Hace ya mucho tiempo que no escribo nada en la sección película de la semana y hoy va a ser el día de la reconciliación. Resulta que un grupo de amigos picados de la historia llevamos dos semanas intranquilos por el estreno de la película de Amenabar, mientras duré la guerra.

“Mi primo Guille” y yo teníamos cierto temor de que al final fuera una obra más de la corriente revisionista de la historia que argumenta que tanto los sublevados como los vencidos hicieron las mismas barbaridades, tuvieron la misma responsabilidad y partían de la misma legitimidad. Otro me pidió un post sobre la película. 



El domingo me fui sólo a verla a Chiclana, hacía años que no veía una película sólo, y comprobé que la película iba sobre el inicio de la Guerra Civil en la zona rebelde y en base a la figura de Franco y Millán Astraid por un lado y la de Unamuno y sus amigos por otro. Escribe Oti Rodríguez en el ABC: “La mirada de la película se centra en dos picos narrativos, las idas y venidas de Miguel de Unamuno (del desencanto con la brutalidad sangrienta de la República al apoyo y posterior desencanto con la brutalidad sangrienta de la llegada del ejército nacional a Salamanca) y las intrigas y cálculos bélicos en el Estado Mayor de las tropas sublevadas, con la figura del general Franco en primerísimo plano”. 




Dice mi admirado Carlos Boyero sobre la película: “…se haya planteado crear Mientras dure la guerra, retrocediendo hasta 1936 para hablar de un infierno perpetrado por las dos Españas, en nombre de Dios, la patria, el fascismo, el rojerío, la hostia en verso. Se sitúa en una Salamanca tomada por los feroces sublevados contra una República imperfecta y caótica, pero legitimada por las urnas…. denunció su sinrazón y su salvajismo en un discurso memorable con el que se estaba jugando la vida. Amenábar no solo hace un retrato poderoso de ese hombre contradictorio, corrosivo, desgarrado, dubitativo, sincero y honesto. También del taimado Franco y del volcánico Millán Astray”



Amenabar reconstruye el incio de la guerra y nos adelanta como esta guerra no se iba a acabar nunca, de hecho Franco muere en 1975 en la cama y ahora esta de rabiosa actualidad por el intento del PSOE de Pedro Sánchez de exhumar los restos del Valle de los Caídos, pasa como el monolito de los sucesos de Casas Viejas, que periódicamente sale a la palestra polémica y es exponente de nuestra guerra que no acaba nunca. Miguel Ángel Palomo escribe en Film Affinity : «Mientras dure la guerra» es un ejemplo de cine que analiza la historia para intentar entender el presente a partir de la comprensión del pasado. Y que muestra, con apabullante claridad, que muchos de los conflictos actuales ya existían, larvados unos, vivos otros, hace más de ochenta años”. Luis Martínez, por su parte,  en El Mundo cuenta: “La guerra, en efecto, aún dura. Y lo que nos queda, nos viene a decir Alejandro Amenábar en su última película presentada en el Festival de San Sebastián. Las banderas de ahora son las de entonces; las dudas, las mismas, y las heridas siguen sin cicatrizar por el lado que más sangran. Es cine que hace pie en la historia, pero que no oculta su vocación por la polémica y, sobre todo, por el presente….  El mismo Amenabar dice: “Cuantas más vueltas daba a la película, más me daba cuenta de que estaba hablando de lo que ocurre en España hoy. Mi película es un espejo del país. El panorama que retrata conecta más de lo que pudiéramos pensar con nuestra actualidad política. Nos guste o no, el padre de la España de hoy es Darth Vader: Franco. Muchos de nuestros males se cocieron durante su dictadura y no los hemos sabido resolver”.



Por supuesto que el personaje que más me atrae de la película es Miguel de Unamuno. Ya en 1979 cuando leí San Manuel Bueno mártir, me tiró los palos del sombrajo y desde entonces me seduce ese espíritu contradictorio, ese pesimismo, esa ironía, esa acritud, esa retranca… el personaje que defiende al socialismo con Primo de Rivera, al mismo tiempo que critica al rey, que clama por la llegada de la Segunda República y cuando viene se opone frontalmente a ella, lo mismo que hizo con el golpe militar. Fue el representante máximo de una generación, la del 98 que terminó por perder un imperio donde no se ponía el sol. Carlos F. Heredero: “Trazar un retrato de Miguel de Unamuno durante los días que vivió en Salamanca tras la sublevación fascista protagonizada por Franco contra el legítimo gobierno de la República era una tarea ciertamente ardua. La figura del escritor y pensador español es compleja y contradictoria donde las haya, está llena de sombras y luces y, en consecuencia, ofrece mucha resistencia a cualquier intento de simplificación divulgativa modelo Reader’s Digest”. Tengo un amigo que me lo recuerda mucho.




Si Karra Erralde le da vida a la perfección a Unamuno, no menos hace el catalán Eduard Fernández a Millán-Astray. Como se ve en la película Franco le encarga la propaganda del régimen confiándole el cargo de ministro. Así, en 1936 funda Radio Nacional de España, la radio oficial de los nacionales. Para el historiador Paul Preston, Millán Astray tuvo una «participación de vital importancia» en el ascenso de Franco como jefe de Estado. El histriónico, exagerado y rocambolesco Millán Astray va terminar sus días de acuerdo con el personaje. Se casó con la hija de un general que había prometido voto de castidad, por lo que en 1942 la abandonó por  una sobrina de Ortega y Gasset. Ante el escándalo del adulterio se fue con ella a Lisboa, cuidando la hija de ambos, la portuguesita, la madre biológica y la esposa de Millán, a la que la llamaba tita. 




El tercer personaje de la trama es Francisco Franco Bahamonde, en el que en la película aparece por dos veces la frase que de él dijo Sanjurjo: “Franquito, Cuquito, que sólo va a lo suyito”. También hace una magnífica interpretación Santi Prego. No veo personajes malos y buenos, no veo el típico maniqueísmo que domina en muchas películas sobre la Guerra Civil. Veo unos personajes listos, que se adaptan a las circunstancias, que trepan, vencedores, que tienen unos principios pero los cambian si es necesarios… y otros inteligentes, perdedores, contradictorios, pero que no se callan ni debajo de agua. Este es Unamuno en la escena final tras los discursos totalitarios, contra vascos y catalanes de Francisco Maldonado y José María Pemán. Como escribe Miguel Ángel Palomo en Film Affinity: “En el enfrentamiento final en el paraninfo de la Universidad de Salamanca entre un Millán-Astray arropado por el poder y por la horda de falangistas y legionarios que lo rodean y un Unamuno que alza la voz ante la barbarie, en su «Viva la muerte; es decir, muera la vida» y, por descontado, en su «Venceréis, pero no convenceréis» vive el espíritu de una película que sugiere que nos miremos a nosotros mismos, tantas décadas después, para que juzguemos los muchos o los escasos avances obtenidos. O que queramos empezar a conseguir”.




También me recordó mucho la historia de este pueblo este asunto de la adaptación y el conformismo, por un lado, y la rebeldía y el no me rindo por otro. Son las dos caras de la misma moneda, los que comulgan con ruedas de molinos para llevarle la razón a Darwin y su idea de equiparar adaptación con inteligencia y los que son derrotados, pero no vencidos, porque no claudican nunca o como dice Pérez Reverte: “Porque hay gente que no se rinde nunca o no se acuerdan de hacerlo”


 En principio, Franco y sus asesores consiguen que la Junta de Defensa lo nombre generalisímo, mientras dure la guerra, Cabanellas, se da cuenta y protesta. Pero el pobre general de la barba no sabía que la guerra iba a durar hasta hoy mismo. Franco, «Paquito, fue muy cuquito y fue a lo suyito», mandó en España hasta el 20 de noviembre de 1975 en que murió en su cama.

Llevo más de veiente años dando clases de Historia de España en segundo de Bachillerato. Y creo que no ha habido ni uno en el que no haya contado que «en su templo de la inteligencia» Unamuno le dijo a Millán Astraid aquello de «vencer no es convencer». Se lo digo para que entiendan mejor la Guerra Civil y por si alguna vez le hace falta utilizar la frase. El que quiera entenderla en su complejidad y contexto ya puede ver esta película, merece la pena. Os recomiendo que la veáis y si puede ser donde se ve el buen cine, en el cine, mejor. Lo mismo, al menos a nivel nacional, estamos asistiendo al fin de esta guerra.
A propósito de esta película Aday Quesada ha escrito: «La palabra es fuerte porque engendra la acción. Miguel de Unamuno escribe también : «Los guardias civiles trabajan». Esos hombres no tienen espadas. Sin embargo, en Casas Viejas demostraron que sabían traducir rápidamente ciertas palabras al lenguaje de las ametralladoras. Estoy profundamente convencido que al conocer la tragedia de Casas Viejas, Miguel de Unamuno tuvo que pasar horas penosas…En otro tiempo, la literatura conocía la censura del Estado; en nuestros días tiene que plegarse ante otra censura: la de su «conciencia cívica». Yo, por mi parte, prefiero infinitamente más un sencillo cantar en labios de un aldeano de Extremadura que una poética y profunda justificación de los asesinos de Casas Viejas»
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