En Medina Sidonia se ha formado la madre de todas las polémicas en torno al lazo blanco que aconseja la confederación episcopal. En Benalup-Casas Viejas la polémica está en el camping de semana santa. «El lazo blanco ha provocado abucheos e insultos. Salió el paso del Cautivo de los Llanos y los fieles, lejos de recibirlo con fervor, montaron una gresca porque no llevaba lazo blanco. En la misma localidad gaditana estuvo a punto de ocurrir un serio desperfecto el pasado domingo. Hubo costaleros que se negaron a sostener a la Virgen del Mayor Dolor por culpa del lazo blanco, y se contrató a inexpertos: la imagen terminó por darse un golpe contra la puerta del templo» (El País). En Benalup-Casas Viejas se ha prohibido este año ¿la tradicional? acampada en el área recreativa del Celemín. La polémica es global y las dudas infinitas. ¿multarán, están multando, se quedará en nada la amenaza, eso es una tradición, quién tiene la culpa, tiene relación con lo que pasó en Vaquillas…?. Me vais a perdonar que os cuente una anécdota personal, pero estas dos polémicas me han traído a la memoria que en el año 73 fui a ver a parte de mi familia que vivía en Barcelona, en estas fechas. El viernes santo fuimos al lago de Bañolas y pedimos una paella. Mi tía, la persona más buena que yo he conocido en mi vida, le dejó claro al camarero que la paella no podía llevar carne. Llegamos tarde, había mucha gente, eran cerca de las cinco y la paella no llegaba, yo tenía un hambre……Al final trajeron la paella, pero tenía carne y mis tíos, emigrantes andaluces que habían conseguido dinero en Cataluña y el poder reclamar las cosas, (en Granada seguíamos siendo conformistas, no nos habíamos librado del fatalismo tradicional de los pobres) hicieron que se llevaran la paella. Es el día que más hambre he pasado en mi vida y que menos he entendido algunas tradiciones religiosas. Luego, con el tiempo, va uno comprendiendo, aunque no necesariamente compartiendo, la mayoría de las cosas que pasan.
Todo nos retrata en esta vida, la ropa que nos ponemos, las personas con las que nos juntamos, los periódicos que leemos, los deportes que practicamos o la casa en la que vivimos… también las polémicas en las que nos metemos. A mí me valen estas dos controversias para insistir en mi tesis de que la historia nos hace, nos marca y nos conduce. Y es que estamos hechos de tiempo, tanto los pueblos, como las personas.

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