Los hombres servían en el ejército, las mujeres en las casas de los propietarios y acomodados, esos si las hijas de las pobres. De nuevo una foto del facebook de la historia de Benalup-Casas Viejas a través de las imágenes me da la idea de hacer un fotoblog. Tres benalupensas trabajando de sirvientas en el Puerto de Santa Mar. Tendrían unos quince años. La primera de la izquierda Chelo Cabeza Salcedo, en medio Antonia Cabeza Salcedo y a la derecha Beatriz Moya Salcedo. Esta dice que luego se fueron a trabajar a San Fernando y allí estaban mejor, pero del Puerto solo se acuerda que la cocinera se llevaba toda la comida para su familia y ellas poco comían que por eso se fueron a San Fernando. La anécdota nos delata lo mal que vivían estas sirvientas y las complicadas relaciones entre ellas.
La segunda fotografía es de 1925 observamos de izquierda a derecha a Sebastiana García Vela, Pilar Espina, Antonia Jordán , José Espina Calatriu, María Calatriú y Nicolasa García Vela. Son cinco miembros de la familia Espina Vela y la criada Antonia Jordán, la que no lleva tocado. Mintz en los anarquistas de Casas Viejas recoge el caso de las mujeres: “Los hijos de las familias de campesinos empezaban así a trabajar en edad temprana, encargándose generalmente de vigilar el ganado. Aquellos cuyas circunstancias les obligaban a trabajar fuera del hogar tendían a ser explotados, recibiendo faenas pesadas y teniendo que trabajar horas extras… A las hijas de los campesinos también se les requería que ayudaran a sus familias. En esta región, las mujeres no trabajaron en el campo hasta los años 50, cuando se popularizó el cultivo del algodón. Algunas madres de familias trabajaban de costureras en su propia casa. Otras criaban gallinas y vendían huevos. Las hijas, que trabajaban de sirvientas incrementaban sus ganancias con el salario familiar o ahorraban para comprar su ajuar por si mismas para su futuro matrimonio. Las chicas jóvenes eran enviadas a servir a familias más ricas del pueblo o a poblaciones o ciudades más grandes. Ya que dormían y comían donde trabajaban, su ausencia de casa significaba una boca menos que alimentar. Como sirvientas, su día laboral era incluso más largo que el de los campesinos. Cuidaban de los niños de la familia para la que trabajaban, hacían la compra, el lavado y la limpieza de la casa; y también ayudaban a la cocinera- que era, normalmente, una sirvienta de mayor edad y la que mandaba,- a preparar y servir las comidas. Sus tareas solían terminar a medianoche, después de haber lavado los platos de la cena»
La familia de mi madre y la de mi suegra también fueron sirvientas o empleadas en el hogar, como se dice ahora. Estas empleadas del hogar o sirvientes que poco a poco accedieron al amplio comodín de la clase media tenían muy claro que su mayor aspiración en la vida era que sus hijos/as no vivieran las penurias que ellos habían pasado y que se relacionaran con todos los extractos de la sociedad. Recuerdo que indirectamente hasta se fomentaba que salieras con el hijo del médico, del maestro, del funcionario o del tendero y ante ello teníamos varias herramientas, pero fundamentalmente utilizamos el ascensor social de la educación para intentar igualarlos socialmente. Mientras tanto, nuestras madres, pese a que no podían económicamente intentaban por todos los medios que tuviéramos el mismo nivel de ropa y equipamiento que nuestros amigos de una posición social más elevada. Tengo una anécdota personal que quiero contar. Como era un niño, inconsciente, único y mimado pedía lo mismo que todos. Conseguí mi bicicleta, mis balones de toda clase, mi tren, mi globo terráqueo… pero hubo una cosa que se me resistió: EL SCALEXTRIC. Toda mi vida me he tirado quejándome que mientras que mi amigos tenían un Scalextric a mi no me lo compraron nunca. En el año 1991 para mi santo mis compañeros de instituto de Albuñol me regalaron uno, hartos de escucharme el mismo mantrax. Lo abrí una vez, se quedó donde habita el olvido, no lo he vuelto a utilizar.
Este tipo de relaciones entre los niños hasta que empezaban a trabajar lo recoge perfectamente Mintz en los anarquistas de Casas Viejas: «Las familias de los ricos mantenían un modo de vida completamente distinto des de los aldeanos. Iban a la iglesia y recibían la comunión regularmente. Eran los pilares de la religión en el pueblo. Sus hijos tendían a hacerse amigos de sus compañeros de clase o de otros niños con educación. En el pueblo tenían conocidos entre los hijos de los tenderos, artesanos y campesinos, pero estos contactos eran intermitentes, interrumpidos cuando los hijos de los más pudientes eran enviados a estudiar a la ciudad. Los lazos que ligaba a los compañeros eran el trabajo, la escuela o el tiempo libre, así como dictaban sus diferentes bienes. Aunque los hijos de los ricos no eran siempre los estudiantes más brillantes, la mayoría recibía diplomas, ganados por propio mérito o comprados». Todavía no se ha cerrado en los claustros el viejo debate de si la posición de la casilla de salida en que salgan influyen para los resultados educativos del alumnado. Sobre el que están cayendo carros y carretas estos días.
Pero quiero terminar este batiburrillo de fotoblog haciéndole un humilde homenaje a mi madre y a otras muchas como mi madre, que proviniendo de servir en las casas se propusieron que sus hijos/as no fueran menos que sus vecinos. Por ello se escarbaba donde no había, se trabajaba donde hiciera falta y se sacrificaba lo necesario. Pero si el amigo bebía leche de hormigas, su hijo no iba a ser menos. Gracias, nunca os lo agradeceremos bastante.

