Las dos grandes diferencias de los hombres con el resto de los animales son su grado de sociabilidad y la capacidad de aprendizaje.

Ya dijo Aristóteles que el hombre es animal político (de polis, ciudad) por excelencia. Es verdad que los perros se relacionan y las abejas tienen una cierta complejidad social pero ningún animal es capaz de crear entramados de socialización salvo el ser humano (familias, grupos, ciudades, partidos políticos, sindicatos, peñas, fiestas,…). El virus este, que ha demostrado que manda más que Putin, Trump o Sánchez, nos ha confinado, ha hecho que permanezcamos en nuestras casas, no podemos socializarnos en los bares, …ni disfrutar en estos días de la Semana Santa a aquellos que les apasiona. Se llama técnicamente aislamiento social. 


Es una situación muy dura porque los humanos somos seres sociales por definición; o  cuanto menos antinatural. Menos mal que estamos  en un estadio tecnológico donde Internet  posibilita paliar  este exilio forzoso a través de las nuevas redes sociales. Pero la verdad es que donde se ponga formar parte de una pequeña comunidad en vivo y en directo, llámese bar de Ricardo,  disfrutar de la maravillosa música que pone el Tato,  discutir sobre política y de la vida en general con mis amigos en Casa Pepe o regodearme de lo grandioso e ínfimo en el Chori, por ejemplo,  que se quiten Facebook, Twiter, Instagram, Whasaap o el Skype. Los bares son mucho bares y las redes sociales no les llegan ni a la suela de los zapatos. No hay color. 


No obstante, ayer que era jueves santo, vi una foto de Semana Santa en el Facebook de Benalup desde las fotos y se me ocurrió empezar un juego o una cadena de esas que tanto he criticado. Puse una foto que me encanta del Cristo del Perdón de Buiza, la joya de la corona de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro y nominé a dos amigos a que lo continuaran. Miguel Román entró muy pronto al trapo y subió algunas más. Una de ellas esta,  me impresiona. Pongo en el Facebook que esta foto «me encanta. Hijo y padre». Me responde : “es la foto de fondo de pantalla de mi ordenador desde hace mucho tiempo. Siempre estuvo a mi lado pero sin hacerse notar. Él estuvo 25 años de capataz ( que cuando cogí el puesto me parecían muchos jejeje y yo lo he superado) y al dejarme el puesto…. Siempre me acompañó por si quería algún consejo, como todo buen padre debe hacer”.


La segunda gran diferencia entre los hombres y los animales se refiere al aprendizaje. Todos los animales aprenden de sus padres o madres, pero ninguno como el ser humano basa su superioridad  y su supervivencia en los aprendizajes de sus antepasados y coetáneos. Ahí radica su superioridad,  las cotas de civilización que ha alcanzado están relacionadas con la capacidad para aprender y asumir lo que otros han descubierto y desarrollado. Sería un ejercicio divertido pensar qué pasaría con el ser humano si cada civilización tuviera que inventar la rueda, el fuego, el motor de explosión o internet. Ello es lo que hace tan inmensamente apasionante y necesario el mundo de la educación, del aprendizaje. 




Pero si este se produce de padre a hijo hay que añadirle palabras tan hermosas como amor, paternidad y magia. Eso es lo que me transmite esta foto en la que aparece Miguel Román padre en la Semana Santa del 2010, el último año que salió en una procesión; aparece resguardado en la esquina de la calle Cuartel, para no hacer ni la más mínima sombra, observando con satisfacción y orgullo cómo el Cristo del Perdón se dirige a la iglesia comandado por la cuadrilla de costaleros que dirige Miguel Román hijo, al que le ha transmitido todo el cariño y conocimiento que posee sobre la Semana Santa. 


Son esos milagros que hacen posible que después de más de cincuenta años hayan salido procesiones coordinadas por las dos generaciones Román (el Santo dijo: “En Sevilla salen romanos en las procesiones de Semana Santa y aquí las sacan Romanes”. El refranero popular tiene uno para esta foto: “Dichosos los que salen a los suyos”. Le añadiría que afortunados los que consiguen transmitir sus pasiones y cariño a los suyos. Por cierto, en época de “aislamiento social” es más fácil intentarlo, porque si padres, madres, hijos e hijas estamos siempre condenados a entendernos, ahora lo estamos a convivir juntos.  Los que ya tenemos edad de… como diría mi amigo Juan, sabemos que el tiempo pasa tan deprisa que a veces se nos escapa sacarle su jugo a las cosas que verdaderamente tienen importancia. Buena ocasión, por tanto, para eso tan maravilloso que es dar y recibir mutuamente, y si es entre familia pues el acabose. Bonita foto.
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