“El Padre Muriel quería venir a dar misa aquí y muchos de los agrarios no querían, al final vino y lo escoltábamos en caballos, todos teníamos caballos. Yo estuve en la escuela, el tío Bernardo Cortabarra nos enseñaba a leer, escribir y las cuatro reglas, era una persona mayor, pero muy respetado por todo el mundo, sabía mucho de letras”. Bernardo Cortabarra fue el primer presidente del sindicato anarquista de Casas Viejas en 1914 y uno de los mejores carnavaleros en la segunda república. «Luego, empezaron a decir que cuidáramos aquello, que era nuestro. Y no nos lo creíamos, al final lo pagamos y fue nuestro. Pero pasamos mucho miedo y muchas faltas. Se trabaja de sol a sol y lo que se sacaba se lo llevaban ellos. Los garbanzos, el trigo, almacenes llenos de grano nuestro y el beneficio para ellos y la gente con muchos hijos y sin tener que darle de comer. Ellos se llevaban todo el beneficio que sacábamos nosotros trabajando. Luego se habló de hacer un poblado o de hacer un carril, ¡que malo está el carril!, nadie lo arregla, unos por otros y la casa sin barrer. Y la gente quiso el carril y nos fuimos para el pueblo” En 1951 el duque las vendió al I.N.C, pasando los colonos a la explotación individual, el pago pasó ahora a denominarse “Amortización y Renta” y al final las tierras fueron suyas. “Casi todos vendieron después, queda la parcela de Legupín, Barberán, Sánchez y la de Guerrero. De aquí a lo alto del cerro es mío, quién me iba a decir a mí, cuando yo iba en el burro con mi padre, que esto iba a ser mío. No lo vendo, esto es mi vida”. Luego mi amigo me deja en mi casa y me regala un tarro de miel de las Torrecillas.
“De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla”
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla”
