Miembros de la Cruz Roja local en 1933. Posan en el patio de Isabel Luna, donde esta tenía la pensión que luego pasaría a Varelo.
En la anterior entrada de esta serie vimos algunas características comunes de las posadas y estudiamos el caso de la pensión de San Rafael, luego de Alfonsito, el de  Pérez. Hoy le toca el turno a la de Varelo y al Coscorrón.
Foto Mintz. Francisco Sánchez



Foto Mintz. Varelo
La segunda pensión que vamos a estudiar es la pensión de Varelo, situada en el patio del mismo nombre entre la calle San Juan y la actual plaza del Pijo. En 1933 esta pensión era propiedad de Andrea Luna y en su patio instaló la Cruz Roja los comedores para dar alimentos a los hijos de las víctimas de los sucesos. Luego pasó a Francisco Sánchez, más conocido como Varelo. En 1965 Mintz la utilizó como lugar de hospedaje. En el patio de vecinos en la que estaban vivían otras familias con las que forjarían amistades eternas. Mintz tuvo que irse de la pensión donde estaba en 1966 porque las fuerzas de orden público amenazaron a los dueños con denunciarlos “si no presentaban todos los papeles del establecimiento”. Andrea Román Sánchez, nieta de Varelo, me cuenta por email: «La fonda (que es como la han llamado siempre) era de mi bisabuela (Andrea Luna Morales y mi bisabuelo Francisco Sánchez Vera). Luego pasó por herencia a mi abuela e hija de ellos dos, Luisa Sánchez Luna, casada con mi abuelo Francisco Sánchez Sánchez «Varelo» que procedía de Vejer. Ellos dos junto a sus hijas (mis tías y mi madre) siguieron con la tradición de la fonda».

Fotos Mintz. La familia Mintz y amigos en el patio de Varelo, donde estaba la pensión del mismo nombre



La tercera posada a estudiar es el Coscorrón. Francisco Sánchez San Martín compró un solar en la entrada del pueblo en 1948. Allí puso un bar. Más tarde, a principio de los sesenta, cuando traspaso la panadería de la calle Medina puso un comedor,  una pensión y la correspondiente cuadra para los animales, «en un solar que le compró a Suárez, el suegro de Miguel Reyes». La pensión y el comedor lo llevaban las mujeres de la casa, la esposa y las hijas. Por allí pasaron muchos de los camareros emblemáticos que en el pueblo han sido, por ejemplo Pepe el del Bar comenzó en este comedor y bar.  Luego, Paco el Coscorrón, haría la cueva, que con el tiempo se convertiría en la discoteca del pueblo. Santo para el pregón del 25 aniversario de la Cueva lo cuenta de la siguiente forma: “En aquel local puso un bar, el actualmente llamado “bar el Coscorrón”, que esa época era la entrada del pueblo. Al bar le puso el nombre él mismo,  por el pan duro que se le llama coscorrón. En aquel entonces lo utilizó como recepción de una pensión que había encima. Desde el Coscorrón, ejercía Paco  de anfitrión especialmente de los personajes más exóticos y esperpénticos que aparecían por el pueblo. Normalmente llegaba a pie, en bestias o en el moderno Correo que paraba en su puerta, y él los acogía en las habitaciones de su pensión o en la mismísima Cueva.Así, a finales de los cincuenta y primeros de los sesenta La Cueva y su entorno configuraban un mosaico de personajes propios de la picaresca del siglo de oro, una especie de patio de Monipodio donde te podías encontrar:

Foto Mintz

Estrafalarios parlanchines trotamundos
con arrieros que pernoctaban con sus recuas de mulos
familias de gitanos incluido el patriarca
con artistas de circo en carromatos de la farsa,
mercachifles de fácil engaño
con maletillas de ganao manso,
refinados sacamuelas de tenazas
con los clásicos sacaduros de navaja,
modernos satres de corte, trajeados
con estrambóticos hippies desastrados,
figurados turistas de poco pelo
con barbudos profetas de menos dinero…
Foto Mintz



Aquellas posadas antiguas, donde posadero y huésped hacían amistades que a veces se perpetuaban toda la vida, donde más que las propias de un dueño y un clientes las relaciones eran familiares, donde el posadero era el anfitrión, el cicerone, el informante y el valedor del visitante, donde la mayoría de las veces se comía de la olla familiar… aquellos establecimientos han dejado paso a modernos hoteles y las más diversas instalaciones turísticas. No obstante, el hijo de Paco el de Coscorrón; Cristo,  abrió la posada Casas Viejas, siguiendo la tradición familiar. Y me consta que mantiene parte de las buenas costumbres de los antiguos posaderos. Los nietos de Mintz y su hija Carla, cuando vienen al pueblo se hospedan allí y me cuentan maravillas del trato recibido. 
Anterior Casas Viejas en el Smithsonian. Los vídeos. El taller de costura y el tiempo. 1
Siguiente Casas Viejas en el Smithsonian. Reflexiones de un antropólogo. 24 de diciembre de 1965. Y 2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Juana Rosa Berbel.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad