El padre Muriel
Y llegamos al final de esta serie, al menos, esperemos que sea así, por ahora. Ya os he contado que siempre he tenido mucho interés por la figura del hermano Antonio. Pero siempre me topaba con una primera gran dificultad. Sabía que había mucha leyenda, mucho dato escondido y sobre todo mucho desconocimiento. No sabíamos ni como se apellidaba.

De hecho cuando Jesús Máñez se entera a través de Rafael Cruz que lo conoció como se llamaba es cuando yo le doy el nombre a Luis Moreno Escobar y podemos encontrar su expediente militar en Madrid (FE de la JONS y Ávila en el archivo de la División Azul). Otro dato que me sorprendió fue que José Antonio Gutiérrez Álvarez me contó que en los expedientes de la Guardia Civil sobre él no aparece su nombre, sino sólo el del hermano Antonio. Había escuchado varias veces que el hermano Antonio se atrevía con tareas propias de los curas, pero Miguel Mateos, mi informante para este tema, me aclara la cuestión definitivamente. Era verdad que vestía un hábito (“vistiendo ocasionalmente un hábito vagamente carmelitano” en palabras de Luis Mora Figueroa)  y que tenía la barba muy larga por la cintura, pero para nada bautizaba, comulgaba o casaba a la gente, simplemente hacía de intermediario. Cuenta que como en aquella época, por aislamiento no por cuestiones ideológicas, en la sierra vivía mucha gente que no se había casado o que no había hecho la comunión el hacía de intermediario. Por ejemplo, cuenta como llevó al padre Jandilla en su caballo hasta Zanona para casar en la cama al «cojo de Zanona» y su mujer. Como reclutó a 30 muchachos, entre ellos Miguel mi informante con 18 años, para que vinieran a Benalup y hacer la primera comunión con el Padre Muriel. Después el hermano Antonio les dijo que no podían pecar y que no les podían echar piropos a las mujeres. Me cuenta Miguel que él siempre lo vio como una persona que sabía mucho, que era muy bueno y que hacía de intermediario con los curas. Para aquellos muchachos del campo los sacerdotes era algo extraño y el hermano Antonio hacía de enlace y mediador con ellos. 


Por último me da un dato que a mi parece una llave que me abre un misterio. Dice que del Padre Muriel le viene lo de Hermano Antonio. Es decir, que el nombre de Hermano Antonio con el que pasó a la posteridad, hasta punto que borró sus apellidos se lo puso el Padre Muriel. Ya que en unas misiones dijo que era «un santo que había caído del cielo». Con estos datos me atrevo a dar una interpretación. Espero que otros la confirmen o la refuten. A finales de los cuarenta  una buena parte de la población de Benalulp de Sidonia vive en la sierra y al cura, el padre Muriel, por distancia física y psíquica le cuesta acercarse a ella. La Guardia Civil está terminando con los maquis y el contrabando que domina la zona. Es necesario adoctrinar a la población que allí vive. Un militar culto y formado que viene huyendo de su pasado en la División Azul se establece allí. Antonio Prieto Santiago se busca la vida como lo ha hecho siempre sobreviviendo gracias a sus conocimientos, en este caso dando de leer y escribir a los niños de los parroquianos de la sierra donde  reina el más absoluto analfabetismo. Entra en contacto con el cura del pueblo al que facilita algunos bautizos y comuniones, al mismo tiempo que hace de intermediario. A Antonio Prieto le es más fácil el contacto con esta población que al Padre Muriel. En 1947 en la misión pedagógica de los dominicos (hay un hermoso libro sobre ella de Don Manuel Sánchez Sánchez) lo bautiza como el hermano Antonio, porque en palabras textuales es como “un santo que había caído del cielo”. Yo pienso que también es un milagro que Miguel Mateos se acordará de esta frase que a mí tanto me ayuda a esclarecerme un asunto que me interesaba y desconocía tanto. Estamos en plena postguerra y que hay que cerrar heridas. El Padre Muriel ya ayudó a Don Manuel Sánchez, Ricardo Rodríguez, Juan Román, Cristóbal Martínez, Antonio Ríos… entre otros a que se olvidará su pasado proclive a la Segunda República y se integraran en el nuevo mundo del nacional catolicismo. No sólo no tuvieron problemas sino que también ocuparán un lugar dentro de las élites sociales y políticas del momento, siempre utilizando el mismo instrumento de reinserción; la religión. Lo mismo que el hermano Antonio, que vestía “ ocasionalmente un hábito vagamente carmelitano” y que este nombre le borró sus verdaderos apellidos, hasta que Jesús Máñez me los dio a través de Rafael Cruz y yo se los dí a Luis Moreno Escobar y Enrique Carabaza tradujo la información militar. Sirva todo ello para que aparezcan nuevos datos que nos ayuden a entender mejor el caso del que fuera el enigmático hermano Antonio. Nuevos datos estoy seguro que hay… Ahora fotos… pago una comida por alguna.
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