Esta serie sobre los familiares de las víctimas de los sucesos de Casas Viejas, está dejando dos cosas claras. Por un lado, en sus casas, en los años posteriores, no se habló, o se hizo de forma insuficiente sobre los hechos. En segundo lugar, los familiares a los  que les preguntamos ahora se enteran de lo ocurrido, precisamente, por los que van a preguntarles sobre los hechos. Este fue el caso de Francisca del Río Ruiz hija de Salvador del Río Ruiz.

Salvador del Río era hijo de Antonio y Manuela, pero vivía con su abuelo Antonio Barberán Castellet. Antonio Río Guerrero nació en Casas Viejas el 14-4-1881 pero su familia provenía de Juzcar, sopaca por tanto. Casó con Manuela Barberán Romero. Tuvieron ocho hijos. Micaela (1904), Antonio (1906), José (1908), Juan (1907), Pedro (1910), María (1913), Francisca (1915) y Salvador (1920). Antonio y Manuela murieron jóvenes dejando 8 huérfanos. Antonio y Salvador vivían con su abuelo materno Antonio Barberán Castellet. Por eso, Salvador estaba en la choza de su abuelo cuando lo mataron el día 12 de enero de 1933.   


Antonio Barberán se acababa de levantar, eran las siete y algo de la mañana. Había salido a orinar, según cuenta la tradición familiar,  y los  guardias de asalto de ronda por el pueblo le dieron el alto. Él hizo caso omiso, dio media vuelta y se metió en la casa relatando que no tenía nada que ver con los sindicalistas. Le dispararon, a través de la puerta, y lo mataron. Salvador del Río Barberán no sólo tuvo que soportar la tristeza y la violencia de presenciar in situ la muerte de su abuelo, también, como el resto, superar la manipulación y la losa de silencio posterior impuesta. Como gran parte de su familia y del pueblo, trabajó en el campo y después en la construcción. En los años sesenta, al igual que casi todas las familias de las víctimas de los sucesos, emigró, en su caso a Mallorca donde se estableció y vivió hasta  1996, allí murió. En definitiva, estamos ante otro caso más, y son muchos, que demuestra cómo el exilio se impuso mayoritariamente sobre los protagonistas de los sucesos de Casas Viejas. Y este exilio no solo es físico, sino también mental, hasta tal punto que ni en la propia familia se sabía lo sucedido. 


Su hija Francisca del Rio me lo cuenta a su manera: » No sé si te va a servir de algo lo que te diga; no sé cómo vivió mi padre los sucesos en un primer momento, tenía 13años en ese momento y me imagino que vivir algo tan traumático tiene que marcar pero la dura vida posterior de esa generación (guerra, posguerra, hambre, enfermedades) dejaba un poco atrás lo vivido, en mi familia nunca se hablaba de los sucesos, a mi me lo contó mi madre, sólo dos frases dijo mi padre en toda su vida sobre ello: que su abuelo dijo “no disparen que no soy anarquista” y el comentario de mi padre “ya ves tú el daño que habría hecho un viejo de 70 años”. 


La postura de mis padres era obviar todo lo que hacía referencia a la política, la política les producía miedo, sólo había que trabajar para salir adelante sin meterse en nada más. Curiosamente toda la información que tengo me llegó una vez fallecido mi padre, en un primer momento con el libro de Mintz y posteriormente cuando descubrí tu blog y otras publicaciones.


No tengo referencias directas de la percepción actual sobre los sucesos, pude ver en la presentación de tu libro que en el pueblo si que suscita mucho interés, para mi los sucesos fueron la puerta de entrada a conocer mi historia familiar y, por extensión, la historia del pueblo de donde procedo.


Mis anécdotas sobre aspectos relacionados con los sucesos son pocas ya sabes que yo me he criado en Mallorca, una tierra que adoro y la que permitió que mis padres pudieran llevar una vida digna, pero, también te digo que cuando leo tus posts todo me resulta familiar (nombres como Estebita,  lugares como la Janda, comidas como las tagarninas o la manteca colorá) y ello es gracias sobre todo a mi padre que, como ya te he dicho en alguna ocasión nunca olvidó su tierra ni su acento, su gente…»


La verdad es que me ha parecido muy interesante el testimonio de Francisca del Río. Confirma como el miedo y la represión impusieron el silencio en las familias sobre los hechos y como ha sido en la actualidad cuando han tenido conocimiento más exacto de ellos. Es curioso que los historiadores acuden a los familiares de las víctimas en busca de información, y como estas no la tienen, ocurre el fenómeno contrario son los historiadores los que se la proporcionan a estos familiares. Esto, como ya veremos, se repite en más casos.

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