Foto Mintz

En la entrada anterior de la serie vimos como Mintz llega en 1965 e intenta entrar en contacto con sus vecinos para tener datos sobre su investigación; los anarquistas de Casas viejas, pero en un principio, estos le son remisos y esquivos.

No obstante, la persistencia empática lograda a base de horas en la zapatería consiguió que Juan Moreno y Jerome Mintz se hicieran amigos y confiaran el uno en el otro.  Juan Moreno Vidal criado y formado en el espíritu de las zapaterías de principio de siglo pronto se decidió a hablar y contarle a Mintz todo lo que le preguntase. Fue uno de los mejores amigos y confidentes de Mintz, de hecho como aparece en los anarquistas de Casas Viejas «Juan Moreno Vidal insistió en que imprimiera tanto su apellido materno como el paterno: Dado el tiempo que me queda vivir, no tengo miedo de nada”.
Foto Mintz



Pero además fue de los primeros que conoció y le presentó a otros informantes como Juan Pinto o Pepe Pareja. Los primeros audios que graba Mintz lo hace con él en diciembre de 1965. Hasta bien entrada la década de los ochenta siguió grabándolo y filmándolo. En estas grabaciones podemos observar a una persona que en el ambiente de apatía e ignorancia generalizada de los sesenta destaca por su cultura, su implicación, su rebeldía y su interés porque se conociera la verdadera historia de su tierra. Este audio es un ejemplo.
Isabel Vidal Quirós, madre de Juan Moreno López



La amistad y la empatía que tuvo con el americano no solo lo llevó a ser uno de los primeros y  principales informantes del libro los Sucesos de Casas Viejas, sino que también fue el protagonista de una de las mejores películas que hizo Mintz sobre la sociedad andaluza de los sesenta, aquella que retrataba la emigración interior, en concreto el éxodo rural con destino a la Costa del Sol. 




Es necesario recordar los obstáculos y las dificultades que tuvo salvar Juan Moreno para llevar a cabo su idea de que era necesario y justo que se conociera la verdadera historia de Casas Viejas, en un ambiente caracterizado por el miedo, la represión y opresión de la sociedad franquista de los años sesenta. El estado de difusión y valoración de la historia de este pueblo le debe mucho al convencimiento y la voluntad que puso Juan Moreno en compartir lo que sabía con Mintz y ayudarle en su extensa labor investigadora. 
Foto Mintz



Las dificultades que tuvo Mintz para hacer su trabajo también fueron enormes, la religión, los propietarios, las fuerzas del orden, el idioma y el ambiente general estaban en contra del propósito de Mintz de estudiar el mundo de los anarquistas de Casas Viejas. Tanto Mintz como Juan Moreno las vencieron. 


Y es llegado a este punto donde el relato de Carmen Moreno López cobra más relevancia. Cuenta Carmen que superadas las desconfianzas lógicas iniciales, todos los días iba Jerome Mintz a la zapatería que estaba frente de la pensión de Varelo. Pero también todos los días iba un guardia civil a vigilarlos. Juan Moreno había sido republicano y la benemérita no se fiaba para nada de lo que venía buscando El Americano. Betty Mintz (esposa de Jerome) lo cuenta de esta forma:” Era frecuente tener miedo a realizar estudios antropológicos en la España de Franco. No creo que Jerry pensara que le podía pasar algo, pero sí que podía ser obligado a dejar el país. El pavor que sentía era, sin embargo, que pudiera causar problemas a las personas que entrevistara. Franco estaba aún en el poder y Jerry se preocupaba por las revelaciones incluidas en el material recopilado.  Él tenía bien escondidos los nombres de sus informadores y las cintas de entrevistas. En una ocasión, un oficial de policía vino a casa y le preguntó a Jerry por unos informes que decían que él tomaba fotos  que ridiculizaban a la gente pobre.  El oficial aparentó estar satisfecho con las explicaciones que dio Jerry de que no estaba involucrado en ninguna actividad inaceptable, y las acusaciones no tuvieron consecuencias. Pero la entrevista le hizo ser consciente de que era vigilado”

Carla Mintz y una vecina de Juan Moreno, hija de Grimaldi





A eso había que unirle los problemas con el idioma (conocida es la anécdota que al pedir Soap (jabón en inglés), la esposa de Varelo subió un plato de sopa o como Juan Pinto le habla del apodo del Gallinito el «rubio de los callejones» que luego en la transcripción y traducción posterior se convirtió en los anarquistas de Casas Viejas en «El Rubio de Cadizone»). O el pánico que sentía la familia Mintz a que se supiera que eran judíos o las indicaciones que le hacían los propietarios a sus trabajadores para que no les contara nada al Americano, ya que era o comunista o de la CIA. Pero sin duda de todos los obstáculos el más persistente fue la persecución de la Guardia Civil, hasta tal punto que Mintz tuvo que marcharse de la pensión donde estaba, pues amenazaron al dueño con exigirle documentación que no tenía, y, para no perjudicarlos se fue alquilándole  una casa a “Pepito” Fernández Vela, miembro de una familia que no tenía problemas con las fuerzas del orden. 

Como las dificultades fueron tan grandes, es más meritoria todavia la forma de superarlas. Pero eso se verá en el próximo capítulo de la serie. el meollo de toda este serie. No os lo perdáis.

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