Escucho en la radio: “El olvido es la falsificación del
pasado. La mutilación de la Historia ha sido norma y herencia de todas las
dictaduras”. También leo que  Vox
presidirá la Comisión de la Memoria Histórica en el Parlamento de Andalucía. Parece
que ha sido una comisión que nadie ha querido, incluidos los partidos de
izquierdas y le ha tocado en último lugar a Vox. Escriben: “El Alzheimer
presidiendo la memoria”. La verdad es que a uno le dan gana de gritar lo que ya
dijo hace mucho tiempo Quino en boca de Mafalda.

Los que conocemos la historia de Benalup-Casas Viejas  sabemos que si hay un sitio en
el mundo donde se puede comprobar que el olvido es la falsificación del pasado
es en este pueblo. No sólo porque el franquismo eliminara el topónimo de Casas
Viejas o porque hablar de los sucesos se convirtiera en esa época en algo tabú
y prohibido. Sino también porque la recuperación de la historia de este pueblo está
costando un esfuerzo enorme. Tengo una polémica saludable con mi amigo Agustín
Coca sobre ello. Él mantiene que en este pueblo se ha recuperado la dignidad
histórica mucho más que en otros, yo digo que lo que ocurre es que partíamos de
niveles más atrasados que el resto. Posiblemente los dos tengamos razón y sobre
todo que como decía el gran Pepe Pareja en la discusión está la solución. 



Hay
algunas cosas que si me parecen claras. El problema de la historia de este
pueblo no sólo se reduce al intento de ninguneo, ocultación o/y falsificación
de los sucesos, sino a toda su historia en general. Para probarlo ahí están los
casos del Tajo de las Figuras, de la Morita, del Monasterio del Cuervo, el
exilio del monolito del 50 aniversario a la plaza de los jornaleros o del
legado de Mintz. Unos alumnos del IES están haciendo un trabajo para la XXI
exposición del IES Casas Viejas sobre el legado de Mintz sobre la asociación
los amigos de Mintz y me preguntan que por qué está costando tanto recuperar su
legado. Le respondo con dos frases hechas, pero me da por pensar. Hace dos o
tres días escribí en este blog que:” La resistencia a que se conozca la
historia del pueblo y la obra de Mintz, tiene causas concretas y responde a una
estrategia y unos objetivos claros”
. Una asidua lectora de este blog y a la que
yo le agradezco enormemente su complicidad escribió en el Facebook de La
historia de Benalup a través de las imágenes: “Maria Ángeles Bancalero Ordóñez: No se a qué se pueda deber que no hayamos empezado a conocer la historia de
nuestro pueblo, no creo, mejor dicho, no quiero pensar que se deba a una
estrategia”.
Yo le contesté que no me refería a hechos concretos, sino a cosas
abstractas. Lo mismo que me da igual acotar el término memoria histórica sólo
para los hechos ocurridos en el franquismo y el resto denominarlo historia
social, porque pienso que forma parte de la misma trama, lo que ha ocurrido con
el legado de Mintz forma parte de un proceso general que ha ocurrido con toda
la historia de Casas Viejas y yo lo extendería a Andalucía y España. Pero también
es verdad que esta tesis se fundamentan en datos concretos. Es cierto que la
Guardia Civil amenazó a la pensión del patio Varelo con pedirle los papeles de
ella si seguía viviendo allí Mintz o que lo investigaron sobre el por qué le hacía
tantas fotos a niños o que le espiaban sus conversaciones o que tenía que
utilizar a su amigo Juan Moreno para llevarse el material trabajado a Cádiz
para desde ahí embarcarlo en Rota, o que quedaban en sitios remotos para grabar
a sus informantes. O que muchos propietarios prohibían o aconsejaban a sus
trabajadores que no hablaran con él, con el pretexto falso de que era comunista. Es cierto que su legado ha tardado más de lo
lógico en volver al pueblo al que pertenece y que la ignorancia y la indiferencia
hacia él ha sido la característica dominante hasta hace muy poco. Que el libro
Los anarquistas de Casas Viejas se traduzca por la Diputación porque Ricardo
Rodríguez en su bar consiguió arrebatárselo/que se lo diera a un médico gallego
que trabajaba en EEUU no es sólo una anécdota. Tengo clarísimo que el intento,
explícito o implícito, de que se olvide el legado de Mintz no es más que otra
falsificación del pasado, en un pueblo que tantos problemas ha tenido con su
historia, con la propiedad privada y con la marginación y aislamiento, formando
parte de una cuestión que afecta a otros aspectos más generales. 



En un programa
radiofónico, Ángel Gabilondo, con su humor sutil, contaba un chiste filosófico.
Un filósofo pregunta a otro qué pecado es peor, si el de la ignorancia o el de
la indiferencia, y el otro le contesta “ni lo sé, ni me importa”. Una pregunta,
¿hay gente en Benalup-Casas Viejas que ni sabe, ni le importa la historia de este
pueblo? Si la hay, ¿es casualidad o responde a una estrategia? ¿Quién sale
ganando y perdiendo con ello? ¿Cuántas veces hemos escuchado que hay cosas
mucho más importantes que las relacionadas con la historia? Alguien estará
pensando que hoy estoy un tanto crispado. Es cierto que me ha mosqueado mucho
que Vox (por lo que significa y por la forma en que se ha producido) presida la comisión de memoria histórica del Parlamento de Andalucía y
por eso estoy intentando desahogarme escribiendo este post. Del mundo no me
puedo bajar, de un equipo técnico de memoria democrática al que pertenecía si
lo voy hacer. Pero no voy a dejar de escribir y luchar por lo que creo. Ya lo
dijo José Saramago: “Hay que transmitir la memoria histórica (o la historia
social añado yo), porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia”.
Pocas cosas tengo claras en esta vida, una de ella es que  sé y me importa que el olvido es la falsificación del pasado.
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