Pero la explotación de la pobreza no sólo se hace durante la Segunda República, como hemos visto en los casos de Buñuel, Patino o los fotoperiodistas, sino que también se instrumentaliza durante el franquismo (y también en la democracia, como veremos). El franquismo endosó al hambre, al ateísmo y el anarquismo la culpabilidad de los sucesos. Se consideraron unos hechos desgraciados, fruto de “ideas disolventes” que había que esconder, olvidar y superar.
Como escribió José Carlos Luna en ABC en 1937: “¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy… pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios”
Esa estrategia de esconder lo que pasó también se pone en práctica en el caso de las Hurdes. Sergio del Molino lo cuenta de la siguiente forma: “…Y si hubo alguien que entendió bien su importancia (la de esconder la miseria y reflotar las Hurdes) fue Franco. No Franco en sí, sino parte de la intelligentzia franquista de segundo orden, la que armaba de propaganda el Nuevo Estado impuesto tras la guerra… Salvar Las Hurdes era salvar España misma. Si funcionaban como metáfora por el todo. Unas Hurdes redimidas y civilizadas darían la razón a un régimen que se proponía salvar a España de España misma. Además, permitía subrayar la incapacidad y la anarquía de la República que había hecho de la comarca leitmotiv de su propaganda pero había sido incapaz de sacarla de sus miserias atávicas. Los monárquicos y los conservadores más convencionales que sostenían el régimen se sentirían aliviados de retomar una empresa de la que fue abanderado Alfonso XIII. Sin muchas fanfarrias, pero sin abandonar nunca el propósito, durante el franquismo se fue limando la leyenda negra de las Hurdes”.
Con Benalup de Sidonia se pretendió hacer lo mismo que con las Hurdes. De hecho tanto las Hurdes como Casas Viejas se convirtieron en objetivos del franquismo. Por un lado se trataba de hacer olvidar el pasado y por otro de realzar la grandeza del régimen con la erradicación de la pobreza. Las nuevas administraciones franquistas, que habían ganado la guerra, controlaban el pasado, el presente y el futuro y el cambio de nombre era otro instrumento más de esa estrategia. Pero esa estrategia no solo se limitó al cambio, al acuerdo no escrito de permutar Casas Viejas por Benalup de Sidonia, sino que se intentó, además, por los sectores más fundamentalistas, los falangistas, cambiarle el nombre por otro totalmente distinto.
Es interesante detenerse en la iniciativa del gobernador civil de Cádiz y Jefe Provincial del Movimiento D. Carlos María Rodríguez de Varcárcel en 1949 de cambiarle el nombre de Benalup de Sidonia por el de Casas Nuevas de José Antonio. Así apareció en la portada del Semanario La Voz del Sur, de Cádiz y su provincia de fecha 26-6-1949 en donde aparece con gran riqueza tipográfica el siguiente titular: “Casas Nuevas de José Antonio se llamará el Casas Viejas de Azaña”. En el cuerpo de la crónica se contextualiza la iniciativa en la consecución de un grupo de viviendas para “la aldea”. Tras alabar la labor y el trabajo del gobernador civil y jefe del movimiento, se pasa directamente a la iniciativa objeto del titular: “Nuestro comentario para su atención preferente, en esa feliz iniciativa del Jefe Provincial del Movimiento de denominar a la aldea de Benalup de Sidonia – la Casas Viejas de la revuelta anarquista de otros tiempos, la Casas Viejas de Azaña, en la que no se quiso “ni herido ni prisioneros,..- Casas Nuevas de José Antonio. Aquella aldea gaditana parecía resignada a seguir ostentando un nombre que podía significarlo todo menos la voluntad de ser”. Pero el periodista profundiza en sus argumentos. “Casas Viejas: chozas insanas, miserables, guaridas más que hogares. Sobre esta tierra gaditana han de alzarse casas nuevas, en una renovación radical y total de su fisonomía urbana, como ya es renovada su fisonomía moral, espiritual y patriótica. Porque es esta la doctrina que predicara José Antonio, la que da contenido y sustancia al Estado, a este Estado que no quiere que los españoles sigan viviendo en casas viejas, en tugurios innobles….Un pueblo en la ignorancia, viviendo como irracionales, en un medio infrahumano, es materia predispuesta a que la chispa del rencor y del odio prenda el incendio de la rebeldía para la que sólo se tuvo en aquellos días republicanos marxista en que vivió “Seis Dedos” las consignas de “tiros a la barriga” y “ni heridos ni prisioneros”. Termina la crónica concluyendo, relacionando la construcción de las nuevas casas, la aparición de un nuevo pueblo con la revolución nacional sindicalista de José Antonio Primo de Rivera. “A esa aldea de Benalup de Sidonia, a esa Casas Viejas se le va a borrar el nombre, ese nombre que era como una propia confesión de impotencia y una expresión de resignado conformismo ¡Casas Viejas, no! Casas Nuevas de José Antonio. Porque toda la tarea de elevar el nivel de vida de los españoles tiene el sello de aquél que murió porque amaba mucho a España, precisamente porque no le gustaba como era. Es un símbolo ese cambio de nombre y una afirmación de la capacidad creadora de la Revolución que tuvo por primer capitán a José Antonio”.
Fraga fue el ministro que más se preocupó por las Hurdes, tanto en el franquismo como en la Democracia, sabía que el mito de la pobreza podría ser muy rentable políticamente. Dice Sergio del Molino: “En 1964, un librito del Servicio Informativo Español, aparato de propaganda del Ministro de Información y Turismo (Manuel Fraga Iribarne), se proponía dar epitafio a la leyenda negra. Bajo el título de Las Hurdes, leyenda y verdad, su autor, Leandro de la Vega, da cuenta de los éxitos del régimen. En un tono triunfal pero comedido y con esfuerzo de asepsia y rigor, se insiste en que la miseria, el bocio, los hombres verdes, los niños muertos transportados río abajo, los expósitos usados como mercancía y los lactantes que maman de los pechos de madres muertas, si algunas existieron, ya no se encuentran bajo las nuevas Hurdes del Caudillo…”
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| Cerro de Franco |
En Benalup de Sidonia el franquismo fracasó en su intento de erradicar las chozas y construir el Casas Nuevas de José Antonio. Pero en los años sesenta el paradigma desarrollista tuvo su máxima expresión en la desecación de la Janda. Ya he contado otras veces que a Franco se le hizo un cerro artificial en la Mediana para que vieran como cerca de diez mil jornaleros recogían algodón. Siempre se cuenta que su frase era la misma y recurrente: “Esta es la España que a mí me gusta; la trabajadora”. Recuerda mucho a lo que ya escribió José Carlos Luna en 1937: “¡¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy, con sus adobes relumbrantes de cal y su cielo azul un poco velado por el humo de las tahonas y el de las humildes chimeneítas caseras pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios!!”
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| Casas Viejas 14-1-1933. Campúa. |


