Fotografía de Isabel Mateos y Andrés Barberán
Los fielatos servían para cobrar la tasa municipal de consumo que debían pagar los productos que entraban en el pueblo. Los fielatos son locales que controlan la entrada de todos los productos que venga de fuera. Dice el diccionario: «Oficina instalada a la entrada de las poblaciones que recaudaba el antiguo impuesto de consumos». En Benalup se llaman «el punto». Los fielatos que tienen su origen en el siglo XIX en Casas Viejas redoblan sus funciones en la primera etapa del franquismo pues el control de la economía por parte del estado es total en los años cuarenta, años de autarquía y miseria. Los fielatos sirven para reprimir el estraperlo y cobrar la tasa municipal que debe satisfacer cualquier producto de consumo introducido en el núcleo urbano.

Estado anterior a la rehabilitación. Obra de reforma realizada en 1945


En Benalup había dos, el del Tesorillo (donde las mujeres que venían de la sierra se bajaban de las bestias) y otro frente al colegio público Padre Muriel. El primero lo rehabilitó el ayuntamiento en 2017; el segundo se reformó por completo y no se conserva de él huella alguna. Dice Juan Manuel Gutiérrez Vidal :” En aquel entonces era un sitio donde los chiquillos lo frecuentábamos muchos por lo menos el del Tesorillo. Los consumistas como tenían mucho tiempo libre se dedicaban a hacer manualidades y las vendían. Por ejemplo reores, cestas, sopladores, pinceles, escobas ,perchas, lazos y se llamaban Pepe Guillén, José Alcántara, Carrasco y Diego el celador. Estos señores unas veces estaban en el Tesorillo y otras veces en el Ayuntamiento viejo o en la esquina del bar la Peña. Iban rotando los turnos. El otro fielato lo único que te puedo decir de él es que estaba donde ahora está el colegio Padre Muriel”
Antiguo fielato de la calle Medina sometido a obras de reforma.


Las viviendas, y en concreto las puertas, como elementos «vivos», sufren los lógicos procesos de envejecimiento. Para revitalizarlos se practican dos tipos de operaciones urbanísticas: renovación y rehabilitación; la primera tiene, frecuentemente, consecuencias perniciosas para el patrimonio. En la actualidad se está imponiendo la rehabilitación, que significa adecentar y conservar el máximo de esencia; lo que el ayuntamiento hizo con el antiguo fielato. La rehabilitación es una opción que hay que tener en cuenta a corto y medio plazo para afrontar el grave problema de deterioro que sufre el centro histórico. 
Foto Jerome R. Mintz


Parece que hay consenso generalizado ante que la rehabilitación es mejor opción que la reforma. La actuación que llevo a cabo el Ayuntamiento en 2017 con el fielato (cuya última reforma se realizó en 1944) parece que es la correcta. Lo que ya no hay tanto unanimidad es cuando el inmobiliario a rehabilitar es de propiedad privada como ocurre en la mayoría de las puertas del casco antiguo de esta exposición. Hasta que punto los poderes públicos pueden obligar a los propietarios a cuidar o rehabilitar una propiedad privada pero que afecta al interés colectivo, tanto a nivel de patrimonio cultural como económico, es una cuestión polémica. Por ello parece interesante que observemos las actuaciones que han llevado las instituciones públicas en otros cascos antiguos, sobre todo en los del entorno como Medina o Cádiz y los resultados obtenidos.  
Plano de reformas en el fielato. 1945.


Parece claro que la última crisis de la construcción de la que acabamos de salir nos debió habernos enseñado que la especulación no puede convertir a la ciudad en un instrumento para ganar dinero fácil y rápido, sino que esta es el lugar donde se desarrolla una convivencia diaria que debe estar sujeta a una reglas de juego claras y precisas. A finales de los ochenta se impuso el concepto de rehabilitación integrada que contemplaba entre otros elementos la posibilidad de “incitar y obligar a la propiedad privada a la realización de los oportunos proyectos de mejora y mantenimiento del parque inmobiliario adquiriendo, permutando, compensando o expropiando viviendas y solares cuyos propietarios se desentiendan reiteradamente de su conservación”. Me parece que este debate es más profundo y efectivo que el de la supuesta peatonalización del casco antiguo. Parece claro que no hay presente sin pasado y ese es el objetivo de esta serie sobre las puertas estudiando el origen de estos inmuebles. Por ello la rehabilitación integrada parte de la base de construir el futuro sobre el patrimonio heredado. Sea de titularidad pública o privada. Porque la historia nos puede enseñar que no es natural que unos muchos salgan perjudicados del beneficio de unos pocos.


Calle Clavel. Entrada por la carretera del Castaño (A-2226)
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