Todo empezó en el año 2005 con una oferta laboral que había visto en internet desde mi casa en Francia. Sandrine buscaba a una profesora durante un año en la escuela de idiomas Le Petit Prince. Yo había terminado mis estudios y quería trabajar en el extranjero. Entonces contesté a la oferta con la esperanza de que mi candidatura fuera aceptada. Después de unas cuantas entrevistas por teléfono Sandrine me dio por fin la buena noticia. Mi aventura podía empezar.
OCTUBRE DEL 2005 …
El avión aterrizó en el aeropuerto de Jerez de la Frontera. Bajé del avión, vi una estatua en forme de Toro, sentí el calor acariciarme la cara y el pelo con dulzura y entonces me vino esa pregunta en la mente: “¿Hanife, has tomado la buena decisión?” Luego, en el camino hacia Benalup Casa-Viejas, mientras observaba el cielo azul, los girasoles al lado de la carretera, los campos y todo lo que me rodeaba, millones de preguntas se entrechocaron en mi: “¿Cómo, qué, quien, por qué, dónde…?” Y de repente, lo desconocido me llenó de incertidumbre y de miedo: “No hablo el idioma (ni una palabra), no conozco a nadie, es la primera vez que voy a España, madre mía ¿qué voy a hacer? “
Pero a medidas que nos acercábamos al pueblo, conseguí calmarme y decirme que todo iba a ir bien. En ese momento, no podía imaginarme ni un segundo que no sólo todo iba a ir más que bien si no que esta experiencia me iba a durar años…. ¿Por qué?
Pues porque el primer año fue un año de aprendizaje y descubrimiento para mí. Aprendí a hablar español y benalupense a la vez (aún me acuerdo de «chiquillo» y «chiquilla»). Los primeros meses fueron bastante difíciles sobre todo cuando hacía repetir 6 veces una frase o una palabra que no entendía….o cuando no podía seguir una conversación entera. Pero con la ayuda y la gentileza de todos conseguí aprender.
Empecé también a desayunar pan tostado con ajo y tomate, a beber Moscatel y comer tapas, a salir en la calle por la noche, a comer pipas, a afrontar el Levante, a oler el aire del mar y a las flores de naranjos, a probar el puchero y el potaje de garbanzos gracias a la pandilla maravillosa de amigas y amigos y de sus familias que conocí (no les voy a nombrar pero se reconocerán). Con ellos, descubrí Cádiz, Vejer, Medina, Tarifa y más pueblos blancos y ciudades de Andalucía. ¡Qué maravilla! ¡Un encanto!
Y cada año de trabajo con Sandrine en la Academia significaba para mí vivir nuevas experiencias en este pueblo tan acogedor con su gente siempre dispuesta a ayudarte para lo que sea. En fin, un pueblo donde uno se siente bien y en familia. Tanto que la idea de quedarme a vivir aquí para siempre empezó a llegar a mi mente.
Había iniciado sola mi aventura en Benalup pero 4 años después, continué esa aventura con mi marido Yüksel. Nos casamos en el 2009 y él vino de Turquía para vivir aquí. En principio, igual que yo, tuvo que aprender el idioma, claro, pero el ambiente general del pueblo, su calor, su gente cariñosa, las actividades que hacíamos con nuestros amigos le hicieron sentirse como en Turquía. Es lo que más le gustó, a pesar de ser extranjero, se sentía como en casa. Le gustaba salir a tomar algo en la calle, o ir por el campo o comer picos con tapas también. Decía que era una suerte llegar a apreciar un sitio así de rápido. Hoy, nos acordamos mucho de los buenos ratos pasados allí.
La vida hizo que en el 2010, tuvimos que volver a Francia y dejar el pueblo, su gente y nuestra pandilla con mucha pena. Pero Benalup está y siempre estará en nuestro corazón. Y quizás volvamos algún día de nuevo. .. nunca se sabe.
Entonces ahora puedo contestar con certeza a mi primera pregunta: “Sí, sí y sí, he tomado una de las mejores decisiones de mi vida.”
Gracias por todo, BENALUP.
Hanife & Yüksel.





