Anoche los compañeros, amigos y familiares de Leo y Santo le brindamos un caluroso y merecido homenaje. El lugar elegido por la comisión de compañeros creada a tal efecto fue La Choza de Correro y a la celebración asistieron más de ciento cincuenta personas. Todo salió redondo. El acto resultó especialmente emotivo. En los postres pudimos visionar una presentación power point que intentaba resumir sus vidas y sus aportaciones. Además, recibieron muchos regalos de los amigos, como el que recibió Leo de Enrique Carabaza o el libro que le regaló Brezo y Castañuela con artículos sobre ellos fimados por los compañeros, amigos y familiares, la foto de 1958 que les regaló Eugenio Espinosa o los regalos que habían preparado la comision organizadora del acto. En el tiempo de los discursos hablaron Jose Antonio Segurado y Tomás Retamosa en nombre de la delegación, Juan José Hueso (ya casi en su nuevo papel ante el hueso duro que tendrá que roer) en nombre de sus compañeros y cerraron las intervenciones los dos primos. La de Santo tan breve como intensa puso los puntos sobre las ies en los alumnos con todo la ironía y gracia que ya conocemos («yo no Leo que no veo»). Leo, que si veía, empezó echándole la bronca, irónicamente claro, a sus compañeros (no me enteré muy bien del motivo), se extendió más ampliamente sobre el colegio y su significado. Torero como siempre sacó a la palestra a Juan Moncayo y, como siempre, le dio su sitio. Terminamos cantando el himno del maestro y otra coplilla carnavalesca sobre un maestro asidonense, en la que Leo actuó tal cual showman consumado. Todos los homenajes son merecidos, pero cuando los «ojo meneados» están más cerca de uno estos se hacen más entrañables e imprescindibles. El que esto suscribe presume de ser amigos de los dos y le parece que son dos de los tres (el otro es Paco Cabaña) personajes públicos más importantes de Benalup-Casas Viejas de los últimos veinticinco años. Y no sólo por su labor desarrollada en el mundo del carnaval, del flamenco, de la política, de la política, de la cultura popular, de las asociaciones o de la educación, educación y educación. Sino también, por lo que te rondaré morena y sobre todo, por la huella que su trabajo dejará en el futuro, que recordemos que no es más que una prolongación del pasado y presente. La frase la ha popularizado Norberto en su blog: «Un profesor trabaja para la eternidad; nadie puede predecir donde acabará su influencia» (Adams) y es la idea eje en la que se basa la presentación power point de las que antes les hablé. En el caso que nos ocupa, me gusta más la palabra maestro que profesor. Porque yo los veo a los dos como maestros y no sólo cuando han estado de viaje con los niños o dándole voces cuando hacía falta en clase, sino también cuando Santo escribe de carnaval, Leo te vende lotería del 8010 u organiza la caseta de los veinte duros, o Santo te cuenta y demuestra que su Santo Grial es la cultura y la libertad de este pueblo o Leo torea en las Lagunetas u organiza el concurso nacional de cante flamenco. También los veo como maestros cuando Santo intentaba imponer un modelo de desarrollo endógeno para el pueblo o Leo luchaba por un término natural y más justo. Y los veo como maestros, no sólo por esa verborrea que tienen que conmueve al que los escucha, sino también, y sobre todo, por esos ejemplos de implicación y compromiso que arrastran. Gracias, maestros.
