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Foto Mintz. Kiosco móvil de Cayetano
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En la entrada anterior hablamos de los kioscos en forma general y nos centramos en el de Manuel el Rubio Gallinito. Hoy lo vamos a hacer en Balbino, en el de Antoñita la Carne y el de Cayetano. A modo de comparación terminaré hablando del kiosco del Largato, en la actualidad.
Balbino Montiano es un personaje de los que no se olvida, de los que permanece en el imaginario colectivo del pueblo.
Ana Sánchez Mañez: » Balbino vendía castañas asadas en la calle san Juan…tenía un bidón grande con carbón”
Manuel Cepero Casas: «Josefa Casas Romero se casó con Balbino Montiano, muy conocido en el pueblo porque vendía castañas ( el que hizo popular el dicho de «castañas rubitas y calentitas, no empujar, dejarse venir»
Otro kiosco emblemático era la taquilla del cine Román.
José Luis Pérez Ruiz: “Con el cine estaba comunicado el bar y una confitería-supermercado de una gran originalidad. Allí se vendía de todo, bajo la dirección de una de las tenderas más carismática de la localidad, ocupada siempre con sus bolsas de pipas, al tiempo que su dueña desgranaba las cuentas del santo rosario que emitía radio Juventud de Cádiz. Dentro de la confitería, había una ventanita junto a la puerta del cine donde se vendían las entradas»
En la Alameda nos encontramos el kiosco de Cayetano, el primer hombre que sembró altramuces en el pueblo. Consistía en un carromato con un kiosco móvil. La primera persona que tuvo ese kiosco fue Cayetano Moreno. Después lo compró Juan José González Gallardo, regentándolo su hija María Teresa González Alfaro. Según me cuenta Manoli Lago lo compró por 6.000 pesetas, lleno de chucherías. Luego lo quitaron por estética ya que al alcalde de entonces, José Romero, no le parecía bien que estuviera este kiosco en la plaza central del pueblo.
Actualmente ya no existen aquellos tradicionales kioscos, ni venden por las calles altramuces, avellanas o catufas. No obstante, siguen existiendo kioscos. Por ejemplo el que comentábamos al principio del lagarto. Sobre él escriben Luis Divina Ortiz y Patricia García en un trabajo para Cultura Emprendedora lo siguiente: “Es llamado así porque José María Ordónez Márquez de pequeño le puso una pegatina a su moto que ponía `el V´, y se le quedó ese mote. Había una serie llamada así donde aparecía un lagarto por ello es llamado ventorrillo el Lagarto. En sus comienzos estuvo en el kiosco al lado del instituto pero era de alquiler y a causa de una multa de 6000 euros dejaron el lugar para comprar y reformar donde actualmente se encuentra. Hay tres trabajadores por la mañana entre ellos dos son sus hijos y su mujer Josefa Romero Gonzalez. La jornada de sus hijos es de 10:00 a 14:00, luego entran dos trabajadores hasta la hora de cierre que es a las 23:00 de la noche normalmente. Hay un kiosco de chucherías. Junto está el bar, y luego una sala de fumadores a la derecha (hay muy pocas salas de fumadores legalizadas en España). Actualmente van abrir un supermercado en la c/ Paternilla lo que dará más puestos de trabajo. Este bar está abierto desde hace 7 años. Este bar actualmente es uno de los que más dinero gana y más variedad de productos para vender y lo que más atrae son los litros que están fríos y eso a la gente les gusta”.

