Buscando datos sobre la Fuente de los Vaqueros donde aparecía el coche de Ranchovinagre, un amigo me paso varias fotos de él, entre ellas la que comento hoy. En ella se observa como el párroco Antonio González bendice el Chrysler con el hisopo (gracias), ante la mirada complacida del taxista. Según he podido comprobar por la matrícula estamos en 1976, en la puerta de la iglesia. Esta costumbre de bendecir los objetos era muy habitual no hace mucho. Buscando datos para la entrada en internet leo que «Veo que hay la costumbre de bendecir los autos, las casas, las residencia, los fraccionamientos, los departamentos, los centros comerciales, los bancos, incluso hasta (aunque no me crean) los bares y las cantinas (he visto en muchísimos pueblos que la cantina lleva nombres como «Santa María» “El Calvario” o «La Guadalupana»). No sé pero por más que le busco en los Evangelios no encuentro donde Jesús diga que hay que bendecir estas cosas o lugares propias de la sociedad de consumo, sé que en sus tiempos no existían estas cosas, pero siendo que el Nazareno predicó la humildad y el no ser esclavo de los bienes materiales, pues vaya que es una contradicción a las enseñanzas de Jesús cuando se bendice lo que mencioné antes». Un comentario sobre ese particular resulta muy esclarecedor:«En efecto, tal costumbre no es bíblica, la gente la usa como amuleto para protegerse». Pero la costumbre de bendecir no es una tradición que tenga exclusividad católica, aunque la use con mucha frecuencia, ya que por ejemplo se encuentra esa palabra más de 450 veces en las Escritura en diferentes formas. En muchas culturas, bendecir es parte de su tradición. Una antigua bendición árabe para los viajeros dice: «Vayan seguros y con bien. Paz. Alegría. Valentía.» En la tradición judía, antes de que los niños puedan caminar, sus padres los bendicen en cualquier día sagrado. Una antigua tradición celta dice «Que tu cuerpo sea bendecido. Que te des cuenta de que tu cuerpo es un bello y fiel amigo de tu alma. Y que estés en paz y alegría y reconozcas que tus sentidos son umbrales sagrados.» En latín, la palabra bendición se dice “benedicere”. Significa literalmente: Hablar (dictio) bien (bene), es decir, hablar bien de alguien. La frase de despedida en castellano tiene su origen en otra bendición «Vaya usted con Dios», donde pasó a «Con Dios» y luego al «Adios» actual.
Seguro que Juan Sánchez Guerrero no se preocupó mucho por el sentido de estas bendiciones, simplemente era costumbre en ese tiempo y pactó con el cura el momento para la celebración. «Para los cristianos la bendición sacerdotal es un modo de mostrar nuestra gratitud a Dios por darles su gracia divina y, al mismo tiempo, el poner estas cosas bajo su cuidado protector».
Pero para cosas curiosas lo que he encontrado en internet que se hace en Puebla, Mexico, para bendecir los coches:
» Es obligación de los fieles creyentes llevar a bendecir su automóvil, sobre todo si es nuevo para que Fray Sebastián de Aparicio, patrón de los transportistas y conductores los acompañe en su camino, para que les permita regresar con bien de sus recorridos. Cabe señalar que el procedimiento para la bendición de automóviles es acudir a la oficina, hacer la solicitud con la secretaria y el padre que se encuentre presente, realizar la ceremonia en no menos de 5 minutos, incluyendo oración y agua bendita en los interiores y exteriores del auto; tiene un costo de 50 pesos mínimo, dinero que es entregado directamente al padre y se destina a las necesidades que el prelado decida». Y para terminar he encontrado una oración para bendecir los coches, seguro que no es la que leyó el cura Antonio González en presencia de Juan Sánchez Guerrero, pero nos puede servir para contextualizarnos
«Bendice oh Señor, este vehículo que vamos a usar toda la familia, y envía a tus santos ángeles para que nos protegan y protegan a todos los que viajaremos en este vehículo, fruto de la inteligencia y saber humanos, que son fiel reflejo de tu infinita inteligencia. Rogamos por tanto nos asistas y nos cuides en todos los transitos. Amén»
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