Era domingo por la mañana y habíamos quedado en las Lagunetas para ir a visitar unas cuevas con pinturas rupestres. Lo de los dos Correros nos hizo tener que superar un cierto malentendido (pasa igual que con lo de las dos Grullas). Cuando llegamos las dos ventas estaban llenas, era día de montería. Tras el café y la tostada con manteca “colora” pese a que nos recomendaron que no lo hiciéramos fuimos a cumplir nuestros planes. Los tiros, las jaurías de perros y esa inseguridad especial que tiene el campo en estos días hicieron que la jornada fuera movidita. El monte estaba tomado por la caza mayor. Los venados y muchas construcciones tipo palaciego eran los protagonistas de una sierra que apenas setenta años antes estaba tomada por los maquis, los contrabandistas, los carboneros, los rancheros, los furtivos y otra gente del campo que con sus explotaciones de pavos, cochinos, vacas o cabras vivían en régimen de autosuficiencia. Desde hace setenta años es una tierra donde hay muchos tiros. Demasiados. Comentamos entre nosotros esa habilidad especial de esta sierra para haber visto tantas cosas y haber cambiado tan poco. Ojala siga así por mucho tiempo. Era la misma sierra, pero los protagonistas y los aprovechamientos totalmente distintos. Las prácticas alógenas habían sustituido a las autóctonas. Los camperos apenas con posibilidades económicas que consumían gracias a su propio trabajo con la colaboración del recovero se habían tornado en 70 años por los urbanitas con sombrero tirolés que venían a matar venados y a presumir de ello. En la década de los cuarenta y hasta mediados de los cincuenta toda esta sierra y el parque de los alcornocales entero estaba igual o más poblado que un día de montería. Desde la época de los hombres que pintaron el Tajo de las Figuras hasta el siglo XIX estas tierras habían sido de todos y no habían sido de nadie. Los aprovechamientos fueron comunales. Pero en el siglo XIX, esa época donde pasamos del Viejo orden al Nuevo, tras la desamortización de Madoz la mayoría se convierte en propiedad privada. Durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX la lucha entre los que pensaban que no se le podía poner puertas al campo y los que se la ponían fue tremenda. En la Segunda República las circunstancias eran un poco más favorables a los primeros, no obstante no llegaron a concretar y consolidar nada. La guerra civil fue el colofón de estas disputas e inclinó la balanza ¿definitivamente? de parte de los potentados y poderosos. El control de las sierras y las tierras pasa definitivamente a ellos, hay una vuelta al campo y al nacionalcatolicismo que lo impregna y domina todo. Diversas circunstancias que veremos en otras entradas hacen que en esta década de los cuarenta el poblamiento en esta sierra conozca la mayor densidad de población de su historia.
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