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| En la foto de izquierda a derecha Francisco Jiménez, Miguel Pavón y Antonio Gómez Mañez. Fotografía Ramos Espejo |
A estas alturas de la vida no creo en héroes. Ni en buenos, ni en malos. Si estoy convencido de que ha habido vencedores y vencidos. Sobre estos últimos no se suelen conocer los hechos verdaderos y sobre sus andanzas hay un halo de misterio y de oscurantismo que les impide mostrarse cercanos a la realidad. Ese es el caso de Antonio Gómez Mañez, Petaca. Es un personaje al cual llevo mucho tiempo siguiéndole la pista, pero no consigo todos los datos que busco y eso que he investigado en los ámbitos familiares, de amigos, conocidos… O no se sabe, o no se quiere contar.
La verdad es que mi interés por él es progresivo, no en vano estamos ante un personaje que ya en 1931 la policía de Cádiz lo consideraba un peligroso anarquista, que en septiembre del 33 se le acusa del atentado a José Vela, que en noviembre de ese mismo año participa en el tiroteo del teatro de San Fernando, que en la Guerra Civil huye de Cádiz y se esconde en el campo de Casas Viejas, para actuar posteriormente como comisario político en la zona republicana. Después vuelve, la cárcel, la clandestinidad, pero nunca abandonó sus ideas políticas. Lo que sé de él se desprende de fuentes escritas, todas manipuladas y sectáreas. Las fuentes orales no saben, no contestan.
Antonio había nacido el 19 de febrero de 1909 en Casas Viejas, hijo de Juan y Gertrudis. En 1926 marchó con su familia a Cádiz donde trabajó como albañil. Pronto entró a formar parte de los círculos anarquistas. Participó en la huelga general convocada en Cádiz el 5 de octubre de 1931, siendo detenido junto al también anarquista Antonio García Bancalero, acusándolo de ser el autor de unos disparos habidos en la calle Santo Domingo. A Gómez Mañez lo consideraría la policía como uno de los «hombres de acción» más importantes de la CNT local, según escribe José Luis Gutiérrez Molina a propósito de esta huelga general .
No participó directamente en los sucesos, pues se encontraba en enero del 33 en Cádiz, pero se le acusó, sin conseguir demostrarlo, del atentado contra José Vela Morales, el 28 de septiembre de 1933. Dos meses más tarde, participó en el tiroteo que hubo en el teatro de las Cortes de San Fernando con motivo de un mitin de las derechas, organizado por Acción Popular, para las elecciones de noviembre de 1933. En el transcurso del acto político un grupo de anarquistas intento boicotearlo y el enfrentamiento terminó en un tiroteo con un muerto y heridos. El Diario de Cádiz recogía el incidente de la siguiente manera: «Un criminal atentado terrorista tuvo lugar ayer en el Teatro Las Cortes de San Fernando, donde iban a intervenir en un mitin electoral José Llauradó, José Antonio Primo de Rivera y José María Pemán. Presidían el acto, Miguel Martínez de Pinillos y Ramón de Carranza. Cuando iba a hablar el primero de los oradores, unos pistoleros penetraron en la sala y comenzaron a disparar indiscriminadamente. Uno de los espectadores, Segismundo García Mantilla, falleció en el acto. Otra espectadora, Mercedes Larios, esposa de Estanislao Domecq, recibió un tiro en un ojo y se encuentra en grave estado. Otros asistentes al acto están heridos de diversa consideración. Aprovechando la confusión, los pistoleros consiguieron huir, a pesar de ser perseguidos por Primo de Rivera y sus acompañantes. Los integrantes de la candidatura de derechas marcharon posteriormente a Cádiz para protestar ante el gobernador civil de lo ocurrido. La policía dispone de algunas pistas que pueden conducir a la detención de los pistoleros».
El abogado de los acusados fue López Galvez, el defensor de los campesinos de Casas Viejas. Antonio Gómez y dos anarquistas más son detenidos y encarcelados por estos incidentes en la prisión de San Fernando. El 7 de abril de 1934 escapan. El hecho también aparece en el Diario de Cádiz : «Los pistoleros acusados de atentar en el Teatro de las Cortes contra los candidatos de las derechas, José Antonio Primo de Rivera, Ramón de Carranza yJosé María Pemán, protagonizaron ayer una audaz fuga de la cárcel de San Fernando. Tres jóvenes llegaron a la cárcel (en la foto) y preguntaron por uno de los presos. Convencieron al encargado para que los dejaran pasar y entregar una caja de dulces. El guardia accedió a ello y cuando los jóvenes penetraron en el establecimiento, sacaron una pistola y encañonaron al guardia. Con un pañuelo le aplicaron cloroformo y le quitaron las llaves, procediendo a abrir todas las celdas. Los presos implicados en el mencionado atentado, salieron huyendo, mientras que el resto de los presos permanecieron en sus celdas. La policía ha montado un importante servicio en las carreteras en busca de los dos pistoleros, pero hasta el momento no hay pista alguna. Ayer la policía estuvo buscando a los evadidos en las llamadas cuevas de María Moco, en los glacis de Puerta Tierra”.
El incidente también aparece en el sumario que se le instruye cuando es detenido después de volver de la guerra civil, aunque como era tradicional en este tipo de fuentes las imprecisiones son abundantes: “Este individuo es de malos antecedentes por haber figurado como pistolero en los años 1933, habiendo sido complicado en un tiroteo habido en la Ciudad de San Fernando (Cádiz) en un Teatro de la misma, del que resultaron heridos, al surgir el Glorioso Movimiento Nacional fue encarcelado en un Barco del cual se evadió, sin que esto pueda justificarse”.
En el mismo sumario aparece que “se tienen noticias de que en los primeros días del movimiento se dedicó a disparar desde su casa (en la calle Vea Murguía 22) teniendo acobardada a toda la vencidad”. Después se traslada de Cádiz a Casas Viejas, buscando la seguridad que la capital no le aportaba. En Casas Viejas se escondió en la sierra en los sitios del Torero y Picazo. Más tarde, en julio de 1937 huyó a la zona republicana luchando en las brigadas 79 y 166, terminando en la guerra en el frente de Frailes (Jaen), desde donde volvió a Casas Viejas y fue encarcelado y juzgado. Ingresa en la cárcel de Torrelavega, Santander, hasta el 31 de julio de 1943, donde consigue la libertad condicional, pero “desterrado de Casas Viejas, a 250 kilómetros”. Más tarde regresa a Casas Viejas y entra en contacto con los grupos de maquis y resistencia al franquismo.
Podemos leer la siguiente ficha sobre él:”Antonio Gómez Mañez, (a) El Casas Viejas, viven en General Menacho 16 profesión albañil natural de Venalup de Medina provincia de Cádiz. En fecha 4 de agosto de 1952 pidió informes en Juzgado Militar Especial de esta Capital y se dijo que era de mala conducta moral pública y privada y que perteneció a los partidos de Izquierda C.N.T, F.A.I, al Ateneo Libertario y Comunista y cuando estalló el Glorioso Movimiento Nacional se pasó a Zona Roja, desempeñando cargos políticos y se dedicaba a dar conferencias en los Frentes. Fue pistolero y en una ocasión facilitó una embarcación “Bote” a un Bandolero para que marchara a Tánger y en esta fecha se encontraba detenido en la Prisión Provincial de Cádiz por censurar la actuación del Jefe del Estado Español”
Lo de las conferencias en el frente está relacionado con que actuó como comisario político en la Guerra Civil. Al «bandolero» que se refiere el informe es a Pedro Moya Paredes, con el que terminó enfrentándose duramente ya que mientras que el primero continuó en las filas anarquistas, el segundo se pasó al comunismo, durante el franquismo. Son conocidos los enfrentamientos entre ambas facciones de la izquierda. Jesús Máñez sobrino de Pedro Moya Paredes cuenta que “Petaca” y Pedro Moya eran enemigos irreconciliables, hasta el punto que si alguno estaba en un bar jugando a la cartas, si llegaba el otro no entraba en el establecimiento. También ha aportado bastantes testimonios sobre las andanzas de “Petaca” en Cádiz. Me llama también la atención como la ficha dice que el 18 de febrero de 1955 Petaca se encuentra en la cárcel por «censurar la actuación del Jefe del Estado Español»
Terminó viviendo en la Yeguada, no abandonando nunca sus ideas anarquistas. De hecho cuando llegó la transición política entró en contacto con un grupo de jóvenes benalupenses que coqueteaban con las ideas libertarias. Era de los pocos que se atrevía a hablar abiertamente de los sucesos, del anarquismo y de cómo entendía él la política, como había hecho toda su vida. En la fotografía de Ramos Espejo lo vemos junto a otros dos camaradas izquierdistas, Francisco Jiménez y Miguel Pavón. A estas alturas de la vida no creo en héroes. Ni en buenos, ni en malos. Si estoy convencido de que ha habido vencedores y vencidos. Sobre Petaca me gustaría saber más de lo que sé.
