Cuando José Reyes Estudillo, conocido como Pepe Lino, volvió a Casas Viejas tiempo después de terminar la guerra civil, había vivido amargas experiencias: Huyó del Pueblo con su mujer, Francisca Monroy Moreno, y su hermano Antonio en los primeros días del golpe de Estado de Julio de 1936. En Málaga vivieron el horror de la toma de esta ciudad por las tropas fascistas. Volvió al pueblo acompañado de su mujer, que cayó enferma, con la idea de dejarla con la familia y de reunirse de nuevo con su hermano Antonio. Al llegar al Pueblo fué reclutado por el ejército rebelde y enviado a cerro Muriano (Córdoba). En la batalla de Pozoblanco se pasó al ejército republicano. Estuvo en las batallas de Sagunto y el Tibidabo. Terminada la guerra fué encarcelado y tuvo un consejo de guerra del que salió libre de la pena de muerte.
Pero todas estas penurias fueron pocas cuando pasaban los meses y los años y su hermano Antonio no volvía. Según cuenta su mujer y su hija Pilar, su sonrisa se fué apagando.
José Reyes fué un hombre humilde. Ejemplar hijo, hermano, esposo y padre. Enseñó a escribir a sus hijos. Pasaba los meses de octubre a Mayo en el monte haciendo carbón, y el resto del año en Casas Viejas en la faena que saliera. El Ayuntamiento le dio un solar en El Tajo y construyó un caserón de piedra y el techo de caña y castañuela.
En 1962 vendió la casa y José, su mujer y sus ocho hijos emigraron a Valencia el 21 de Agosto de ese año. Fué llamando a sus hermanos: Juliana, Bárbara, Dolores, Isabel y Manuel. También se fueron a Valencia las hijas de su hermano Antonio: Manuela y Caridad. Hoy día nos perdemos entre las nuevas generaciones y muchos ni nos conocemos, pero honramos a nuestra familia hablando de José Reyes, nuestro
Patriarca en la emigración a Levante.
El 12 de Octubre de 1966 falleció en accidente de tráfico a los 49 años. Le acompañaba su hija Pilar, que salió ilesa.
José Reyes vivió toda su vida con el recuerdo de su hermano Antonio, perdido en la guerra. Se libró de conocer la muerte lenta que tuvo en el campo de concentración de Mauthausen. En el recuerdo a José Reyes esperando a su hermano Antonio, le dedico este poema de Juan de la Cruz:
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras tí clamando, y eras ido.
Pastores los que fuerdes
Allá por las majadas al otero,
si por ventura vieras
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero
