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| Eduardo Pérez Ruiz |
Tres días después del secuestro, Eduardo Pérez Ruiz sigue sin aparecer. Desde el cuartel de la Guardia Civil se decide cerrar las dilingencias y enviarlas al Gobernador Militar de Cádiz.
El comandante de puesto Manuel Marín dice así:
Y como hasta la fecha no ha sido habido el secuestrado a pesar de todas las investigaciones, apostaderos y batidas dadas con este motivo por la fuerza encargada de ello, se dan por terminadas las presentes diligencias, para su remisión al Excmo. Señor Gobernador Militar de la Plaza y Provincia de Cádiz sin perjuicio de continuarlas hasta conseguir la libertad del secuestrado o localización de los malhechores en cuyo caso daré cuenta a su autoridad. Y para que así conste se extiende la presente diligencia que firma el declarante con el Brigada que la extiende en Benalup de Sidonia a las quince horas del día veinticinco de Febrero de mil novecientos cuarenta y ocho”. Firmado Manuel Marín y Luis Pérez.
Al día siguiente se vuelven a abrir las diligencias porque ha aparecido en libertad Eduardo Pérez Ruiz. En un principio la Guardia Civil se atribuye el mérito de la liberación: «… en el sentido de que rescatado el secuestrado Eduardo Pérez Ruiz a las quince horas de hoy veintiséis de febrero de mil novecientos cuarenta y siete en el punto conocido por Puerto de la Loba, del término municipal de Medina Sidonia, por un grupo de fuerzas de la Guardia Civil de las destacadas para la persecución de los bandoleros que acompañaron a este hasta la aldea de Benalup mientras el resto de la fuerza continuaba la batida y ya en presencia del que suscribe fue interrogado este en el sentido de como se habían desarrollado los hechos desde el primer momento de ser apresado exponiéndolos como a continuación se indica.- «
Pero al recoger la declaración del secuestrado aparece claro que la Guardia Civil no ha tenido ninguna intervención en la liberación de Eduardo Pérez: «Dice ser y llamarse Eduardo Pérez Ruiz, de sesenta y nueve años de edad, casado, natural de Jubrique, Málaga y vecino de Benalup de Sidonia con domicilio en la calle San Juan sin número de gobierno que el día veintidós del actual al regresar del pueblo a su Cortijo de la Rejumbrosa como tiene por costumbre hacerlo, poco después de la llegada a dicho caserío, salió con ánimo de arreglar una alambrada y estando en esta ocupación le salieron al encuentro dos hombres armados intimidándole a que se marchase con ellos y como se resistiera de momento le dieron un palo es la espalda para que montare en el burro que llevaba y así hubo de hacerlo ante la imposición de los mentados, llevándolo cerca de la casa donde había otros tres y posteriormente acudió otro formando en total un número de seis, pidiéndole estos sesenta mil peseta y como les dijera que nada tenía encima, se pusieron a escribir un papel diciéndole que lo firmara para que uno de sus hijos les llevara esta cantidad habiéndose visto después por el documento entregado que exigían doscientas mil pesetas, cuyo papel firmó el declarante y al presentarse el cabrero Manuel Mateo le enviaron con este al pueblo para que fuese entregado a la familia, que después de esto fueron dos a la casa con el cabrero y cogieron un poco de tocino, un tarro de manteca y otro de miel, mas unas pocas aceitunas, volviendo estos dos seguidamente al incorporarse al grupo, que en este momento que ya anochecía».
Las declaraciones no aportan nada a los que ya había declarado su hijo Luis o los caseros Manuel Estudillo y Antonia López. Sin embargo el relato continúa y ahora si aparecen datos que no conocíamos, como la aparición extraña del burro en el Carrascal o que los tres días que estuvo secuestrado lo fue en el Aciscar, un pago cerca de Zanona, en el término de los Barrios. Dice en su declaración Eduardo Pérez: » salieron andando y al llegar a la cancela del Carrascal encontraron allí el burro, sin saber como ni quien pudo llevarlo allí y uno de ellos le quitó el aparejo y lo tiró al lado siguiendo la marcha todos y sin hacer nada mas que pequeños descansos en el hueco de la noche fueron a estacionarse en las proximidades del Cortijo El Acicar del término de Los Barrios, que una vez allí quedó a la custodia de él unas veces uno y otras dos, tanto durante el día como de noche y los restantes marchaban sin saber él el objeto ni la dirección que tomaban, que durante la permanencia en aquel punto solamente le preguntaban que cuando llegaría su hijo o el cabrero con el dinero, para lo cual no paraban de mirar con los anteojos, que de este punto no se movieron durante el tiempo que lo tuvieron detenido que fue desde la noche del veintidós hasta las diez y seis horas del día veinticinco que le dieron suelta, que al marchar únicamente le dijeron ya se puede usted retirar que no hay nada que sacarle, pero a sus hijos los tenemos que coger aunque sea dentro del pueblo, porque nosotros entramos a los pueblos cuando nos da la gana, que durante su permanencia con los malhechores nada de interés hablaron con él, únicamente le preguntaron si en Benalup había bastante dinero contestándole el negativamente, dándole de comer lo que comían ellos y durante las noches le hacían quitarse los zapatos y se quedaban ellos con los mismo hasta la mañana siguiente, que el declarante ignora el motivo por que le dieran suelta pero es su creencia que nada oyó que fuera por que vieron el movimiento de fuerza».
Muy interesante resulta el relato de su liberación. Queda claro que fue decisión de los secuestradores y que no estuvo motivada por la presión de la Guardia Civil. Se presentan dos hipótesis fundamentales para la resolución del caso. Los maquis pensaron que no había forma de cobrar el rescate en este momento, pero que volverían a intentar cobrarlo más tarde, o que llegaron a un acuerdo con el secuestrado, como recoge Manuel Pérez Regordán, basándose en fuentes orales :»Te vamos a dejar escapar, pero con el compromiso de que nos tienes que entregar el dinero exigido lo más pronto posible.
– Tratare de hacerlo en el término de tres meses»
Con los datos que poseemos en la actualidad no podemos decantarnos por alguna de las dos opciones. Pero parece claro que ni Eduardo Pérez, ni la familia pagó por este secuestro, ni que los secuestradores iban a permanecer impasibles ante esta actitud, como veremos en próximas entradas de este blog.
