En el mundo de la ciudad están los trabajadores por cuenta ajena, los proletarios, y los por cuenta propia, los empresarios. En el campo los hay por cuenta ajena, los jornaleros, mientras que por lo de cuenta propia los hay de muchas categorías, pues está el gran, mediano y pequeño propietario por un lado, y por otro el jornalero que se buscaba la vida en el campo cuando no había jornales que dar en el latifundio. Es la que ahora se denominaría economía sumergida o alegal y que tanta hambre y miseria ha quitado en estas tierras. De hecho en las grandes crisis como la que hubo después de la guerra civil, o la de finales de los cincuenta o ahora mismo estas prácticas han permitido fijar población al territorio y han permitido que el éxodo rural no vaciara completamente estas tierras. También técnicamente se le denomina economía depredadora en cuanto consume y no produce, práctica, por cierto característica del paleolítico y que fue sustituida por la economía productiva en el neolítico cuando apareció la agricultura y la ganadería. Estos trabajos por cuenta propia de los jornaleros en el campo los podemos dividir a su vez en tres categorías; las relacionadas con el mundo forestal representada por el carboneo de rozo por limpia, con la ganadería llamada furtiveo o “la caza de los pobres” y con la agricultura representada por las actividades recolectivas. En esta últimas nos vamos a centrar hoy.
Las actividades recolectivas pueden ser de frutos silvestres, rebuscas o de plantas medicinales. Estas últimas aunque ahora tiene poca importancia como actividad económica si la tuvo en la economía preindustrial antes de los sesenta. Dice Agustín Coca en el libro Los Camperos: “Plantas medicinales y aromáticas como el poleo, el tomillo, el romero, la zaragozana, la mostaza, etc. A veces había una resistencia por parte de los propietarios para que estas actividades se llevaran a cabo en sus propiedades. Los trabajadores no encuentran explicación a esta represión ya que de no realizar ellos estas actividades el producto quedaba en el campo sin ninguna ventaja para los propios propietarios. Los propietarios aducen razones del tipo de que estas hierbas eran buenas para el ganado, así como otras relacionadas con la desconfianza de que aprovecharan su estancia en la finca para furtivear, etc. No se olvide que está detrás la legitimación de la propiedad de la tierra de este sector social dominante que solo hacia escasos años había visto tambalearse su sistema de privilegios ante las organizaciones sindicales”.
Foto Mintz
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