El carbón fue una de las mayores fuentes de riqueza en Benalup-Casas Viejas, muchos benalupenses basaban su economía en la realización del carbón y del picón. El carboneo desapareció con la marcha de la autarquía y la llegada del desarrollismo de los años sesenta. Con ellos llegó el petroleo barato que se hizo dueño absoluto del sector enérgetico. Luego vendría la crisis del 73 y la inestabilidad característica en torno a él, pero eso es ya otra historia. Es ésta una actividad tradicional de esta zona que está ligada a los primeros poblamientos; no obstante, va a tener su punto álgido en la década de los cuarenta debido a las circunstancias concretas del franquismo (la autarquía). En aquellos años, la vida se desarrollaba en torno al campo. Allí, los protagonistas eran los maquis, los contrabandistas y los carboneros. El carbón tiene su materia prima básica en esta zona en el alcornoque, sin embargo, también se hacía carbón y picón de otros árboles. Los carboneros se iban temprano al monte, allí hacían los hornos que se construían con cepas de acebuche, pino, alcornoque o eucalipto como en el caso de la foto. Eduardo de Guzman escribía en el periódico La Tierra, el 2 de febrero de 1933, lo siguiente sobre las familias benalupenses que vivían del carbón: «Varias veces al año familias enteras se lanzan a la serranía vecina para carbonear. Durante días y días arrancan trocos y cepas y las queman para transformarlos en carbón. Es un trabajo pesadísimo. Luego hay que transportar el producto hasta Casas Viejas, Medina o Alcalá, hasta Algeciras en ocasiones. Como compensación obtendrán unas pocas monedas; las necesarias para no morirse de hambre durante unos días«. El carboneo ha estado tan ligado a la economía tradicional benalupense que es raro aquella familia actual que no ha tenido un familiar en los años anteriores a la década de los cincuenta trabajando en el carbón. En la fotografía podemos observar a un grupo de trabajadores haciendo picón en 1959, en Picasso. El carboneo es un ejemplo de las relaciones simbióticas que establecía el hombre con la naturaleza, pues, por un lado, la tala, las entresacas, las podas y los decepes suponían mejoras significativas para el alcornocal y, por otro, suponían una fuente económica básica para completar la maltrecha economía familiar. Esta relación simbiótica con la naturaleza ha pasado al sueño de los justos y hoy las actividades económicas de la zona suponen un gran impacto medioambiental, pero eso, como la del petróleo es otra historia.

