Hasta el siglo XVIII la España dinámica, densamente poblada y que rige los destinos de la península se localiza en el interior de España, porque es ahí donde radica la mejor agricultura y ganadería; las actividades económicas locomotoras hasta ese momento. A partir de la llegada de los Borbones, de la centralización y de la modernidad fueron el comercio y la artesanía las actividades económicas que tiraron del carro y la población empezó a desplazarse a la periferia. Este movimiento continúa progresiva y lentamente durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, hasta que a mitad de los cincuenta el proceso se dispara y se produce el gran éxodo rural.

Es lo que Sergio del Molino denomina El Gran Trauma. Dice Muñoz Molina: “El eje de su libro es lo que él llama el Gran Trauma, la migración tremenda que en muy pocos años dejó vacíos pueblos y campos para multiplicar la población de las grandes ciudades. Hijos de campesinos nacidos en barriadas de aluvión afirmaban una identidad desafiadora dejándose el pelo muy largo y abandonándose al éxtasis de los guitarreos del heavy metal. En la conciencia de los españoles que en los años ochenta abrazaban a toda prisa la modernidad había una sombra casi siempre inconfesada que era la de un origen en la España vacía, un pasado escindido entre la abjuración y la nostalgia, entre la arrogancia de una mundanidad demasiado reciente para ser sólida y la perduración de lealtades íntimas alimentadas por un sentimiento de culpa”


En Benalup-Casas Viejas el éxodo rural tomo dimensiones faraónicas. Al camino del cementerio se le llamaba Torrent porque el que se iba a la población valenciana no volvía. Santo ha hablado muchas veces de “los que nos quedamos aquí”, como la base de los que van a formar el pueblo nuevo en unas difíciles circunstancias y los que llegaban a los nuevos pueblos industriales comparaban “la calle Medina con la gran avenida torrentina, de varios kilómetros de longitud”. El éxodo rural en Benalup supuso grandes sufrimientos para los que se fueron y los que se quedaron, pero posibilitó sentar las bases de la futura modernización y crecimiento. 



Dice Sergio del Molino: “El punto de partida es el Gran Trauma, el éxodo de mediados del siglo XX cuyas consecuencias directas aún están vivas…En realidad, la distribución demográfica no cambió. Simplemente, se trasladó a una escala monstruosa. Las diferencias entre las ciudades y el campo eran notables y estaban constatadas desde los censos de 1860, pero lo sucedido en esos pocos años de mediados del siglo XX hizo que las grietas se volvieran abismos…. Las dimensiones del éxodo rural fueron tan grandes y sus efectos tan profundos en tan poco tiempo que no pasaron inadvertidos a ningún español. Era asfixiante y depresivo pasear por los nuevos arrabales de chabolas que crecían en torno a Madrid y Barcelona. Pero el espectáculo no era menos traumático visto desde el campo, con miles de pueblos donde sólo quedaron aquellos desgraciados que no pudieron reunir las pocas pesetas que costaba el viaje, y con otros miles de pueblos cerrados para siempre. De ahí salieron las novelas de Miguel Delibes, no sólo El disputado voto, sino sus grandes títulos: Los santos inocentes, Las ratas o La hoja roja, entre otros… La España vacía es, sobre todo, un mapa imaginario, un territorio literario, un estado (no siempre alterado) de la conciencia”. 



Los datos son elocuentes, se calcula que un tercio de la población benalupense emigró en los años sesenta, teniendo un crecimiento real negativo de -2,8 por ciento, pero en la década de los setenta subió al 61,2 %. En 1960 había 2998 habitantes que disminuyeron a 2921 en 1970. Pero en  1981 se sitúan en 4708, desde ahí el crecimiento es interrumpido hasta los 7221 de 2011, siendo la última mitad de los setenta el periodo de más boom demográfico. Comparativamente de 1950 a 2001 en la comarca de la Janda los pueblos del interior perdieron población, mientras que los de la costa la ganaron y sobre todo Benalup-Casas Viejas con un 136% que se sitúa a la cabeza de los pueblos del litoral, aunque estuviera en el interior de la provincia. Este boom demográfico que se corresponde con otro urbano y económico, no se entiende si no lo ponemos en relación con la crisis de la agricultura tradicional y la modernización que supuso el éxodo rural, pero también con el traspaso de jornaleros a albañiles y la desecación de la Laguna de la Janda. 



Franco heredero de la tradición regeneracionista que pensaba que la solución de España pasaba por la política hidráulica posibilitó la aparición del latifundio más rentable de Europa y del mayor atentado al medio ambiente. Las consecuencias económicas positivas y medioambientales negativas anduvieron a la par. Dice Sergio de Molino: Desde sus orígenes, Franco demostró un profundo desprecio hacia la España interior que supuestamente formaba el alma de su patria amada… una tierra que sufrió las dos grandes manías de Franco de inaugurar embalses y centrales nucleares… La primera central nuclear española, hoy desmantelada, se empezó a construir en 1965 en Zorita de los Canes, en la comarca de la Alcarria, uno de los territorios más despoblados de España y un lugar de enorme diversidad ecológica, al que Camilo José Cela dedicó uno de sus libros más célebres…. También en Burgos y en Extremadura, muy lejos de los núcleos industriales, en pueblos minúsculos que recibieron las instalaciones con alegría porque el empleo que generaban era una alternativa al hambre. … Cuando el régimen en aras de su obsesión por el desarrollo industrial (una obsesión no muy distinta a la soviética), necesitaba construir infraestructuras peligrosas, molestas, pestilentes o dañinas, escogía lugares de la España vacía donde las cosas, si explotaban, matarían a unos pocos campesinos seguramente analfabetos a los que nadie echaría de menos. Fue así desde el instante fundacional…” 



El paradigma desarrollista franquista tuvo una de sus visualizaciones más ejemplares en la finca de las Lomas. En ella hay un cerro particular, propiedad privada, que se llama cerro de Franco. Se hizo de forma artificial para que Franco pudiera observar como hasta diez mil personas recolectaban algodón. “Esta es la España que a mí me gusta, la trabajadora”. Afirman las crónicas que exclamó el que algunos llamaban el Generalísimo y otros Paquito Ranas.
Anterior SENTIR Y VIVIR EL PATRIMONIO DE BENALUP-CASAS VIEJAS. ANTROPOLOGÍA. El parque de los alcornocales y el hombre. 3
Siguiente La tragedia de Casas Viejas contada en 1965. Y 3

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Juana Rosa Berbel.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad