Los jornaleros es la masa social característica de la historia de Casas Viejas, pero no la única, no sólo de jornaleros está compuesto este pueblo. Dos de los oficios tradicionales del pueblo se van unir en la familia Grimaldi Sánchez. Por un lado los hortelanos y por otro los panaderos. Al igual que la riqueza del acuífero de la mesa de Casas Viejas posibilitó la existencia de molinos maquileros desde época musulmana, también existieran desde esa etapa los hortelanos.
Así que cuando el pueblo se forme en el siglo XIX cuatro familia se van establecer en las abundantes huertas de la zona, son los Gallinito, los Bancalero, los Marín y los Grimaldi. El oficio fue pasando por las distintas sagas familiares hasta que en los años sesenta, con la crisis de la agricultura tradicional, la mayoría emigraron a Torrent o algunos cambiaron de oficio. El abuelo de María Ríos Grimaldi, Pedro, se especializó en el arreglo de las televisiones, gracias al conocimiento del medio audiovisual que le permitió el trabajo en el cine con su amigo Miguel Román. Pero los padres de Pedro si habían sido hortelanos, igual que sus antepasados. Pedro Grimaldi Duarte llevaba la huerta Chica y su mujer Antonia Mateos Vela (la Chicha) vendía las hortalizas en la plaza de abastos.
Por parte materna, la familia de María Ríos también fue panadera. Francisco Sánchez San Martín regentó una panadería en la calle Medina que sería lugar de aprendizaje de otros panaderos del pueblo, como Manuel (que ha dado lugar a la actual panadaría Sanmartín), su hermano, Miguel Guillén o Francisco González (que se trasladaría a las Lomas). Cuando Paco el del horno dejó la panadería su mentalidad empresarial le hizo montar uno de los negocios más originales de Benalup. El Coscorrón, era un bar, una fonda (donde pernoctaban arrieros y maletillas) y luego construyó una Cueva, que terminaría siendo la discoteca del pueblo durante la transición.
Termina María Ríos Grimaldi su trabajo de la siguiente forma: “Mi madre, María Teresa, que no tiene otra cosa que hacer que casarse con mi padre, Roberto Ríos. Aquí se unen familias de panaderos y molineros, por lo tanto, llevo la sangre LA HARINA, desde los molineros de Jubrique allá por mil ochocientos y pico hasta nuestros días, pasando por el Capataz, Benito Ríos, Paco el del Horno, etc. Al día de hoy seguimos haciendo pan como lo hacían mis antepasados, fieles al horno de leña y fieles al acebuche”. María Ríos Sánchez, la que hizo este trabajo esta estudiando fuera y los veranos los pasa ayudando en el despacho de pan que su padre tiene en la calle San Juan.
