El post de hoy va de torres. Vamos a pararnos en la torre de la Calahorra. Córdoba, en la torre de Abizanda, Huesca y en la torre de Benalup, Cádiz. Las tres son musulmanas, las dos primeras están muy bien cuidadas y la tercera todo lo contrario. Para la torre de la Calahorra vamos a utilizar el libro de Juan Eslava Galán “1000 sitios que ver en España al menos alguna vez en  la vida”. Para las otros dos el escrito que me ha enviado Luisa Fernanda Sánchez Pérez-Blanco.

Dice Eslava Galán: «Antes la torre de la Calahorra estaba desnuda, en su piedra. Ahora hay que pagar para visitarla , con la general decadencia de los tiempos, han instalado en ella un pretencioso museo de las tres culturas, quizá el único gesto excesivo y grandilocuente de la ciudad. Esto de las tres culturas da que pensar al viajero sobre los dislates de los políticos y la idealización del pasado para disimular carencias o errores del presente. Se ha puesto de moda desde la parida de la alianza de civilizaciones decir que en la piel de buey de la Península convivieron en pacífica armonía cristianos, moros y judíos cuando la verdad es que eso nunca ocurrió: lo que enseña la historia es que el poder dominante, fuera cristiano o moro, abusaba de los otros dos, los breaba a impuestos y les recortaba las libertades. La Calahorra protegía el puente sobre el Guadalquivir. Como la ciudad misma, este puente tiene a Roma en los cimientos, al islam en los arcos y los estribos, a Castilla conquistadora en el pavimento. 


El viajero lo cruzó a pie, con parada breve en el centro, donde está san Rafael barroco, con el pedestal cuajado de cera derretida y candelitas ardiendo, para otear, aguas abajo, los molinos y la noria de la Albolafia. Aquí el Guadalquivir, río sabio, atempera su paso y va meciendo cañas y ovas que le  reverdecen barbas de gran patriarca. Al otro lado del río el viajero miró la puerta del Puente, monumental, de Juan de Herrera, algo hundida por el recrecimiento de la ribera. Esa es la negra suerte que acompaña a los monumentos fluviales, también a la Torre del Oro sevillana.



Dice Eslava Galán que aunque en teoría viajamos para desconectar, culturalizarnos o divertinos, en el fondo lo hacemos para comer y beber. Yo estoy de acuerdo, pero le añadiría que también viajamos para aprender más de nuestra tierra. Siempre que viajamos no podemos dejar de comparar lo que vemos con lo que hay en nuestro pueblo. Eso es lo que le ha pasado el verano pasado a Luisa cuando fue al Pirineo. Esto es lo que me manda sobre la torre de Abizanda: Hay días que te da por reflexionar más de la cuenta, cuando viajas y visitas regiones y pueblos distintos te haces muchas preguntas, pasas por pueblos diminutos en este caso Abizanda en Huesca con una torre árabe similar a nuestra torre de la Morita, perfectamente restaurada y a la que saben sacarle todo el partido del mundo: paneles indicativos en la carretera, un camino que te invita a visitarla pues está a las afueras del pueblo, un museo antropológico e histórico en un edificio al lado de la torre, paneles informativos a su entrada, y una preciosa exposición fotográfica dentro de la misma, todo hecho con un mimo y con un buen gusto impresionante, el pueblo es una aldea muy pequeña, unos 150 habitantes, pero allí estábamos unos cuantos turistas disfrutando de esta belleza y según nos decía la encargada de todo el recinto (museo y torre) eran muchas las personas que lo habían visitado durante el verano, después aprovechamos para comer allí.


Luego comparas con lo que tenemos en Benalup – Casas Viejas y te preguntas cómo puede ser que aquí haya un desinterés tan grande por nuestro patrimonio, tenemos una torre que además es el símbolo de nuestro pueblo a la que no se le presta la más mínima atención, está ahí en medio de la nada, en una finca a la que está prohibido el paso, escondida tras la maleza, sin ningún tipo de restauración, vamos que acabará por perderse con el tiempo, quizás de eso es de lo que se trata, porque otra explicación no le encuentro.
Una pena que como casaviejeños que somos permitamos ese maltrato hacia nuestro patrimonio, hacia nuestros orígenes como pueblo, hacia nuestra historia y hacia nuestros símbolos, quizás lo más correcto y lo más cómodo sea callarse y mirar hacia otro lado (o sentarse en el sofá a ver una peli, como una vez me dijo alguien) pero yo pienso que entonces nos convertimos en cómplices de esta política de indiferencia y por tanto de maltrato hacia los importantes valores patrimoniales que posee nuestro pueblo, y a mí no me importa reconocer que cada día estoy más enamorada de Casas Viejas, así que como no me gusta la peli que estoy viendo se me ha ocurrido escribir este post, es lo bueno que tienen las redes sociales que te permiten expresar tu opinión y que esta llegue a mucha gente, quizás por eso a algunas personas no les gustan nada.”.
Lo de la torre de Benalup se puede ver como una ruina que no vale y no sirve para nada o como todo lo contrario. Se puede montar un centro de interpretación donde se explique la historia del pueblo en torno a ella. Doy algunas pistas; se puede hablar que está en la ladera donde se posaban las grullas y las aves en su migración a África, como aparecen pintadas en la cueva del Tajo de las Figuras. Hay restos de una calzada romana que comunicaban este sitio con Medina Sidonia. En esta atalaya descansaron las tropas de Don Rodrigo en julio del 711 antes de entrar en combate con las tropas de Tarik. Durante el periodo musulmán funcionó como alquería, con funciones defensivas y agrícolas. Todavía hay muchas huellas de todo el legado musulmán que nos dejaron tanto en agricultura, como en técnicas de regadío. Durante la baja Edad Media perteneció a Medina, Cádiz, Sevilla y volvió a Medina, habiendo cuatro preciosos pergaminos miniados de ellos. En la Guerra de la Independencia se produjeron importantes escaramuzas en este lugar entre las tropas francesas y anglo-españolas. Del siglo XIX hay un precioso artículo del doctor Thebussem que describe perfectamente su estado de conservación. Con la desamortización y la aparición de la población estable paso a propiedad de la familia Vela. En los años sesenta se utilizó como escuela para los niños de los campos circundantes. En la actualidad pertenece a la familia Masaveu, pero sigue conservando su privilegiada posición estratégica y la prestancia que da haber superado el paso del tiempo. Indudablemente, desde la Prehistoria hasta la actualidad, es ahora cuando más abandonada y peor estado ha tenido este lugar. Es para planteárselo y pensarlo. Yo prefiero verlo como una ruina que tenemos que recuperar y no permitir que desaparezca. Creo que  de los ochocientos años de existencia en este preciso momento es cuando presenta un estado más deteriorado. También, en este preciso momento, se pueden tomar decisiones que cambien esta tendencia. Yo lo veo así ¿Cómo lo ves tú?
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