Allá por los años setenta, a finales de la década, era difícil encender la radio y no toparse con una legendaria canción del grupo hispano-argentino TEQUILA. Ese «vamos a tocar un Roc & Roll a la plaza del pueblo» resumía el espíritu de libertad que nacía y, sobre todo, las ganas de hacer cosas de cara a la gente. Y Casas Viejas, Benalup (de Sidonia, entonces) no se quedó atras.
La Alameda estaba pasando de ser «el patio de mi casa particular» a verdadera plaza del PUEBLO; y esto, unido a la fuerza de voluntad de unos «locos peloteros», compuso el gran invento, con ingredientes tan simples como una pelota (seguro que sólo había
una), dos porterías y un poquito de ambiente de verano. El FUTBITO tenía allí su escaparate año tras año y el deporte se engalanaba para la ocasión, visitaba a los benalupenses con su traje de gala. Y la gente, para el MARATHÓN, en ese patio comunitario y a pesar de ser julio «se mojaba igual que los demás», elevando a cada edición el nivel de participación, organización y competición.
Ahora, nuestro MARATHÓN ya conoce un nuevo siglo y lo afronta retocando con detalles de entusiasmo su escaparate de ilusiones. Hay género para todos: chicos y mayores, damas y caballeros, todas las tallas y colores. El pueblo se viste de gala (aunque vayamos todos en «calzonas») para esta XXII Edición, intentando que no decaiga el ambiente y buscando las bodas de plata de un matrimonio perfecto: EL DEPORTE Y la FIESTA.
Un enlace frente a la iglesia y con Benalup-Casas Viejas de testigo, Medina Sidonia de invitado de honor y un banquete de goles por todo lo alto. El novio levantará el velo de red a la novia mientras la gente «se aproxima por la calle principal». Cuatro días y tres noches para el disfrute…
«Vamos a rodar el balón eln la plaza del pueblo».
