La dirección del C.P. Padre Muriel ha planteado «tanto al Claustro como al Consejo Escolar la posibilidad de cambiar el nombre del colegio». Ello ha generado un debate en el pueblo de unas dimensiones inesperadas. Este empezó cuando se conoció un cuestionario enviado a los padres/madres debido a que «El Consejo Escolar ha pensado que debemos contar con la opinión de tod@s vosotr@s sometiendo la cuestión a referéndum entre todas las familias». Opté por no dar mi opinión hasta que no hubiese terminado el plazo de pronunciamiento de los padres y madres. Me parece muy interesante la iniciativa de los que han intentado cambiar el nombre porque creen «que no representa la realidad del centro, sino que hace referencia a un contexto social muy diferente, y a un personaje que no tiene repercusión alguna en la historia de la educación de nuestro pueblo». Creo que están perfectamente capacitados para hacerlo y en el más absoluto de sus derechos. No respeto a aquellos que han apoyado ese cambio guiados por argumentos demagógicos y buscando objetivos meramente políticos con letras minúsculas. También me ha parecido estupenda la movilización de un sector del pueblo defendiendo su postura contraria a dicho cambio, lo percibo como un síntoma muy positivo, indicativo de que los tiempos están cambiando y de que hay mucha gente dispuesta a dejar oir su opinión. Si entendemos la democracia «como régimen general de la vida de los hombres», comprenderemos las dimensiones que ha tomado este debate ya que la democracia lo agranda todo. No me agrada que determinados sectores hayan intentando aprovechar el affaire para desgastar con minúscula a un sector político o que se confundan churras con merinas, me parece espléndida la reivindicación en el pliego de firmas que se hace de la memoria histórica, considerando al Padre Muriel como parte de ella.
Me toca dar mi opinión. Soy más que partidario y parte implicada (me afecta personal y familiarmente) de ese movimiento que lucha por la recuperación de la Memoria Histórica. Creo que nos ha tocado a los nietos dignificar una época que a nuestros padres y abuelos les tocó sufrir. Confundir conocimiento histórico con venganza es propio de aquellos que ni saben, ni les gustan, ni valoran la historia. Soy partidario de que los familiares que lo deseen busquen a sus desaparecidos y me parece una frivolidad que muchos políticos se les llene la boca con la palabra «Memoria Histórica» y luego no ayuden a profundizar sobre ella o a encontrar desaparecidos, como el caso tan cercano a nosotros de María «La Libertaria». Pero cuando la Memoria Histórica no interesa más alla de su utilización política, del afán por conseguir réditos electorales o débitos al contrario, ocurren desaguisados como los que han pasado tantas veces con las polémicas de los Sucesos de Casas Viejas, de las que en este pueblo deberíamos ser ya avezados expertos y en lo que no se debería convertir este debate. En este caso la utilización política del pasado se puede convertir en un búmeran, en un arma arrojadiza que se vuelve contra el que la lanza.

Pues yo que quieres que te diga. Que simplemente se planteen cambiar el nombre de un colegio ya me parece de juzgado de guardia cuando hay más de medio pueblo en paro. De todas formas me inclino por dejarlo como está, viví una infancia muy buena en ese colegio y se le cambian el nombre es como llevarse parte de esa infancia.