Aunque el verano se esté acabando, va subiendo la temperatura. El otoño está muy cerca. Las redes sociales amplifican las cuestiones  polémicas. Hemos tenido un verano rico en debates. No sé si la situación del pueblo ha mejorado, empeorado o sigue igual; lo que está claro es que rezuma un nivel de discusión, implicación y compromiso que antes no se conocía y eso es impepinablemente positivo. Hemos reflexionado y debatido sobre la carretera del Castaño, los accesos a los pantanos, la posible ruta de los sucesos, el tiempo (con el pelotazo de Cepero con dos fotos de los mismos personajes en momentos distintos), la compatibilidad entre la propiedad privada y el bien común…, y otro tema de discusión ha sido el cementerio. Hoy voy a centrarme  en este último.




Perdonen que me ponga trascendente pero la muerte en todas las civilizaciones ha sido muy importante y como tal, quien ha tenido el poder, ha tenido el control sobre su gestión. Seguro que hay gente que ha pensado más de una vez qué será de sus recuerdos,  sentimientos, pensamientos…, de su vida en definitiva, tras su muerte. Estamos en una de las zonas más ricas de España en yacimientos prehistóricos y los dólmenes o tumbas funerarias ocupan un lugar muy importante, igual  que las pirámides en Egipto o los camposantos en la civilización cristiana. Religión esta última, que según algunos historiadores, se impuso a las   restantes de su órbita porque solucionaba el problema de la muerte (lo que técnicamente se denomina “religión de salvación”).



Utilicemos un flashback y volvamos a este verano que se nos acaba. Me ha sorprendido, relativamente, que haya vuelto a la palestra la polémica del cementerio de Benalup-Casas Viejas. Ya en abril IU de B-CV propuso municipalizarlo y a finales de agosto Francisco González Cabaña hizo unas declaraciones en las que manifestaba: “El Ayuntamiento está abierto a cualquier acuerdo que permita que el cementerio sea gestionado desde el consistorio”. Ayer utilizaba este recurso moderno del vídeo para explicar la postura del Ayuntamiento ante los problemas recientes con el cementerio. Este post estaba preparado desde finales de agosto.



El problema del cementerio católico es un tema que me encanta, sobre todo por dos razones: porque tiene mucha historia detrás y también mucha ideología. Las críticas ciudadanas por el deficiente funcionamiento de los servicios funerarios que presta el cementerio arrecian desde que cambió la gestión de la parroquia al obispado. Tradicionalmente han sido trabajadores locales los que se han encargado de su funcionamiento, ahora ya no es así. Fuentes bien informadas dicen que el panorama ha cambiado porque el cementerio ya no es rentable como lo fue hace un tiempo (que lo fue y mucho), las nuevas formas introducidas en el rito de la muerte (la incineración sobre todo) hacen que sea un verdadero problema económico su gestión. Circunstancias nuevas favorecen los cambios. 



Retrocedamos en el tiempo de nuevo. La Iglesia católica desde la Edad Media siempre ha controlado los camposantos o cementerios. En  Casas Viejas había dos: uno en el Monasterio del Cuervo (¿dónde estarán los restos allí inhumados, patrimonio de la historia de toda la comarca?) y otro en la calle San Elías,  junto a la ermita de la que hablan las fuentes escritas desde 1555. Este último se queda pequeño y se traslada a otras nuevas instalaciones situadas en el Tesorillo o Cañuelo, también propiedad de la iglesia. La inauguración tiene lugar el 22 de febrero de 1875. Fue utilizado hasta 1978, pese a que Suárez Orellana se empeñó (y estuvo a punto de conseguirlo) en cambiarlo a la ubicación actual en tiempos de la Segunda República. En la otra lucha (la de la secularización) de mi admirado Suárez Orellana, todavía no se ha logrado su propósito, todavía… 






El cementerio de Casas Viejas siempre fue católico, pero cuando llegó la Segunda República fue municipalizado al hilo de los cambios institucionales y la laicización del Estado. Secularización total y definitiva, que permanecerá hasta los decretos firmados por el régimen franquista a punto de concluir la contienda civil.  Nuestros admirados franceses habían tomado esas medidas  ciento cincuenta años antes.
Con la llegada de la democracia y la Constitución de 1978 como marco jurídico, volvió la secularización de la Segunda República a los cementerios. «La Ley de 3 de noviembre de 1978  verifica la práctica ya habitual en la mayoría de los cementerios desde mediados de los años sesenta: sin discriminación alguna por cuestiones de religión o de cualquier otro motivo. La Ley 7/85 de Bases del Régimen Local coloca a  los cementerios dentro del conjunto de servicios públicos». De ahí que resulte un tanto  anacrónico que todavía haya cementerios católicos en España. Seguro que hay quien piensa que es un problema banal, secundario, que hay otras cosas más importantes que solucionar… Es un argumento muy socorrido en los temas de memoria. Opino que la administración está para solucionar todos los problemas, incluidos aquellos que no dan votos. También creo que las cosas tienen la importancia que les demos.



En Casas Viejas la secularización del cementerio se encontró con la oposición de la iglesia.  Dice el acta del pleno del ayuntamiento de Medina  del 6 del 11 de 1933:”Dada lectura a un escrito del Párroco de Santa María la Coronada en el que se le solicita se le reconozca la propiedad del Cementerio de la Aldea de Casas Viejas, inscrito a favor de la Iglesia según se comprueba con una certificación del Registro de la Propiedad que acompaña. La Corporación acordó quede sobre la mesa para su estudio”. Y en la mesa quedó hasta que llegó la Guerra Civil. Dos años se adelantarían en Casas Viejas al ordenamiento jurídico nacional por el que los cementerios volvían a ser católicos. En el acta del pleno de 17 de agosto de 1936 sólo un mes después de iniciada la guerra,  dice: “ El Sr. Alcalde dá cuenta de una carta que ha recibido del Sr. Cura de Casas Viejas en la que le dá las gracias porque estuvo en aquella aldea, ordenó se reintegrara la Santa Cruz al Cementerio, que el sectarismo marxista había derribado, gracias que hace extensivas a todo los gestores, quedando la Corporación enterada”. Y católico sigue siendo en la actualidad. 



En él se enterraron en la zona profana las víctimas campesinas de los sucesos, también los fusilados por la falange de Medina, originarios de Alcalá de los Gazules, incluso algunos maquis muertos en enfrentamientos con la Guardia Civil. A todos se les trasladó a una misma lápida situada en el cementerio nuevo, que se acompañó de una cruz cristiana pero en la que se echa en falta los nombres de los que allí permanecen. 



Escribía antes que también me gustaba el tema por su componente ideológico. A finales del franquismo y durante la transición casi todos los cementerios católicos se convirtieron en municipales, siendo el de Benalup-Casas Viejas un anacronismo que tiene sus raíces en la victoria de Franco sobre el gobierno republicano, legalmente constituido según las elecciones de febrero del 36. En la provincia de Cádiz sólo hay siete casos más de cementerios católicos; Barbate, Chipiona, Conil, Olvera, Vejer, Tarifa y Zahara de los Atunes. 



Opino que se debe municipalizar el actual cementerio católico de Benalup-Casas Viejas ya que hay que estar en consonancia con los nuevos tiempos y, sobre todo, por respeto; respeto a una sociedad no confesional en la que  el cementerio debe ser el lugar de descanso para individuos creyentes  y no creyentes. No se trata de nada revolucionario ni imposible de conseguir. Es algo sencillo, barato y plausible. Paterna de la Rivera lo ha hecho recientemente. La sociedad actual es multiconfesional, el cementerio católico  de Benalup-Casas Viejas no. Decía mi admirado Pepe Pareja que en la discusión está la solución. ¿Qué pensáis vosotros?
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