Ayer estuve en la asamblea por una carretera del Castaño digna, ¡Ya! Me gustaron varias cosas.

El intento serio, a mí me pareció sincero, de crear una plataforma que luchara por los intereses colectivos, apartando los partidistas. El segundo, la amplia participación de la gente. El teatro estaba prácticamente lleno. Había personas de todas las clases sociales, de todos los partidos políticos y de todos los sectores de la sociedad benalupense. Las intervenciones del público resultaron constructivas, amenas y variadas. Tercero, se expusieron los motivos que llevan a la creación de la plataforma y las directrices principales a seguir. Si bien, el impulso inicial es de los partidos políticos se tiene la esperanza que sean los colectivos de la sociedad civil benalupense quien recoja el guante y lleve el peso de la iniciativa. Ya ha empezado la recogida de firmas y el Diario de Cádiz ha publicado hoy este artículo donde se recogen muy bien las causas y hoja de ruta a seguir. También está el vídeo que montó Manolo Cepero que me parece bastante elocuente y significativo. 



Pero esta mañana un amigo me pregunta que como no he escrito un post reflexivo sobre el acto de ayer. La verdad es que no tengo mucho que decir, pero una vez lanzado el anzuelo ya es conocido que caigo fácilmente y no sé decir que no. Durante el acto se me ocurrieron dos reflexiones. Por un lado, el porqué de un acto como este en este momento concreto. Por otro, que además de las causas concretas para el estado actual de las carreteras hay otros elementos históricos y geográficos que lo explican. Con otro amigo que estaba al lado mío comentamos que me recordaban los actos de la transición, cuando todo el pueblo iba a una, en sus reivindicaciones. El me comentó que a él le recordaba los eventos con Romero Bohollo. Es cierto, que como he escrito muchas veces, somos más hijos de nuestro tiempo que de nuestros padres. Ahora toca abandonar el sectarismo y el enfrentamiento político. Estamos pasando un ciclo político totalmente nuevo y hay que remar en esa dirección. Me parece que el acto de ayer se contextualiza en esas circunstancias. No soy demasiado optimista en cuanto a los logros de la plataforma, pero el hecho de que se haya formado y la manera en que lo ha hecho me parece muy positivo. 



En segundo lugar, creo que el estado de la carretera del Castaño denota una situación de marginación y abandono por parte de las respectivas administraciones que no es exclusiva del momento actual, sino desde la misma formación del pueblo. El pueblo se formó como una población de aluvión con una marcada dependencia económica y política. Ello hizo que este abandono y marginación fuera una de sus señas de identidad y explican la historia de este pueblo, sin ir más lejos, los mediáticos sucesos de Casas Viejas. Pero además este abandono y marginación no sólo se hace evidente en la carretera del Castaño, sino también en el resto de las carreteras. Citemos el carril a Facinas, el cruce de Ignacio Castro o las carreteras a Vejer o Alcalá. Y para cerrar el círculo, el abandono y marginación de Benalup-Casas Viejas no sólo se centra en las vías de comunicación, sino que se hace evidente en casos como el ostracismo con El Tajo de las Figuras, El Monasterio del Cuervo, La Morita o los lugares históricos de los sucesos de Casas Viejas. 



Es difícil conseguir la implicación y la complicidad de una comunidad que ha estado sometida a la represión, el silencio, la ignorancia, el fatalismo, el miedo… que desembocan en el clásico no sé, ni me importa. Pero, es evidente que algunas cosas están cambiando y que la iniciativa de ayer de todos los partidos políticos de la corporación es muestra inequívoca de que la iniciativa era justa y necesaria, en el lugar y en el momento (ahí está la clave, creo) oportuno. 


Todos y cada uno de la comunidad podemos colaborar con el objetivo que se persigue, si cada uno aportamos nuestro grano de arena según nuestros conocimientos y posibilidades, no sólo estaremos más cercar de conseguir el objetivo, el arreglo integral de la carretera, sino también de cambiar una tendencia histórica que tradicionalmente nos ha ninguneado y sometido. Por todo ello me parece trascendental el acto de ayer y me alegro de que mi amigo me haya empujado a reflexionar sobre él.

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