No soy tan utópico para considerar que el pasado es lo que ya ha ocurrido, convirtiéndose en un lugar donde nunca cambia nada. Más bien es lo contrario, cada grupo humano construye un pasado de acuerdo a lo que quiere ser. Por tanto, el pasado ha cambiado infinitas veces, es una de las cosas que más cambia. Si comparamos la percepción que se tenía sobre el Padre Muriel y los Sucesos en los años sesenta y la que se tiene ahora, ejemplificaremos lo que sostengo. En todas las etapas se utiliza y se cambia el pasado, de acuerdo con las características de esa época y los grupos sociales que detentan la hegemonía. Como dijo Febvre «El pasado no es relevante en sí mismo, sino según los problemas que a través de él se quieren resolver». Me parece que el momento histórico actual no demanda ni revanchismo, ni oscurantismo, ni tabús… es tiempo de conocimiento y libertad. Creo que no estamos ante un caso que se haga necesario la excepcional intervención. No se trata de borrar la historia, sino de estudiarla, valorarla y comprenderla. Y eso es compatible con la percepción que tengo de que el primer Franquismo en Benalup de Sidonia es de las etapas más terribles, injustas y duras de la historia de esta localidad. Me parecería un absurdo tremendo tirar la iglesia Santa María Coronada de Medina porque está construída sobre una antigua mezquita o destruir las estatuas de Felipe II porque fue un soberano absoluto. Es como aquel que dijo «le pegué, porque me llamó violento» o como los que no quieren que vayan a educarse los alumnos que no tienen educación. Éste que suscribe se ha quejado muchas veces de que se borrara el nombre, la esencia y el recuerdo de Casas Viejas, de la atrocidad que me parece que se construyan catedrales sobre mezquitas o el palacio de Carlos V sobre la parte más rica y noble de la Alhambra de Granada… me hubiera parecido una barbaridad destruir el Palacio de Carlos V porque ellos antes lo habían hecho con parte de la obra nazarí. Por sentido común y por coherencia no puedo estar a favor de que se borren de un plumazo aspectos que forman parte de nuestra historia y de nosotros. Es imposible entendernos si no conocemos nuestro pasado, y el franquismo, nos guste más o menos, forma parte de nuestra historia y esencia. Sin él, por ejemplo, no se entiende ni se explica este debate sobre el cambio de nombre al colegio Padre Muriel. Por eso creo que una de las claves está en distinguir entre persona y personaje. No me interesa la persona, las cosas buenas y malas que hizo («ambas las dos»), sino el personaje en una época histórica concreta. No me gusta el maniqueismo ni el sectarismo, no quiero buscar culpables, vencedores y vencidos de esta polémica, sino aprovecharla para que nos sirva para conocernos y comprendernos un poquito mejor. En los próximos días voy a ir publicando una serie de entradas sobre el Padre Muriel y su época. Me encanta que se haya producido este tipo de debate, que se esté hablando de historia en los bares y en las tiendas, «que el pensamiento no puede tomar asiento, que el pensamiento es estar siempre de paso, de paso…» como decía Aute.

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