Leí en Noticias Locales que han empezado los trabajos para la creación de 44 huertos destinados a los pensionistas, estos irán ubicados junto a la depuradora y sustituyen a los antiguos. Es lo el pueblo ha llamado «el último zoletazo» y la comparsa de Carretera y Manta decía en un cuplet:«A los viejos le cierran el último zoletazo/ me los han «mandao» allí abajo, enfrente los valencianos». Las huertas en Casas Viejas han tenido un gran trascendencia histórica y están ligadas a la misma formación del pueblo. Recuérdese que el pueblo se formó en torno a estas huertas, las cuales todavía tienen alguna presencia en el centro histórico, sobre todo, en la Calle Medina, Nueva, Revuelta, Benalup, Caballero, etc. Los hortelanos, pequeños propietarios, estaban situados unos puntos más arriba en la escala social del pueblo que los jornaleros. Estas pequeñas explotaciones no tenían una excesiva rentabilidad, pero permitían una condición muy valorada en la sociedad preindustrial (antes de los sesenta) benalupense; no depender de nadie, trabajar en sus tierras, no estar al rebujo de los caprichos, exentricidades y vara de mando de los “señoritos”. Dice Agustín Coca en su libro los Camperos: “…De ellas procedían las naranjas, peras de agua, el membrillo, las ciruelas, las coles, las granadas, zamboas que eran puestas en el mercado local a lomos de las bestias-mulos- que cargaban las frutas. También las verduras que como los rábanos se recuerdan como una de las producciones que las distinguían. Y los boniatos, muy demandados como referente alimenticio en estos tiempos de escasez. Los productos se vendían a los tenderos o directamente a los habitantes del pueblo. A veces se disponían puesto en la Plaza de Abastos. También surtían a los hatos de las cuadrillas. La situación de estas huertas permitía este comercio directo con las cuadrillas de trabajadores…” Ejemplo evidente de esa situación que relata Agustín Coca es la huerta de los Grimaldi, que además de tener puesto en la plaza, “La Chicha” tenía casa en la calle San Juan que al mismo tiempo hacia las funciones de improvisada tienda donde vender los productos de la huerta. Jerome Mintz pasaba los días y los días en su huerta y de ello son reflejo los cientos de fotografías que hay de esos momentos. La crisis de la agricultura tradicional tuvo su acto más significativo en el éxodo rural, en la expulsión de mano de obra del campo a la ciudad. Los primeros que emigraron fueron los jornaleros, pero después muchos de estos hortelanos también tuvieron que emigrar (el caso de la familia mencionada lo hicieron a Torrent donde todavía vive una parte de la familia).
