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| La Periquina. Foto Mintz |
Seguimos con esta serie de mujeres rurales y antiguas. En este caso me voy a valer de un fragmento de María Sánchez y otro de Pepa Barrios.
Dice María Sánchez: «Mujeres que cuidan nuestro medio rural y hacen posible el alimento y el territorio. Mujeres que con sus manos abren paso, marcan un nuevo camino hacia la soberanía alimentaria. Campesinas, ganaderas, jornaleras, agricultoras, artesanas, pastoras. Las mismas mujeres que dejan abiertas las puertas de sus casas para que sus vecinas entren en cualquier momento que comparten lo que recogen en el huerto o cualquier alimento que llega a casa, todas esas mujeres que viven en nuestros pueblos. Mujeres que apenas vi en las fotografía y vídeos de las manifestaciones. Mujeres que no aparecían en ningún manifiesto. Sentí pena, una mezcla de tristeza con rabia. No lograba entender ¿Dónde se encontraba breca? ¿Por qué unas calles tan llenas y otras plazas tan solas?
Trabajo en dos mundos, el rural y el cultural, intento aprender a complementar y que se lleven entre ellos, aunque se peleen, se quiten tiempo al otro y muchas veces se contradigan. Mi parte escritora estaba encantada con todos los manifiestos feministas y todo el movimiento y el apoyo del mundo de la cultura a la huelga del Ocho de Marzo. Pero ¿y mi otra parte? ¿Hacia dónde tenía que mirar para encontrar esa misma fuerza y cobijo?
Mi amiga Pepa Barrios dice:”Para mí entender la mujer tiene poca relevancia en la sociedad y mucho menos en los años en los que nació mi abuela 1898. Pepa Moreno Caro era auténtica, directa, fuerte y valiente. La vida de las mujeres se hace histórica, se hacen invisibles y me niego a pensar que más de la mitad del género humano carece de historia por falta de igualdad. Mi abuela, una mujer de acero. Enviudó con 55 años, parió 20 hijos, vio morir a 15, algunos recién nacidos y otro por accidente ya era un adolescente, cuando murió su hijo Manuel también falleció una niña recién nacida. La internaron en un manicomio. Mi abuela no estaba loca, la situación fue de locura, intentar adaptarse a ella, a esa vida era más que difícil. Permaneció un año en aquel lugar, ella nunca estuvo encerrada era libre de pasear y su tiempo lo empleaba en limpiar todo lo que estaba a su alcance, me contaba que las mesas de madera estaban clavadas al suelo y ella con estropajo y arena las dejaba rubias como un sol, sus aventuras dentro del centro las recordaba perfectamente y su vida era normal, todo lo normal que puede ser una persona sin felicidad dentro de ella, no podía encontrarla en ninguna parte, yo creo que se ganó a pulso su cansancio emocional.
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| Pepa Moreno Caro |
Mi abuela era un torrente de inteligencia sin saberlo, aprendió sola a leer, le apasionaban las novelas. Su madre, mi bisabuela, murió siendo ella muy jovencita, su padre volvió a casarse y para ella no fue fácil. Recuerdo a mi abuela exactamente igual que las mujeres que aparecen en las fotos de la historia del pueblo Benalup- Casas Viejas . Vestida de negro con un delantal de cuadritos negros, siempre involuta mente peinada con un moño, grande, alta, y su cara reflejaba bien esa bravura de las mujeres hechas más a lo malo que a lo bueno, no le gustaban los chismes de vecinas y te exigía ser cabal. Ella practicaba la ¿aparafolia? Como decía en un post Santo, «amor a los pobres». Para dar un toque de humor os contaré algo que le ocurrió dentro del Sanatorio metal. En una celda había una mujer joven con un grave problema mental, dicha mujer cantaba de manera reiterativa la canción… María Cristina me quiere gobernar, siempre repetía lo mismo con mucha rapidez cosa que era insoportable, aunque mi abuela me decía que incluso llegabas a acostúmbrate, un día a la hora de comer, dicha señora dejo de cantar, mi abuela encontró algo raro en la situación y fue a verla, la encontró de color violeta ahogándose con la comida, avisó a los enfermeros, entraron y golpearon su espalda fuertemente, el resultado fue que dicha señora después de toser bruscamente dijo… María Cristina me quiere gobernar (con voz de Paco el camionero). Nadie puede imaginar que arte tenía mi abuela para contar este tipo de historias en las que ella se mantenía seria mientras contaba algo gracioso. Mi tío abuelo Esteban Moreno Caro (Estebita el zapatero) tenía fama de poeta simpático y yo os digo que aquí también había mucha desigualdad machista pues su hermana, mi abuela superaba con creces el ingenio de su hermano pequeño hermano de padre y madre). Podría estar hablando sobre ella mucho tiempo, para mí es una heroína de la vida y un ejemplo, yo agradezco a mi destino a ver sido su nieta y mientras viva la tendré presente”.