Además de estos cambios que hemos visto en las entradas anteriores, también afectan a las especies y a la metodología. Nos seguimos basando en el trabajo que hizo José Ignacio Vázquez Romero.
En las fotografías de los setenta vemos los corzos cobrados, en la actualidad estos casi han desaparecido y han sido sustituidos por los venados. En esta zona los venados los introdujo la dueña de una finca cercana, la Duquesa de Lerma, propietaria entonces del cortijo El Jautor. A partir de los ochenta el corzo ha ido progresivamente siendo desplazado por el venado. Antonio comenta, que el alimento fundamental de los corzos son los brotes tiernos del monte, que salen después de rozar una zona, en aquella época, se rozaba mucho más que ahora, los costes eran otros, mucho más baratos que ahora aunque se hicieran a mano, y no con desbrozadoras como en la actualidad.
Otra de las razones que aporta Antonio sobre la abundancia de corzos en Isla Verde, en los años setenta, aunque parezca una contradicción es la aparición de los incendios. La finca sufrió un gran incendio en el año 1972, y otro aún mayor en el año 1993. Estos incendios arrasaron con todo el monte bajo, por lo que después de las llamas el monte echa metidas nuevas, brotes nuevos muy apreciados por los corzos como hemos comentado. La finca se encontraba en los años setenta, recién salida de un incendio, con poco monte, muchos brotes nuevos, buena comida para los corzos, más densidad de corzos que ahora, menos venados que ahora, y un monte en general más claro, más favorable para el corzo que para el venado. Esto explicaría la abundancia de corzos en las cacerías de esos años y la no presencia de venados en el patio del cortijo. Después del incendio de 1993, no se produjo ese aumento del censo de corzos, según Antonio, porque los venados habían aumentado mucho su población y los corzos eran muy pocos antes del fuego. Aunque el venado es mucho más fácil de cazar que el corzo, este ha desaparecido a favor del primero debido a que el monte es más cerrado, porque se cuida menos y tiene menos brotes verdes y porque la rentabilidad económica del venado es mayor. Pero ello ha acarreado importantes problema medioambientales.
Otro cambio en cuanto a las especies cinegéticas se refiere a la presencia del jabalí. En los años setenta la presencia de jabalíes, era muy escasa, hoy día es prácticamente una plaga la presencia de “cochinos asilvestrados”, que entretiene a muchos cazadores, pero que no tienen valor como trofeo cinegético, pues no son jabalíes puros, sino cruzados con los domésticos.
En esta foto aparece una rehala, en el monte con tres perreros. También ha cambiado las razas de perros utilizadas en las monterías, en la foto no aparece ninguna de las razas llamadas de “agarre”. Hoy en día todas las rehalas, utilizan perros de raza bóxer, pitbull, o cruces de estas razas, que son utilizadas para inmovilizar a las piezas, una vez que los otros perros de razas cazadoras, levantan las reses. Hay muchos cazadores, sobre todo de más edad que no son partidarios del uso de estas razas. Hoy día, se ven rehalas, en las cuales los perros, llevan incorporado dispositivos GPS, para tenerlos localizados en todo momento, y por supuesto todos los perreros y batidores se mantienen comunicados entre ellos por los móviles. De esta forma no es necesario que los perreros conozcan la mancha a batir previamente, algo impensable en los años setenta. Que tiempos tan lejanos quedan ya los años cincuenta donde Juan Lobón, cazador furtivo que inmortalizó Juan Berenguer en su libro “El Mundo de Juan Lobón” cazaba por esta finca. Lobón residió durante mucho tiempo en una choza, situada en la cañada que pasa por el Puerto del Lobo, en la carretera que une Benalup con Alcalá, por tanto muy cercana a la finca de Isla Verde.

