Otro de los lugares emblemáticos para Mintz donde aparecían los niños es en la escuela. Hace fotografías y los filma en la ermita del Tajo, en la calle Fuentes, en la guardería de Pilar o en los Arenalejos. En los cuatro hay una explicación para ello.
El lugar donde más fotos realiza es en la ermita del Tajo. Eso se debe a la relación empática y de amistad que estableció con la monja de origen colombiano Miriam Mazo. Jerome Mintz pasaba mucho por la escuela jugaba con los niños y hacía fotos, él nunca se explicaba como Miriam era capaz de dar las tres clases al mismo tiempo.De 1969 a 1975 cinco monjas de la comunidad franciscana misionera de María Auxiliadora de Suiza trabajaron en Benalup; llegaron procedentes de Osorno en Palencia, aunque algunas de ellas eran de origen colombiano. Se dedicaron, sobre todo, a la enseñanza y a colaborar con el cura, que en aquellos años era Jesús Barberá, en las tareas propias de la iglesia.Tres eran sus funciones principales; la enseñanza, las labores sanitarias y colaborar en la iglesia con el párroco Jesús Barberá. Impartían clase por la mañana en la escuela del Tajo. Había tres grupos de alumnos, de primero, segundo y tercero de primaria. La mayoría de los niños al terminar los tres cursos de primaria, iban a trabajar al campo y eran pocos los que seguían sus estudios en el colegio Padre Muriel


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| Durante este tiempo la ermita del Tajo alterno sus funciones religiosas con las educativas. Pues en el pueblo los equipamientos educativos eran escasos y el Tajo se consideraba un lugar ideal para instalar una escuela. |
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| Los 18 alumnos se dividían en tres grupos divididos por mampara. |
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| Al contrario que en el pueblo y el resto de España la educación en el barrio era más distentida y alegre. Los juegos, la empatía y el cariño dominaba el enfoque plurimetodológico. |
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| En el pueblo y en resto de España, las aulas estaban segregadas por sexo. Los niños con los niños, las niñas con las niñas, pero en la ermita del Tajo esa norma no se aplicaba. |
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Sería interesante localizar a todos los niños y niñas que aparecen estas fotos, si sabes sus nombre se agredecerá tu colaboración
Había principios generales válidos para la educación masculina y femenina durante el franquismo; la espiritualidad frente al materialismo, la autoridad y la disciplina en vez de la libertad y la democracia, la vuelta a la tradición frente a las concepciones pedagógicas más modernas. La educación femenina estaba condicionada por la concepción de la mujer como responsable última del hogar y de la educación de los hijos, por tanto portadora de los fundamentos ideológicos del régimen.
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| Elena Guerra, Mª Pepa Vela, Mª Pepa García, Pili Gutiérrez, Antonia Rodríguez y Juani García con babi blanco, con las iniciales de sus nombres y lazo azul, esperan a que llegue doña Mercedes Pérez-Blanco para abrir la escuela. Esta aula estaba en la calle Fuentes debajo de la casa donde vivió Mintz durante un tiempo. Sólo había dos grupos de niñas, éstas eran las mayores, las pequeñas iban a una clase en la barriada de Corea. |
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| En Benalup la separación entre niños y niñas era estricta, en los años sesenta había dos escuelas de niños y dos de niñas. La de la fotografía es la del Chorro en la calle Fuentes regentada por Doña Merecedes Pérez Blanco. |
Al hombre se le reserva un papel estelar y público en la sociedad, la mujer lo tiene secundario y en el hogar. Por ello la educación franquista tiene como objetivo formar madres y esposas. No sólo las aulas van a estar diferenciadas por sexos, sino también las asignaturas van a ser distintas, ya que los objetivos que se quieren conseguir son diversos. La asignatura de La Formación del Espíritu Nacional se centra en los valores políticos públicos para los hombres y en las tareas del hogar para las mujeres, lo mismo que la Educación Física que busca hombres soldados y mujeres amas de casa o la música que se centra en forma el espíritu patriótico del hombre y el cultural de las mujeres, al menos en eso salieron ganando. Pero la diferenciación atañe también a los contenidos de cada materia. En la siempre manipulable historia al hombre se le resalta como el héroe patriótico y viril y de la mujer heroína se insiste en sus virtudes femeninas (la maternidad de Isabel la Católica o el sacrificio de Santa Teresa de Jesús). Es más, la metodología también se diferencia por géneros. La educación de las chicas debe decantarse por la sensibilidad frente al intelecto o la intuición sobre la racionalidad. Además, para las chicas con la educación primaria es suficiente. Las mujeres cultas y preocupadas por su formación intelectual y profesional son consideradas poco femeninas y un mucho «machorras». Muy pocas chicas durante el franquismo continuaron sus estudios secundarios o universitarios.
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| A la derecha portón por el que se accedía a la vivienda de Mintz en 1966, a la derecha la escuela de las niñas que regentaba Doña Mercedes Pérez-Blanco |
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| Todos llevaban baby, aunque como se ve en la fotografía las excepciones eran abundantísimas por la provisionalidad de la asistencia a clase de muchas niñas. El empedrado de la calle está a juego con el exiguo material que llevan a clase o con las paupérrimas condiciones y materiales del aula, ejemplificadas en los cristales rotos de la puerta de la clase. |
Las «migas» tienen su origen en escuelas para niñas: las «amigas», que pronto se conocerían en la zona como las «migas». En ellas las mujeres de las clases populares no reciben más instrucción que la que puedan alcanzar aprendiendo a hacer calceta o rezar. Durante el franquismo se establecen dos escuelas para las niñas y estas «migas» evolucionarían hasta escuelas de párvulos, parecidas a las guarderías actuales, para que los niños no estuvieran todo el día en medio de la calle. La mujer los hacía cantar, les contaba cuentos y ellos debían llevar una pizarra, un pizarrín y un trapo atado al marco de la pizarra para borrar. Un ejemplo es la «miga» de Mercedes Lara o la de Pilar Sánchez. En este caso estamos ante una fotografía de la miga que tenía Mercedes Lara en la calle Medina.
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En ella aparecen en torno a treinta alumnos, tanto niños como niñas: José Guillén, José Franco Guitito, Angelines Macías, Angelín y Miguel Casas Toro (Fogarines), Begoña Cruz, Ramona Guillén, Ana Coronil, Paqui Pérez, Manuel López Casas, Antonio González Pérez, Zumaquero, Isabel Gutiérrez Rodríguez, Ángeles y Ana María Macías Villanueva… y dos chicas jóvenes que probablemente ayudarían a Mercedes. Se encuentran en el patio, a la sombra de la parra, y con una ausencia total de cualquier tipo de material escolar o lúdico. La mezcla de niños y niñas, la ubicación de los alumnos libres en torno a una mesa central y el ambiente distendido, nos dan a entender que estas «migas» estaban muy lejos de la escuela reglada de la época.
Hay que tener en cuenta que hasta los setenta una buena parte de la población vivía en el campo y las familias se organizaban para contrarrestar la ausencia de servicios básicos como la educación. Así, ante la imposibilidad de asistir a la escuela pública las familias pagaban a este maestro itinerante para que les enseñarán a sus hijos “Las primeras letras”. Estos maestros itinerantes dominaban y transmitían bien las llamadas enseñanzas instrumentales—lectura, escritura, cálculo escrito y mental-. En aquellos tiempos se valoraba mucho la caligrafía o arte de escribir con letra bella o bien formada, y muchos de ellos cultivaron este arte con singular notoriedad. Aunque los había de todas las ideología en la postguerra dominaron los perdedores de la guerra civil y al no encontrar un trabajo más apropiado y remunerado con su cualificación se dedicaron a enseñar las nociones básicas a los hijos de los jornaleros en estos cortijos y poblamiento disperso en nuestros campos. Las clases se impartían por la tarde o por la noche cuando los alumnos regresaban a casa tras haber colaborado con la familia con las distintas tareas impuestas. Maestro y alumnos se sentaban alrededor de una mesa alumbrados por la vacilante y tenue luz de un candil, de una vela o, en el mejor de los casos, de un quinqué. El dicho aquel de “que pasas más hambre que un maestro escuela” se le podía aplicar perfectamente a este tipo de maestros itinerantes. La escasa remuneración de estos maestros eran aportadas por los padres de los alumnos, muchas veces en especie, pues el dinero líquido escaseaba. En algunos sitios a estas pagas se les llamaba ”la iguala”. Nunca contaron con ningún tipo de ayuda económica por parte de la administración, ya que no era valorada como se merecía esta ingente labor en pro del conocimiento y en la cultura en sitios donde estos elementos escaseaban tanto.
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| Como vemos en la fotografía en este caso la clase se impartían en la única sala grande que hacía las veces de aula, de comedor y de cocina. Mintz era muy amigo de la familia Mateo Montiano, le hizo muchas fotos y también una pelicula; la familia del pastor. |
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| Los niños de la familia de Demetrio Mateos y María Montiano, más algunos niños vecinos de los Arenalejos asisten a clase impartidas por el maestro Don José María. |
En este vídeo realizado con las tomas inéditas o outtakes de Mintz aparecen escenas de la escuela de los Arenalejos, de la guardería de Pilar y de la escuela de niñas de la calle Fuentes.