El capítulo dedicado a la educación lo termina Sergio de Molina con un caso de rabiosa actualidad. Lo empezó con las misiones pedagógicas y lo termina con el del profesorado interino. En un pueblo como Casas Viejas el funcionario que recala en el lugar proveniente de los más diversos pueblos de España siempre ha tenido un papel central en la vida del pueblo.
Ya sea en el aspecto político, social, cultural o un poco de cada. Si en siglo XIX la jerarquía correspondió a los médicos que luego abandonaban su profesión para dedicarse a la política y gestionar sus posesiones, a partir de la segunda mitad del siglo XX abundan los profesionales de la educación que compatibilizan su labor docente con la gestión de la cosa pública y el interés por las cuestiones sociales y cultuales del pueblo. Son muchos los casos pero podemos citar algunos ejemplos como Andrés Martínez, Manuel Sánchez, Eugenio Espinosa, Ángel Guillén, Juan Antonio Aguilera, Juan Moncayo, Leonardo Ruiz, José Luis Pérez Ruiz, Francisco González Cabaña, Consuelo Rojas Baldoví, José González Benítez… y muchos más.
Pero siendo importante lo aportado por estos docentes, siempre nos quedará pendiente lo que podrían haber legado otros profesionales que debido al sistema imperante de selección del profesorado no han tenido la continuidad en su puesto de trabajo que hubiera sido deseable. Sobre ello escribe Sergio del Molino: “Vuelvo al año 2015, al tiempo de escritura de este libro. A las siete de la mañana de un día cualquiera de octubre… Hace frío. Cuatro jóvenes frotan las manos y esperan bostezando en una esquina. Un coche para. Se suben. El coche arranca y enfila las salidas de la ciudad. Cada día es un coche distinto. Se turnan para no tener que conducir todos los días. Son cinco, así que pueden conducir un día a la semana y dormitar durante el viaje los otros cuatro. El coche se desvía varias veces de las carreteras principales. Busca rutas secundarias y terciarias, circula solo por carreteras estrechas y rectas que cortan llanuras pardas. De vez en cuando adelanta a un tractor o al ciclomotor de un labriego o a un camión que transporta piensos o ganado. Poco más. Llegan al pueblo recién amanecidos. Se desperezan y empiezan su jornada. Son los profesores del colegio.
No viven en el pueblo porque no merece la pena. Son interinos, no han ganado aún su plaza y es probable que el curso siguiente tengan que dar clase en otro pueblo de la provincia o de la comunidad. Mantienen su casa en la capital no sólo porque lo prefieren a mudarse a localidades minúsculas donde apenas trabajan unos meses, sino porque su plan, a medio plazo, es conseguir una plaza en la ciudad. Acumulan puntos, hacen méritos. El diseño aparentemente meritocrático de reclutamiento de profesores para el sistema educativo público español propicia que los más jóvenes, los que empiezan en la docencia, a menudo no tengan más remedio que aceptar sustituciones e interinidades en pueblos remotos de la comunidad. Van allí porque los veteranos ya han copado las plazas buenas, así que se toman esos años como una penitencia necesaria antes de que un nuevo concurso oposición o una carambola los lleve de vuelta a su casa. Entre esos jóvenes profesores que cada mañana comparten coche para viajar setenta, cien o ciento cincuenta kilómetros hasta su puesto de trabajo hay muchos vocacinales y enérgicos. El rodillo de los años no les ha mellado la voluntad ni las ganas de levante cuando suena el despertador. El contador de decepciones está casi a cero y la vitalidad, al cien por cien. Creen en lo que hacen, están convencidos de la importancia del magisterio y unos cuanto han ido más allá de la formación convencional, han leído mucha pedagogía y les apetece innovar dentro de los límites del sistema (que pueden ser estrechos). En la escuela rural encuentra un campo de intervención prodigioso. Quizás muchos pueblos no tengan docentes veteranos y curtidos, porque nadie aguanta en ellos una temporada larga, pero, a cambio, disponen de jóvenes que se toman su trabajo muy pasionalmente y se parecen mucho a los marineros del entusiasmo de Juan Ramón. Sin entusiasmo, sin un entusiasmo extasiado y rayano en la demencia, casi nadie sube a un choche a las cinco de la madrugada para viajar dos horas al medio de la España vacía a cambio de un sueldo muy bajo y un futuro sin asegurar… Es difícil que muchos de estos docentes jóvenes no se sientan un poco misioneros. Están de paso, al fin y al cabo. Llevan la cultura y la educación a los pueblos como un bien importado porque ellos mismo no se quedan. Al terminar las clases, vuelven a sus ciudades. Persiste, débil aunque rastreable, una idea de redención. Llevan al campo un reflejo de la vida urbana, una pequeña muestra, como viajantes de comercio, pero son pocos los que se siente parte del lugar. Los pueblos siguen siendo un terreno de trabajo, un territorio en el fondo un poco extranjero al que les une un compromiso temporal… Son o creen ser la avanzadilla de la civilización, por mucho que ese pensamiento les repela, la cuerda que une la tradición con la modernidad de la ciudad. Quizá con otro sistema de reclutamiento del profesorado, con mayores facilidades para conseguir una plaza y menos interinidades, se producirían muchas epifanías. El urbanita reciente que se enamora del pueblo y hace de él su casa. Tal vez así se acabaría con todo resto de la idea redentora y misionera. Pero mientras muchos docentes estén de paso, el espíritu de redención seguirá latente”.
Vine a este pueblo como docente un 2 de julio de 1992 y no sé cuando me voy a marchar. Creo que cuando lo haga no será por decisión propia. He visto mucho profesional de la educación, exagerado y entusiasmado la mayoría aplastante de las ocasiones. En la mayor parte de los casos cuando se han tenido que ir lo han hecho a su pesar. El sistema, como en tantas otras cosas, está montado por la gente de las ciudades y perjudica a la gente de los pueblos. A la administración le interesa que existan profesores interinos y por tanto lo fomentan, el propio personal no definitivo y los centros, sobre todo los del mundo rural donde se concentran, salen perjudicados.
Podría contarle cientos de casos, pero sólo voy a referir tres. Un paisano de Santa Fe, Granada, recaló en el IES Casas Viejas como su primer destino. Derrochó toda su sapiencia, cariño y entusiasmo. Germán Dionisio ha estado dos años en el pueblo aportando todo lo que ha podido y un poquito más. Pero en el curso 2018-2019 lo han destinado a otro lugar. Me consta que sufrió, lloró y padeció este traslado forzoso (Ha cursado visita este fin de semana a su segundo pueblo y ha comprobado que lo seguimos queriendo mucho). La administración es muy fría y no entra en cuestiones como esta, pese a que todo el mundo saldría ganando si hubiera continuado. El que viene, el que se va, el centro y sobre todo los alumnos.
El 3 de diciembre se celebraron las elecciones sindicales de la educación en Andalucía. En Andalucía y en Cádiz la CGT obtuvo el quinto opuesto, en Benalup-Casas Viejas este sindicato libertario obtuvo el primer puesto. El voto es secreto pero intuyo que se debe a que un grupo de interinos (y los que habían aprobado el año pasado las oposiciones) optaron por votarlo debido a que se sintieron apoyados por este sindicato en su lucha para obtener estabilidad en el puesto de trabajo. Yo estaba de interventor por otro sindicato, pero me gustó mucho que en Casas Viejas fuera uno de los lugares de Andalucía donde mejores resultados ha obtenido la CGT. Estoy seguro que había votado por él los mismos que al ir al colegio electoral pasaron en frente del monolito que la CNT Andalucía (ahora CGT) colocó en la Alameda en 1983, que constituyó el precedente de todo el potente movimiento memoralista y que ahora se encuentra exiliado en la plaza de los jornaleros sin saber nada de él. Lo mismo que tampoco saben que la CGT fue una de la que más contribuyó con su lucha a que el sitio donde mañana celebramos la comida de Navidad los profes del IES Casas Viejas (intuyo que decidido en gran parte con la misma tendencia de voto que en las sindicales) no se llamara María la Libertaria y se le cambiara por Utopía. No lo sabían pero ya lo saben y más que se van a enterar cuando hagamos una ruta por el recorrido fotográfico por los lugares de los sucesos que próximamente se va a instalar en el pueblo.
El tercer ejemplo de la importancia que tiene este profesorado joven que llega al IES también va a suceder mañana. Organizado por el departamento de Educación Física (en su mayoría compuesto por profesorado muy joven) se organiza la segunda carrera solidaria del IES Casas Viejas. Han conseguido implicar a gran parte de la Comunidad Educativa, participan todos los departamentos, el alumnados y el AMPA. Ya el año pasado, junto con las olimpiadas de 1934, también organizadas por ellos fue uno de los eventos más originales, creativos e interesantes de los organizados en el IES. Y el motor son estos profesores jóvenes, interinos (o que dejaron de serlo el año pasado) que tanto contribuyen al desarrollo del pueblo y que la administración no les ayuda a que permanezcan en el destino que desean.
El sistema de adscripción del profesorado resulta injusto e inoperante. Favorece al mundo urbano y perjudica al mundo rural. Desde hace tres años se ha establecido el famoso “concursillo” mediante el cual se perjudica a los centros ubicados en los pueblos, ya que se permite a los profesores más veteranos elegir centro preferente.
El 3 de diciembre se celebraron las elecciones sindicales de la educación en Andalucía. En Andalucía y en Cádiz la CGT obtuvo el quinto opuesto, en Benalup-Casas Viejas este sindicato libertario obtuvo el primer puesto. El voto es secreto pero intuyo que se debe a que un grupo de interinos (y los que habían aprobado el año pasado las oposiciones) optaron por votarlo debido a que se sintieron apoyados por este sindicato en su lucha para obtener estabilidad en el puesto de trabajo. Yo estaba de interventor por otro sindicato, pero me gustó mucho que en Casas Viejas fuera uno de los lugares de Andalucía donde mejores resultados ha obtenido la CGT. Estoy seguro que había votado por él los mismos que al ir al colegio electoral pasaron en frente del monolito que la CNT Andalucía (ahora CGT) colocó en la Alameda en 1983, que constituyó el precedente de todo el potente movimiento memoralista y que ahora se encuentra exiliado en la plaza de los jornaleros sin saber nada de él. Lo mismo que tampoco saben que la CGT fue una de la que más contribuyó con su lucha a que el sitio donde mañana celebramos la comida de Navidad los profes del IES Casas Viejas (intuyo que decidido en gran parte con la misma tendencia de voto que en las sindicales) no se llamara María la Libertaria y se le cambiara por Utopía. No lo sabían pero ya lo saben y más que se van a enterar cuando hagamos una ruta por el recorrido fotográfico por los lugares de los sucesos que próximamente se va a instalar en el pueblo.
El tercer ejemplo de la importancia que tiene este profesorado joven que llega al IES también va a suceder mañana. Organizado por el departamento de Educación Física (en su mayoría compuesto por profesorado muy joven) se organiza la segunda carrera solidaria del IES Casas Viejas. Han conseguido implicar a gran parte de la Comunidad Educativa, participan todos los departamentos, el alumnados y el AMPA. Ya el año pasado, junto con las olimpiadas de 1934, también organizadas por ellos fue uno de los eventos más originales, creativos e interesantes de los organizados en el IES. Y el motor son estos profesores jóvenes, interinos (o que dejaron de serlo el año pasado) que tanto contribuyen al desarrollo del pueblo y que la administración no les ayuda a que permanezcan en el destino que desean.
El sistema de adscripción del profesorado resulta injusto e inoperante. Favorece al mundo urbano y perjudica al mundo rural. Desde hace tres años se ha establecido el famoso “concursillo” mediante el cual se perjudica a los centros ubicados en los pueblos, ya que se permite a los profesores más veteranos elegir centro preferente.
Había un artículo el 77 de la Ley de Funcionarios Civiles del Estado, aprobada por el Decreto 315/1964, que disponía que los funcionarios deben vivir en el término municipal donde radique la oficina, dependencia o lugar donde presten sus servicios y que sólo por causas justificadas el subsecretario de departamento podrá autorizar la residencia en un lugar, siempre y cuando sea compatible con el exacto cumplimiento de las tareas propias del cargo. Esta ley siempre ha sido papel mojado, nunca se ha cumplido. En el curso 2018 hay en Benalup-Casas Viejas más de 104 docentes de ellos más del 60% no residen en el pueblo. Aproximadamente el 70% no tendrá una permanencia duradera en la localidad. Una pena, sobre todo, para la gente del pueblo.



