunicación de noticias que ocurrían en el pueblo, los comentarios del tiempo, de los animales, de la siembra y de los quesos que estaban saliendo aventados y por último, el ofrecimiento de sus productos que en la mayoría de los casos eran comprados en forma casi de trueque, es decir, el recovero volvía al pueblo con sus canastos llenos pero de huevos, pollos, pavos, quesos…»
La recova es una práctica que se ha realizado hasta hace relativamente poco en B-CV. Antonio Pérez “El Vivillo” y Francisco Rojas, “Trechica” eran algunos de los recoveros benalupenses que trabajaban en la sierra. Estos iban por los ranchos de los carboneros y les cambiaban los productos que ellos llevaban por tagarninas, espárragos, cacería (pajaritos, perdices, conejos…) en definitiva todo lo que se podía coger en el campo y se cambiaba por ropas o alimentos. Era una forma de venderle a la gente del campo, el que podía pagaba con dinero, que eran los menos y la mayoría hacía trueque con los productos del campo que ellos tenían. Otro recovero que aún vive por la calle San Miguel es Manuel el recovero


