Ilustración Fran Valdés
Sebastián Montero Sánchez el día de la presentación de El
habla de Benalup-Casas Viejas dijo que este término era el más importante de
todos lo del habla de este pueblo.

En dicho libro sobre este término escribe amente:
„Sucesos.- Son seis las acepciones que aparecen en la última edición
actualizada del DRAE. Según este diccionario es una cosa que sucede,
especialmente cuando es de alguna importancia; cuando se refiere a un accidente
desgraciado; un hecho delictivo, etc. Pero cuando esta palabra se relaciona con
Benalup-Casas Viejas, incluso exenta de contexto alguno, su significado se
vuelve mucho más dramático. Quizás esta sea la situación en la que el
significado de este término adquiera sus matices más negativos, tanto, que
incluso casi llega a ser término tabú… Socialmente, y a nivel local, estos
hechos crearon tal desconfianza y enemistad que perduraría durante décadas. Más
allá de las fronteras de Benalup, e incluso de España, estos sucesos se
convirtieron en un punto de referencia para todos los estudiosos del anarquismo“.


Ilustración Fran Valdés


Andrés Mateo dijo sobre este término: » A mí no me
gusta el nombre de los sucesos, porque esa palabra aunque hace referencia a los
acontecimientos sucedidos aquel día, para mi tiene connotaciones solamente
judiciales y policiales. Lo de Sucesos de Casas Viejas fue acuñado por los
periódicos de la época, sobre todo los de derecha y también por el gobierno de
aquel entonces. Lo que ocurrió aquel 11 de enero de 1933, para mi, fue algo más
que unos Sucesos, fue una revuelta campesina provocada por la miseria a la que
se veían abocadas muchas familias de nuestro pueblo por culpa del caciquismo y
del abandono del campo andaluz.  Yo no
puedo ser neutral en esta cuestión y por eso yo lo llamaría «Revuelta
Libertaria de Casas Viejas, epopeya, u otros muchos nombres»



Efectivamente, el nombre de los sucesos se lo pusieron los
primeros periodistas que se acercaron a cubrir los hechos para describir el
enfrentamiento, que luego se demostró que era falso, entre la población
autóctona y las fuerzas del orden público. Los sucesos engloba cuatro fases; la
declaración del comunismo libertario y toma del pueblo, el asalto al cuartel de
la Guardia Civil, la llegada de refuerzos a las fuerzas del orden público y la
quema del casarón de Seisdedos y la razia del día 12 a las siete de la mañana. Luego
se consolidó cuando se aprovecharon estos como arma política para destruir la
coalición republicano socialista y forzar la dimisión de Azaña, o cuando se
utilizaron para justificar la Guerra Civil o en el momento que se convirtieron
en arma arrojadiza entre anarquistas y socialistas o cuando se transformaron en
fuente de polémica reciente como en 1991 o 2005. Si el origen del nombre se
debe a los periodistas que querían reflejar con él el enfrentamiento, primera
versión -falsa- de los hechos, entre lugareños y fuerzas de asalto, se
consolidó con la utilización política de ellos y se mantiene hasta la
actualidad cuando se ponen las víctima en segundo lugar y se priorizan otras
cuestiones menguando  la gravedad de lo ocurrido
e incluso escondiéndolo o endosándole toda la culpabilidad de lo ocurrido a los
campesinos por ser el ataque al cuartel el desencadenante de los hechos.
Si durante la II República el intento de aprovechamiento
político de ellos y su manipulación fue la tónica general, con el franquismo lo
que predominó fue la tendencia inaugurada en la Guerra Civil: perseguir y
borrar todo lo relacionado con los sucesos. En un trabajo realizado por Jesús
Guillén y otros decían: “En la época de Franco, cuando todas las personas
implicadas en esta desagradable tragedia tuvieron hijos, no les contaban
absolutamente nada de lo sucedido en Casas Viejas por miedo a lo que se pudiera
hablar en la sociedad. Una de estas personas nos cuenta una anécdota que se
quedó marcada en su mente para siempre. Esto fue que tras interesarse por estos
hechos y preguntarle a sus padres: “mis padres se echaron a llorar
desconsoladamente sin darme ningún tipo de respuesta. Desde entonces fue cuando
comprendí que aquello causaba un gran dolor, tristeza y que no era para nada
agradable de recordar”
Evidentemente esta sombra, el desconocimiento sobre la
historia real del pueblo no es nada fortuito y azaroso sino que está dentro de
la misma estrategia de represión y 
propaganda, del silencio y del miedo. Esta estrategia franquista explica
“los matices negativos” de los que hablaba Sebastián Montero.

Ilustración Fran Valdés


Creo que la dependencia política y económica a la que ha
estado tradicionalmente sometida esta población está detrás de esa
consideración peyorativa que va detrás de nombre de los sucesos. Es otra consecuencia más de la lucha perdida
entre los humildes y los poderosos. Que pierdan sus connotaciones despectivas
los sucesos de Casas Viejas y se inserten en nuestro acervo histórico y
patrimonial de una forma normalizada depende de que seamos capaces de que se
conozcan y se valoren en este pueblo como unos hechos que ocurrieron en este
lugar concreto, en un contexto histórico determinado y que tuvieron unas
consecuencias que llegan hasta la actualidad. Además de un interés científico
por su exacto conocimiento y efectiva divulgación tenemos un deber moral. La
lucha no duró un día, sino dos siglos, el tiempo que se lleva poblando
intensamente esta tierra. La restitución sólo se puede conseguir a través de la
cultura y el conocimiento. No hay otra vía. No nos queda otra.
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