El último mito a abordar es el de la España rural como cuna del tradicionalismo y donde viven personas reaccionarias. Aunque hay gente en Benalup-Casas Viejas que piensan que hay ser ordenados y no dejar pasar a los pertenecientes a otras razas, que el sexo masculino es superior al femenino, que todo lo que viene de fuera es pernicioso, que cualquier tiempo pasado fue mejor, que los idiomas foráneos como mucho se hablan por señas, que los valores de orden deben regir la sociedad, que la religión debe ser un asunto público, no privado, que la guerra civil la ganaron para algo o que con Franco o contra él se vivía mejor, la mayoría de los habitantes de este pueblo no se adscriben a esos posicionamientos ideológicos. Aunque 195 votos de Vox en las últimas elecciones autonómicas son muchos votos para los que no nos gustan esos posicionamientos ideológicos.
Siempre se ha dicho que es un pueblo de interior pero con mentalidad de otro costero. Su origen migrante, humilde y jornalero ha dejado una impronta que todavía es fácilmente reconocible. Ya hemos hablado otras veces de como los jóvenes de Alcalá, Medina o Vejer siempre han alabado la concepción de la vida más abierta y tolerante que se tiene en este pueblo.
Sergio del Molino a la hora de abordar el mito de la España reaccionaria se centra en el carlismo. “El carlismo no logró triunfar, pero no porque su proyecto fuera disparatado. Durante sus primeros setenta años de historia fue la mayor amenaza para el estado liberal español, por encima de los revolucionarios socialistas y anarquistas. Y, aunque no logró imponerse, su persistencia como cultura política dominante en amplias regiones de la retórica de los nacionalismos catalán y vasco es heredada directamente del carlismo, lo cual no es extraño porque el foralismo y la vindicación de una España anterior al siglo XVIII incluía la recuperación de lenguas vernáculas e identidades periféricas. Cuando los nacionalistas vascos y catalanes empezaron a construir sus edificios ideológicos a finales del siglo XIX, se encontraron con que los carlistas ya les habían hecho casi todo el trabajo. En las zonas de influencia carlista se cultivaban el catalán y el vasco…. El carlismo supo halagar la autoestima de gente que se sentía marginada y despreciada. Les dio un relato y la ilusión de dominar sus propios destinos. Mientras los golfos y los liberales se reían de ellos y les exigían que hablasen en cristiano, los carlistas hacías que las palabras antiguas sonasen fuertes, dignas y actuales. Los carlistas los querían como eran, no los trataban de palurdos, no querían vestirlos con levita y perfumarlos. El carlismo pervive en España en todas las estrategias de seducción hacia el mundo rural. .. Vender tradición. Eso vendía también el carlismo. En las oficinas de turismo, en todos los planes de desarrollo rural con fondos europeos y en cada menú típico de cada asador hay un carlismo atmosférico que no se disuelve nunca. … Es el argumento de Bienvenido, Mister Marshall repetido en bucle. Cientos, tal vez miles de pueblos que reciben entusiasmados a cualquier portador de gallinas de huevos de oro. Los tiempos de la especulación urbanística, a finales de los 90 y principios de la década del 2000, alentaron una especie de fiebre de hormigón. Cualquier huerta arruinada heredada de los abuelos podría ser fuente de riqueza. Cualquier parcela podía interesar a los constructores de fantasías, aeropuerto y autopistas…. Es quizás la última derrota, la desesperación de quienes se han visto despojado de todo tras siglos de miradas de desprecio, burlas, cuentos de terror y salvadores que no llegaron a salvar a nadie…. A la España vacía real no le han quedado más que dos caminos: negar y destruir su propia tradición o representarla en una función ininterrumpida al gusto de aquellos que abandonaron hace mucho sus casas y sus calles”.
Siempre he mantenido que este pueblo tiene especiales potencialidades para el turismo. No sólo por sus recursos históricos y geográficos, sino por la idiosincrasia de sus habitantes. Son gente de ida y vuelta, de carretera y manta, buscavidas que se aposentan donde las circunstancias son propicias y que posibilitan una existencia digna. Por ello es tan común que el que llega aquí se enganche, se enrede y no pueda irse. Cuantos y cuantos casos conocemos de personas que azarosamente recalaron en este pueblo y han hecho de él su lugar fijo de residencia. En todos los pueblos pasa, aquí más. Como dice Sergio del Molino a finales del siglo XX y siglo XXI vivimos una época de boom urbanístico y especulación. Aunque hubo incidentes aislados y algunas manifestaciones contrarias puntuales en el carnaval la postura mayoritaria del pueblo fue la indiferencia.
Quien conozca Benalup-Casas Viejas, el tipo de fiestas, la concepción de las relaciones sociales y sexuales, la ética y moral imperante, el tratamiento al nuevo que llega, el devenir diario… seguro que está de acuerdo conmigo en que B-CV puede ser tachado de cualquier cosa menos de reaccionario y tradicionalista. Aunque desde la distancia y sin haber vivido aquí pueda parecer otra cosa.



