A través de asuntos concretos podemos conocer etapas y épocas de nuestra historia. El otro día hablaba de la ausencia del ferrocarril, hoy le toca el turno a otro icono de la modernidad; la centralita de teléfonos, que se situaba en los locales de la actual oficina del paro. En
A la central telefónica vino destinada de Cádiz Encarnación Moreno Marto, que venía acompañada de su madre y sus tres hijas: María Rosa, Antonia y Pilar Ábalo Moreno. La familia sigue manteniendo el contacto con los amigos dejados en el pueblo. Las citadas telefonistas estuvieron en el centro hasta 1970, año en que lo solicitó Mari Luz Guillén Guerra de
Hasta fechas muy recientes desde aquella central se facilitaba el servicio telefónico las veinticuatro horas del día. Tenían la central telefónica instalada en una habitación de su casa, y los horarios y el ritmo de trabajo eran realizados de acuerdo con la cantidad de llamadas durante todo el día. A estos puestos de trabajo se incorporaron por primera vez mujeres, jóvenes y solteras, que precedieron la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral. “Las primeras telefonistas tenían que ser extremamente discretas, pues eran las únicas personas que conocían todo lo que se hablaba por teléfono. Eran ellas las que realizaban la conexión entre los abonados; la persona llamaba a la telefonista, informaba con quien le gustaría de hablar, y a través de los cables de la mesa la operadora conectaba con el otro aparato… como atendía a pocos abonados, muchas veces ella era la fuente de información del pueblo”. El proceso era relativamente simple: “Un abonado hace girar la magneto de su teléfono para que se produzca la caída de la chapa identificativa en la central.La operadora introduce la clavija en la ranura del cliente y le pregunta el número con el que desea comunicar. Posteriormente, la telefonista introduce una clavija en otra ranura y marca el número de teléfono indicado. Una vez ter
minada la comunicación, la persona que había hecho la llamada giraba de nuevo el magneto y volvía a hacer caer la chapa. Eso le permitía saber a la telefonista que la conversación ya había finalizado.”
En Benalup, cuando venía Franco a las Lomas a cazar, se adoptaban medidas excepcionales (parecido a cuando nos visita en la actualidad el rey, pero ahora se hace de forma más discreta). A la centralita de teléfonos también le afectaba esta visita. Se ponía una línea directa que conectaba la central de Benalup con el Pardo y venía personal telefónico de Cádiz, junto a una brigada de mecánicos al mando de un capataz para velar por el buen funcionamiento de la línea telefónica. Estos trabajadores estaban día y noche en el centro. Con la automatización de las llamadas se sustituyeron las centrales telefónicas manuales y se perdieron los puestos de trabajo que este servicio generaba. En la actualidad los móviles son una de las adiciones más importantes que tiene la juventud benalupense.
