Ayer tuvo lugar el acto público de nombramiento de la plaza Catalina Silva Cruz. Cuando en un acto de este tipo todos los que intervienen de una forma u otra en él terminan satisfechos de su participación individual y colectiva es que el evento se desarrolló satisfactoriamente y con normalidad. Si tuviera que resumirlo en tres palabras escribiría emotividad, memoria (perdón pero no olvido) y dignidad. Me ha parecido oportuno publicar la mi intervención y el escrito que enviaron los hijos de Catalina y el de Miguel Sen (los textos que se leyeron que tengo en mi poder).
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| Blanca Esther García Gutierrez, familiar de Catalina,se dirige a los asistentes |
Intervención de Salustiano Gutiérrez Baena
Andrés García se puso en contacto conmigo y me pidió que abriera este acto con unas palabras sobre el contexto histórico de Catalina, es lo que voy hacer de forma breve.
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| Blanca Esther García, Rosa Pérez, Francisco Navarrete, Salustiano Gutiérrez y José Luis Gutiérrez Molina |
Catalina nació en la calle Nueva en 1917. Fue el regalo de reyes de la familia Silva Cruz, pues nació un 6 de enero. Se crió en el seno de una familia anarquista, de hecho con su hermana, sus primas María y Catalina, y otras amigas como Francisca Ortega y Ana Cabeza formó parte del grupo feminista juvenil y ácrata Amor y Armonía. En los sucesos de enero del 33 participó con su hermana María en la manifestación de las primeras horas del día 11. Durante el asedio al casarón de su abuelo estuvo dentro visitándolos alguna vez y después huyo a la Morita con el resto de la familia. El clima asfixiante que se impuso en Casas Viejas después de los sucesos, afecto de forma especial a su familia, la más negativamente damnificada por estos hechos, obligándola a marcharse primero a Cádiz para terminar recalando en Paterna. Allí les pilló el golpe de estado. Los sublevados raptaron y fusilaron a su hermana María y ella marchó a la zona republicana. Toda la guerra la pasó huyendo de un lugar a otro, hasta que a su conclusión terminó refugiada en Francia: En el país galo continuó la persecución y el sufrimiento debido al trato que dispensaron a los republicanos españoles el gobierno de Vichy y el nacismo. Acabada la Segunda Guerra Mundial se estableció en Montauban, donde murió en agosto de 2017, con un siglo vivido. Cien años repletos de represión y penalidades, pues Catalina Silva Cruz reúne todos los requisitos de las grandes perdedoras de la historia de España; Mujer, pobre e izquierdista.
A todas las derrotas sufridas en su vida hay que añadirle la del olvido al que se le condenó en su pueblo. Esta casaviejeña sobrevivió al capitán Rojas, a las tropas sublevadas franquistas, a Pétain, a Hitler…, pero no pudo sobrevivir al silencio y a la indiferencia a la que la condenaron en Casas Viejas. Miguel Sen en 2005 escribió la memoria muda, una novela donde Isabel la protagonista se queda muda ante el terror vivido en los sucesos de Casas Viejas y luego termina exiliada en Francia. El paralelismo con la vida de Catalina resulta más emocionante aun cuando se sabe que Sen no conocía el caso de Catalina, pero la magia de la literatura hizo que la realidad y la ficción se fusionaran.
Con el nombre de esta plaza que celebramos hoy, la memoria de Catalina deja de ser muda en su pueblo, este acontecimiento representa un acto de restitución, como sinónimo de devolución de la dignidad y de la recuperación de la identidad perdida, y como antónimo de la usurpación, la expulsión y la apropiación del espacio público por parte de los vencedores.
Esta plaza de Catalina Silva Cruz se encuentra junto a calles con el nombre de su hermana, de su abuelo o de su amiga Manuela Lago. Todos ellos perdedores en esta historia de este pueblo que está dejando de ser triste, porque no está terminando mal. Para completar el círculo resta la vuelta del monolito a las víctimas de los sucesos a la Alameda, donde la CNT-Andalucía lo colocó en 1933. Tanto el nombre de las plazas y calles, como la ubicación del mobiliario urbano tiene un gran simbolismo como apropiación del espacio público y de adecuación de este a los tiempos que vivimos. Por ello que una plaza de Casas Viejas reciba el nombre de Catalina Silva Cruz, una mujer que fue derrotada, desterrada y olvidada significa saldar una vieja deuda que Casas Viejas tenía con esta familia. Gracias a todos los que lo han hecho posible.
Los hijos de Catalina enviaron el siguiente escrito leído por José Luis Gutiérrez Molina
Un agradecimiento incondicional a José Luis por aceptar de representar nuestra familia en esta ocasión. Es lo que nuestra madre hubiera querido. Es un momento muy emocionante que respecta su memoria. Es para nosotros un gran honor de saber que una commemoración a nombre de Catalina Silva symbolise su vida y su acción mientras esta terrible tragedia.
Nuestra madre guardó siempre la esperanza de volver a su tierra. Con 19 años salió huyendo por aquellos montes para salvar su vida. Sobrevivió gracias a la solidaridad de los compañeros entre ellos. Mientras muchos años no pudo comunicar con su familia. Ella continuó a luchar por una España libre hasta este horrible momento de enero 1939 cuando pasó la frontera con miles y miles más.
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| Edudardo Cortabarra,Cecilia González, Manuel J. Moguel y Sonia Escámez |
Nunca abandonó la nacionalidad española. Su sueño fue siempre de
volver a su tierra. Pero eso no podo ser. En casa nuestros padres nos prohibían de hablar francés con la misma perspectiva : « Si mañana regresamos a España… »
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| Rosario Espinosa, Andrés J. García,, María Espinosa, María José Grimaldi, Maribel Gallego y Carmen Sánchez |
Siendo nosotros niños poco nos habló de lo ocurido. Era indicible.
Tal vez por protegernos, tal vez también por miedo de no ser entendida. Quién iba a creer un tal relato. Fue gracias a José Luis que aprendimos muchos detalles sobre su vida. Fue al unico que aceptó confiarse. Antes, muchas personas la solicitaron como también solicitaron a nuestra abuela María Cruz que jamás contó lo ocurrido delante un extraño.
Esta letra que José Luis le mandó la cambió completamente. Ella nos dijo : « con este hombre voy a hablar porque siento que es de confianza. » Y no se equivoco.
Nuestra madre siempre decía : « Yo perdono pero no olvido, porque olvidar es exponerse a volver a vivir lo sucedido. »
María y Catalina están ahora reunidas. Que sus nombres grabados sobre la piedra en Paterna y en Benalup perpetuen esa memoria.
Muchíssimas gracias a todos los protagonistas de este acontecimiento.
Un saludo fraternal para todos.
Agustin, Universo y Estrella.
Escrito enviado por Miguel Sen leído por David Flor Ladrón de Guevara
RECUERDOS DE CUANDO ESCRIBÍ “LA MEMORIA MUDA”
Decía el profesor Ramón Margalef, padre de la ecología que cuando un río se muere, siempre encuentra dos voces que quieren explicarnos lo que ha sucedido. Una dice que es imposible sea culpa del entorno, otra que asegura que ha sido la destrucción de este mismo la causa de su desaparición. Lo malo es que el río no tiene más voz que su susurro y este, con toda su verdad, nunca llega a la opinión pública.
Cuando escribí La Memoria Muda me dejé llevar por la intuición. Conocía todas -o casi- las versiones escritas, pero algo me decía que faltaba una voz, la del río, la de aquellos que vivieron los sucesos y que solo contaban con su silencio para explicar lo que habían vivido. Así surgió la figura de una niña, que como el río, queda sin habla, muda durante años, testigo de lo que los demás vieron, no vieron, escribieron o dejaron de citar por excesivamente espeluznante.
Ya estaba la novela en la calle cuando un sábado por la tarde me llamó por teléfono una señora con ese acento, que como conocedor de Las Landas francesas, sé que tienen los españoles nacidos en el exilio. Me dijo que cómo sabía la historia de su madre, Catalina Silva, preguntándome si existía algún superviviente más que yo conociera y que se hubiera mantenido en silencio. Pienso que pude convencerla de que en mi caso el destino me había hecho depositario de la fortuna extraordinaria de intuir una historia que resultaba cierta. La ficción no lo era, la realidad narrada sí. Creo que ha sido el momento más impresionante en mi vida de escritor, y quizás la lección más importante que he tenido de cómo acercarme a un tema. Con total humildad os digo que si hay alguien que se merece figurar en la Historia es Catalina, la mujer, que como el río, perdió la voz para recuperarla ahora entre todos.
















